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Los vínculos cada vez más estrechos entre la dermatitis alérgica y la autoinmunidad

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Las reacciones que ocurren en la superficie del cuerpo e involucran a la piel y a la epidermis son la expresión de una reacción inflamatoria interna, que “arroja” hacia el exterior señales de una alteración.

Muchas enfermedades de la piel son el resultado de un sobrecalentamiento del cuerpo, ligado al aumento de las citoquinas inflamatorias como BAFF y PAF, y una gran influencia de la comida y del estilo de vida.

En los últimos años, la investigación sobre BAFF y PAF y su acción, como la evidencia que surge del conocimiento de la respuesta individual a la dieta, han permitido entender cómo y por qué el aumento de BAFF se relaciona con enfermedades autoinmunes, desde la Tiroiditis de Hashimoto a la artritis reumatoide, del Lupus a la esclerosis múltiple y todas sus variantes conocidas.

Medir BAFF y PAF es una herramienta muy potente, que permite actuar de forma terapéutica y preventiva contra muchas enfermedades.

La piel siempre ha estado reconocida como el “espejo” de las condiciones interiores; una investigación danesa publicada en febrero de 2017 en Journal of the American Academy of Dermatology destacó en un estudio realizado llevado a cabo en una gran muestra la relación existente entre personas con dermatitis atópica y enfermedades autoinmunes (Andersen YM et al, J Am Acad Dermatol. 2017 Feb;76(2):274-280.e1. doi: 10.1016/j.jaad.2016.08.047. Epub 2016 Oct 11).

Quiere decir que más de 8000 pacientes adultos, afectados con dermatitis atópica (se consideran relacionados con la alergia o al menos una diátesis alérgica del paciente que la padece), se compararon con aproximadamente 40000 personas sanas para evaluar la presencia de diferentes enfermedades autoinmunes en la población, a partir de registros de al menos 15 años de historia clínica.

11 enfermedades autoinmunes diferentes tenían una correlación significativa entre la presencia de una trastorno de la piel y un trastorno inmunológico, agravadas en gran medida por la presencia simultánea del humo del tabaco.

Se han reconocido una relevancia estadística y una significatividad para:

  • alopecia areata
  • vitiligo
  • urticaria crónica
  • celiaquía
  • glomerulonefritis crónica
  • síndrome de Sjögren
  • lupus eritematoso sistémico (LES)
  • espondilitis anquilosante
  • enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa
  • enfermedades inflamatorias intestinales (EII)
  • artritis reumatoide

Las limitaciones del estudio están relacionadas con el hecho de que una determinada relación de causa no puede definirse, sino solo la probabilidad de existencia. Traducir del “médico” al lenguaje común, significa que cuando un médico se encuentra con una persona con dermatitis atópica, sería conveniente considerar la posibilidad de que exista simultáneamente una enfermedad autoinmune o más de una al mismo tiempo (según lo documentado por el estudio mencionado).

Nuestra experiencia en nuestro centro sobre la relación entre dermatitis atópica y alimentación nos indica seguir una secuencia lógica precisa:

De hecho, hoy se sabe que:

  • La dermatitis atópica suele tener una raíz nutricional
  • BAFF está relacionado en gran medida con la génesis de muchas enfermedades autoinmunes
  • BAFF está fuertemente correlacionada con los hábitos de alimentación.

Por esta razón, la medición de BAFF, PAF y del Perfil Personal de Alimentos permite tratar la dermatitis de manera positiva a través de un cambio de alimentación, o al menos para ayudar a su curación o control.

El significado de este trabajo danés no es solo estimular a los médicos para profundizar el análisis en presencia de una dermatitis atópica, sino permitir que cualquier persona razone sobre la presencia de una dermatitis.

Se suele pensar que una piel enferma “no hace daño a nadie”, pero en realidad, si reconocemos un movimiento reactivo de la piel, debemos pensar en el hecho de que esta es una señal importante a tener en cuenta.

Usar la piel como “indicador” de un trastorno sistémico puede ayudar a mejorar el estado de bienestar, a recuperarse de una dermatitis y sobre todo a evitar una posible progresión hacia una enfermedad autoinmune que, sin duda, es más difícil de manejar.


