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Inositol: limpia tu cuerpo para apoyar el estado de ánimo y la actividad hormonal

Inositolo-darsi-una-ripulita-per-sostenere-umore-e-attivita-ormonale_articleimageNuevas investigaciones confirman la acción del inositol en la depresión, diabetes y ovarios poliquísticos. Nada mal para una sustancia natural considerada por algunos como un mero desintoxicante.

El inositol encuentra su principal fortaleza en su acción múltiple, siendo uno de las sustancias naturales más importantes capaces de, al mismo tiempo, ajustar el metabolismo, el estado mental y guiar la detoxificación hepática.

También conocida como mesoinositol o vitamina B7, pensar en un fármaco con una sola acción es erróneo.

Durante años su uso se ha ligado con la detoxificación, basado en los efectos importantes a nivel de la eficiencia mitocondrial. En otras palabras, el inositol mejora el consumo de oxígeno y corrige el funcionamiento de aquellos órganos que contienen muchas mitocondrias, como los músculos, el hígado y la piel.

Sin embargo, estudios científicos recientes han descrito su acción como “segundo mensajero”, que resulta ser crucial en la regulación de muchos aspectos del metabolismo.

Como ya hemos indicado, un “segundo mensajero” ayuda a la transmisión de información útil, que puede llegar a la célula internamente. El inositol desempeña este papel (CH Tran et al, Front Physiol. 2014 Jun 30;5:243. doi: 10.3389/fphys.2014.00243. eCollection 2014) al actuar como un rápido transportador de información que activa al menos 30 de las funciones enzimáticas y metabólicas más importantes de nuestro organismo.

Esto explica por qué en los últimos meses se han visto una serie de artículos científicos informando de los posibles efectos beneficiosos de la integración del inositol.

Un grupo de investigadores japoneses publicó en Journal of Paediatrics Endocrinology & Metabolismun estudio que puso de relieve cómo el consumo de inositol y su dispersión en orina pueden representar un indicador de tendencia a la diabetes o al menos una mayor resistencia a la insulina. (Satake E et al, J Pediatr Endocrinol Metab. 2015 Sep 11. pious: /j/jpem.ahead-of-print/jpem-2015-0107/jpem-2015-0107.xml. doi: 10.1515 / jpem-2015-0107. [Epub ahead of print]).

Unos días antes de este estudio, un grupo de ginecólogos de California publicó un artículo similar en Journal Reproductive Sciences, señalando cómo la disregulación de inositol durante el primer trimestre del embarazo puede estar correlacionado con una mayor incidencia de diabetes gestacional (A Murphy et al, Reprod Sci. 2015 Sep 8. pii: 1933719115602767. [Epub ahead of print]).

Por lo tanto, hay una fuerte relación entre el inositol y el metabolismo del azúcar, lo que indica un apoyo muy útil para todos los casos de insulinorresistencia.

El uso de al menos 2 gramos de inositol (por ejemplo, 2 comprimidos de Inositox) por la mañana antes del desayuno, incluso durante periodos prolongados, contribuye a mejorar el síndrome poliquístico (junto con una regulación hormonal específica) y el acné (2 gramos al día), ya sea como tratamiento exclusivo o junto a otras terapias (antibióticos, píldora anticonceptiva, retinoides).

En junio de 2015, un estudio francés informó sobre la mejora en la sensibilidad a la insulina en animales de laboratorio tras la administración de inositol, además de limitarse el vaciado celular, previniendo eventos relacionados con la diabetes (Croze ML et al, Br J Nutr. 2015 Jun 28; 113 (12): 1862-75. doi: 10.1017/S000711451500121X. Epub 2015 May 20).

Y esto no es todo, un grupo de psiquiatras americanos (Universidad de Medicina de Maryland, Baltimore) estudió el mismo tipo de problema (agotamiento de inositol en células cerebrales) en relación con la depresión; menor cantidad de inositol en células cerebrales, más probabilidades de desarrollar depresión (Chiappelli J et al, Neuropsychopharmacology. 2015 Aug; 40(9): 2157-64. doi: 10.1038/npp.2015.57. Epub 2015 Feb. 27).

Sabemos con certeza que el inositol, mediante su acción de regulación de energía, es capaz de mejorar de forma natural el estado de ánimo y tener efectos antidepresivos altamente significativos.