Attilio Speciani

 

 

Inmunidad, asma e intestino: hacia un mejor entendimiento

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En los últimos 15 años, importantes cantidades de recursos humanos y económicos han sido invertidos en el estudio de las bases genéticas de las alergias, sin dar lugar a un beneficio real.

La única buena noticia es la mejor comprensión de algunas de estas condiciones, pero es muy poco si se compara con el esfuerzo realizado. Por ejemplo, hoy en día somos capaces de distinguir subgrupos  de personas asmáticas con características genéticas especiales, pero sin dar lugar a ninguna innovación terapéutica.

La implicación del ADN en las alergias ha sido puesto de relieve por científicos e investigadores, sin dejar de repetir que la cura del asma y alergias está en la base genética. Sin embargo, los hechos han probado que es una hipótesis errónea.

Adnan Custovic es un reconocido médico inglés, inmunólogo e investigador. En la introducción de su brillante informe del Congreso de la Academia Europea de Alergia de 2015 (Barcelona), ayudó a los delegados a entender mejor la correlación entre algunos aspectos de nuestro genoma y la hipótesis de una higiene excesiva, lo que explica muy bien el aumento de las alergias en los países de occidente.

En pocas palabras, sabemos que estar rodeados de bacterias y vivir los primeros años de vida en un entorno rural reduce significativamente la prevalencia de las alergias y el asma.

En lugar de ello, el exceso de las vacunas, la relativa ausencia de enfermedades infecciosas y el estilo de vida occidental causan un aumento de las condiciones alérgicas.

Otra manera de verlo es como si nuestro cuerpo tuviera que encontrar el equilibrio entre las infecciones y las alergias, la cual está sesgada hacia la últimas en los países occidentales.

Custovic asigna el nivel adecuado de importancia al componente genético mediante el reconocimiento de la hipótesis de la higiene excesiva, también demostrando que para ciertas subpoblaciones genéticamente bien caracterizadas, dicha teoría no es cierta y las consecuencias pueden ser lo contrario.

En su charla, Custovic destacó que no es posible hacer generalizaciones absolutas. Una cierta hipótesis puede ser cierta en general, pero cuando se trata de alergias e inmunología debemos mirar en el carácter individual de la respuesta, en busca de soluciones que respeten a la persona más que a la teoría.

Es importante entender la base genética y la herencia de los padres, en términos de cromosomas, hábitos y comportamiento. Por ejemplo, en 2005 un artículo de Chestdescribió la fuerte correlación entre el desarrollo de las alergias y el hecho de que la abuela (no sólo la madre) fumara durante el embarazo (YF Li et al, Chest. 2005 April; 127 (4): 1232-41).

La dieta juega un papel importante, como los niveles de IgG (inmunoglobulinas G) generados en respuesta al contacto prolongado con un antígeno, ya que estas moléculas pueden modular la respuesta alérgica y reducir los síntomas asociados, como muestra Custovic en Journal of Allergy and Clinical Immunology de 2011(Custovic A et al, J Allergy Clin Immunol. 2011 Jun; 127 (6): 1480-5.doi: 10.1016/j.jaci.2011.03.014. Epub 2011 Apr 13).

El estudio también menciona el papel desempeñado por el microbioma intestinal, en otras palabras, los tipos de bacterias y virus que viven en nuestro intestino que son considerados hoy en día como uno de los moduladores más importantes de la respuesta alérgica, como hemos mencionado anteriormente.

El mensaje más importante que se puede obtener del artículo es la individualidad de la respuesta inmune, que es fuente de inspiración y aplicable a la clínica práctica. La prevención y la terapia de cualquier forma alérgica siempre deben estar adaptados a las características individuales de cada paciente.

También es aplicable para las reacciones inmunes más “clásicas”, como la rinitis alérgica.

Como ya se informó en 2012 en JACI, incluso la típica rinitis del polen de hierba es manifestada a través de una alta respuesta individual a varios componentes alérgicos, haciendo cada tipo de evento alérgico diferente (Tripodi S et al, J Allergy Clin Immunol. 2012 Mar; 129(3):834-839.e8.doi: 10.1016/j.jaci.2011.10.045. Epub 2011 Dec 28).

Todas estas evidencias apoyan el camino que hemos venido señalando desde hace años. Siempre damos valor a la individualidad del paciente en cada tratamiento diseñado para ayudar a las personas alérgicas, incluyendo el papel que juega en las alergias respiratorias la dieta, el estilo de vida, el microbioma intestinal y la herencia genética, la cual es importante pero no decisiva, como describe claramente una de nuestras citas favoritas: “los genes no son tu destino”.

Sin olvidar sus bases científicas, la medicina debe utilizar un enfoque orientado al paciente, y definir un tratamiento personalizado, que se adapte a cada persona mediante la comprensión y el respeto de su historia y características.

 

¿Pan integral o pan blanco? No hay reglas, depende de la inflamación y de la microbiota

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A principios del año 2016 un grupo de investigadores israelíes publicaron en la revista Cell un estudio sobre la necesidad de una dieta personalizada para poder predecir el impacto metabólico de cualquier comida en una persona.

Los resultados demostraron que el efecto de un alimento sobre el organismo no depende del alimento en sí, es decir, si es bueno o malo, sino del tipo de reacción inflamatoria presente en el cuerpo y de la prevalencia de bacterias intestinales de esa persona.

En estas páginas se ha discutido otras veces la necesidad de las opciones personalizadas para que una dieta sea eficaz. Es necesario identificar los niveles de inflamación de una persona y optimizar la composición del plato, además de evaluar la composición dominante de las bacterias intestinales. De esta manera la elección nutricional será personalizada y eficaz.

En poco más de un año, en junio de 2017, el mismo grupo de investigación publicó en Cell Metabolism los resultados de otro estudio. Evaluaba la respuesta al pan blanco o pan integral en un grupo de personas, confirmando exactamente lo que se ha dicho anteriormente sobre la individualidad de la respuesta a los alimentos (Korem T et al, Cell Metab. 2017 Jun 6;25(6):1243-1253.e5. doi: 10.1016/j.cmet.2017.05.002).

En el estudio, los investigadores israelíes consideraron (algunas valoraciones muy breves, una semana de uso) que las diferencias metabólicas que podrían ser reconocidas no dependían del pan de harina refinado o del pan integral utilizado en el experimento, sino de las características individuales de la persona que lo comía.

La individualidad de la respuesta es la base científica sobre la que se basa esta investigación, aunque haya sido publicada en algunos medios de comunicación  (artículo de la Reppublica, periódico italiano) que planteaban que la base fueran las diferencias entre el pan integral y el pan blanco, mostrando el posible “renacimiento” del pan blanco a base de harina refinada.

El tema científico va más allá de este interés comercial. Basta con considerar la opción de una reactividad a aceites cocinados, a la harina integral, al tipo de fermentación u otras sustancias presentes en uno de los panes y no en el otro. Son condiciones que pueden interferir con el metabolismo aumentando el nivel de inflamación relacionada con los alimento.

La superioridad de la harina de trigo integral, con sus beneficios en términos de reducción de la mortalidad por todas las causas, ha sido ampliamente documentada desde todos los puntos de vista, pero en nuestra práctica, a través de protocolos terapéuticos específicos, siempre encontramos una elección nutricional personalizada que reduce el aspecto inflamatorio inducido por la dieta.

Medir los valores de las citoquinas inflamatorias e identificar las mejores cepas bacterianas utilizadas para reequilibrar la microbiota intestinal, junto con un equilibrio de los grupos de alimentos presentes en el plato, son parte, como indica Harvard Medical School, de los procedimientos que optimizan el aspecto nutricional, reduciendo los síntomas presentes (como colon irritable, meteorismo, dolores abdominales) y activando adecuadamente el metabolismo.

Desde hace años se sabe que reducir sustancias como BAFF y PAF pueden mejorar la sensibilidad insulínica. Controlar la resistencia a la insulina, estudiar la composición de cada comida, mejorar la microbiota intestinal y reducir la inflamación, son las herramientas más importantes ya que el metabolismo se encuentra en el estado de activación para mejorar la salud en general.

Merece la pena recordar que la mayor parte de patologías relacionadas con el “progreso”, es decir, las enfermedades inflamatorias crónicas degenerativas más extendidas, están estrechamente correlacionadas con un aumento de la resistencia a la insulina.

Alzheimer, cáncer, diabetes, obesidad, hipertensión y todas las enfermedades autoinmunes también están relacionadas con este tipo de problema. Encontrar y establecer un esquema dietético que le permita superar este impacto, se convierte en una herramienta para la salud y el bienestar.

Esta investigación sigue documentando la necesidad de una dieta personalizada, elemento cardinal del estudio. Volver a evaluar el plan blanco es una manera de recordar de que el problema no es el alimento en sí, si no depende de las condiciones individuales, como la inflamación y la microbiota.

Tenemos frente a nosotros un futuro hecho de individualizaciones en la dieta para poder llegar a una medicina de precisión, además de una prevención y terapia totalmente personalizada. Seguimos avanzando hacia un camino en el que la identificación de biomarcadores ayuden y faciliten la posibilidad de elecciones personalizadas, y sea cada vez más evolutiva y científica.

 

Aceites cocinados

53838094_mCuando el aceite se utiliza para cocinar, la estructura de las moléculas de grasa cambian. Esto ocurre cuando el aceite se utiliza para freir, para engrasar la sartén, o cuando es uno de los ingredientes del producto cocinado (independientemente de su origen industrial o casero).

Con el fin de establecer una dieta de rotación correcta, deberíamos evitar alimentos procesados ya que contienen aceites cocinados, y cocinar los platos sin aceite, tan solo añadir agua durante la preparación (de esta manera, la temperatura de cocción nunca llega a los 100 ºC y los aceites naturales del alimento se conservan). El aceite se añade después, en crudo, tras el proceso de cocción.

Estas simples instrucciones darán al plato un sabor más homogéneo además de conservar sus propiedades nutricionales y el sabor del aceite (por ejemplo, los ácidos grasos Omega 3 presentes en el pescado se conservan mejor si el proceso de cocción es más suave y a baja temperatura).

Todos los tipos de aceites reaccionan de manera diferente a los agentes físicos (incluyendo el calor) en relación con el contenido de antioxidantes.

Los de aceites que mantienen mejor sus propiedades a altas temperaturas son el aceite de oliva virgen extra y el aceite de cacahuete (este último es capaz de resistir temperaturas altas en comparación con otros). Ambos deben ser “prensados en frío”, de esta manera nos aseguramos de que las modificaciones estructurales causadas por la cocción no ocurren durante la extracción del producto. El aceite virgen extra y el aceite de cacahuete deben utilizarse en los días “libres” de dieta, o cuando “engrasar” el recipiente de cocción sea totalmente inevitable.

Es aconsejable limitar el tiempo de cocción con aceites y cocinar a baja temperatura.

Alimentos que contienen aceites cocinados, a evitar de acuerdo con las instrucciones dadas:

  1. Cualquier alimento precocinado: el proceso de cocción provoca alteraciones químicas similares al proceso de hidrogenación utilizado para producir margarina. Incluso cuando en el etiquetado aparece “aceite natural” o “aceite no hidrogenado”, no podemos estar seguros de la estructura final de los ácidos grasos tras la cocción.
  2. Fritos caseros o recetas que requieran de la adición de aceite antes de cocinarlos: incluye el proceso de engrasar la bandeja del horno o la sartén, al preparar pizzas o patatas asadas, independientemente de la calidad del aceite elegido.
  3. Productos industriales que contienen aceites vegetales o margarina: con muy pocas excepeciones, todos aquellos en bolsa (galletas saladas y dulces, colines, patatas fritas, cacahuetes tostados) y muchos tipos de panes (sazonados, con aceite, integral, de molde, focaccia, picatostes) contienen aceites vegetales cocinados/ modificados. También hay que incluir las barritas de chocolate (con la excepción del chocolate negro de buena calidad), helados, golosinas, bollería industrial (snacks dulces, galletas, brioche y bollos), cubitos de caldo (incluidos los vegetales), algunos tipos de mermeladas de frutas, comida rápida y productos fritos.

ATENCIÓN: la reactividad a los aceites cocinados se detecta mediante la medición de las inmunoglobulinas G, también producidos en respuesta a ciertas semillas oleaginosas. Las personas alérgicas a almendras, cacahuetes, nueces u otros tipos de semillas deben abstenerse de comerlos (a no ser que ya formen parte de su dieta habitual) incluso si no se indica explícitamente en las sugerencias dietéticas que figuran en el informe médico.

La diabetes y un buen desayuno: cómo tu azúcar en sangre puede bajar un 20%.

Diabete-e-prima-colazione-ricca-la-glicemia-scende-del-20_articleimageDurante muchos años, hemos hablado de la importancia del desayuno. Por ejemplo, sabemos que ayuda a los estudiantes y a la gente en general a centrarse con mayor eficacia en el trabajo, además de ayudar a bajar de peso y recuperar la forma física a través de ciertas señales específicas enviadas al cuerpo.

Sin cambiar la ingesta diaria de calorías, un buen desayuno y una cena ligera ayudan a reducir el azúcar en sangre en un 20% a lo largo del día.

Confirmaciones adicionales provienen de estudios sobre la diabetes tipo 2, el tipo de diabetes más común y desgraciadamente cada vez más en los países industrializados.

En un estudio realizado en Diabete Unit de la Universidad de Tel Aviv y publicado en Diabetologia en mayo de 2015, demostró que un buen desayuno era capaz de reducir los niveles diarios de azúcar en sangre en comparación con los que comen mucho en la cena (Jabucowicz D et al, Diabetologia. 2015 May; 58 (5): 912-9. doi: 10.1007/s00125-015-3524-9. Epub 2015 March 1).

Todos los sujetos implicados recibieron la misma cantidad de calorías al día, pero aquellos que consumían más calorías en el desayuno (que, por tanto, se convirtió para ellos en la comida principal del día) y menos en la cena experimentaron una reducción del 20% de glucosa en sangre a lo largo del día; más concretamente, una reducción del 20-23% de sus niveles habituales se registraron en el almuerzo (ambos grupos recibieron la misma cantidad de calorías en el almuerzo).

Estos resultados muestran cómo el desayuno puede representar una señal duradera. Por tanto, es importante dar a nuestro cuerpo mensajes eficaces como un buen desayuno y una cena ligera, que desencadenará unos niveles específicos de azúcar y un control de peso.

El artículo mencionado anteriormente es destacable por dos razones principales:

  • Confirma que un buen desayuno y una cena ligera son herramientas esenciales no sólo para tratar la obesidad, también para hacer frente la hiperglucemia y la diabetes.
  • Describe cómo cada organismo es propenso a recibir señales importantes provocadas por decisiones simples, decisiones como un buen desayuno agradable y más calórico que la cena, o como probar nuevos platos mientras se come menos y se reducen las calorías consumidas.

Más en detalle, el estudio trata a pacientes que prueban (estudio cruzado) dos tipos de dietas diferentes, cada uno alrededor de 1500-1600 calorías en total, definidas como:

1. Un buen desayuno y una cena ligera (un total de 1520 Cal)

  • Desayuno 710 Cal
  • Comida 610 Cal
  • Cena 200 Cal

2. Un desayuno ligero y una cena abundante (un total de 1520 Cal)

  • Desayuno 200 Cal
  • Comida 610 Cal
  • Cena 710 Cal

Una persona con sobrepeso puede encontrar beneficios en “ayunos cortos”, produciendo señales eficaces de adelgazamiento a través de un buen desayuno y un “salto en la cena”, permitiendo alrededor de 15 horas de ayuno entre la comida y el siguiente desayuno.

Dicho plan debería ser seguido sólo por personas diabéticas que están bajo supervisión médica (200 Cal son poco más que un aperitivo para ellos); sin embargo, representa una potente herramienta para provocar una fuerte estimulación metabólica necesaria para cualquier persona dispuesta a perder un exceso de grasa.

Durante años, hemos tratado a pacientes mediante terapias específicas basadas en conceptos dietéticos similares; recomendamos a todos a mejorar sus conocimientos en el modo de preparar desayunos fáciles y variados, como los propuestos en el libro Colazione e brunch per il benessere.

Ahora tenemos una base científica más racional que apoya nuestro trabajo y nuestras creencias, y que indican nuevos caminos para futuras investigaciones y aplicaciones clínicas.