La suplementación de inositol (de 2 a 3 gramos al día) puede prevenir el vaciado de inositol en el cerebro y permitir mantener el estado de ánimo en niveles positivos.

La lista de acciones beneficiosas es larga:

  • Detoxificación del hígado (para este caso, Dima Hepa muy útil)
  • Control del acné
  • Modulación del síndrome de ovario poliquístico
  • Acciones antidepresivas
  • Mejora de la sensibilidad a la insulina
  • Prevención de la diabetes
  • Apoyo a la quimioterapia
  • Regulación hormonal

De manera similar que la actividad física, el inositol mejora la sensibilidad a la insulina activando los canales de transporte de glucosa (GLUT4) necesarios para contrarrestar la resistencia a la insulina provocada por los malos hábitos de alimentación.

El uso de inositol, de acuerdo con las instrucciones prescritas, actúa como un “carburador de un motor“, regulando su funcionamiento interno de una manera muy fina. De esta manera, podemos regular nuestro cuerpo mediante señales naturales y finas en una forma que no muchos fármacos son capaces de ofrecer.

 

¿Por qué el dolor puede ser el comienzo de una enfermedad?

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Muchas enfermedades aparecen tras un dolor físico o emocional, tras una intensificación de la acción inflamatoria. Hoy en día, nuevas teorías nos ayudan a entender el por qué.

En la clínica, se hace evidente que el origen de las enfermedades o la aparición de molestias son tras un evento emocional, físico o psicológico. Tal relación ha sido ampliamente descrita por el premio Nobel de 1986 Rita Levi Montalcini (y anteriormente por mi padre, Luigi Oreste) a través de la acción desempeñada por NGF (Factor de Crecimiento Nervioso, por sus siglas en inglés). Sin embargo, no explica de manera efectiva cuáles son los mecanismos implicados en la secuencia del dolor/ enfermedad.

Cuando en nuestro centro en Milán tratamos reacciones relacionadas con la alimentación, explicamos a nuestros pacientes cómo la cirugía, así como una ruptura o un duelo son capaces de activar respuestas reactivas hacia la comida o al polen, además de desencadenar una cascada de reacciones que conducen a condiciones con un gran impacto clínico como enfermedades autoinmunes, artritis y cáncer.

La explicación de este fenómeno está basado en teorías evolutivas.

Por ejemplo, los caballos y otras especies se comportan de una manera incomprensible cuando se ven atrapados o  hay un obstáculo en su camino.

El caso de los caballos esquivando una valla, seguido de una galopada, puede estar relacionado con algún tipo de memoria defensiva desarrollada, años atrás, por el animal cuando en una ocasión apareció un conejo en la misma valla, ocasionando una caída y dolor al animal.

Simples razones evolutivas pueden explicar esto, cada vez que el caballo pasa galopando cerca de ese obstáculo en particular, cambia de dirección. El caballo vincula mentalmente el cercado con un evento traumático; por tanto, instintivamente se ve obligado a evitarlo cuando se acerca a él.

Un ejemplo más dramático puede ser el caso de una joven mujer asaltada y golpeada en su camino a casa. Tras los primeros momentos de pánico y dolor, una vez recuperada de sus heridas, se sentirá tensa y aparecerán sentimientos cada vez que pase por esa esquina o calle.

Es obvio que la calle no le ha hecho ningún daño a ella, ya que siempre ha estado ahí, inmóvil desde que fue construida.

Es fácil entender las razones evolutivas que nos llevan a identificar el entorno como el posible “culpable”: si experimentamos dolor, sufrimiento o violencia, nuestro cuerpo analiza cuidadosamente el entorno donde ocurrió. “Entorno” es considerado no solo la calle, también el aire respirado y la comida ingerida unas horas antes.

Una vez que un peligro ha sido identificado e interiorizado, el cuerpo humano intentará por todos los medios evitar ese entorno reconocido como causa de sufrimiento, y enviará señales (hinchazón abdominal, estornudos, dolor en las articulaciones, asma, urticaria, picores) para marcar el contacto con el entorno previamente identificado como peligroso. El mismo mecanismo se desencadena en una operación quirúrgica, un trauma emocional o un cambio radical (bullying, embarazo, despido, matrimonio, divorcio, nuevas tareas…).

Hoy día, el dolor y la angustia emocional son evaluados en términos de citoquinas inflamatorias y señales internas de peligro.

Cuando nuestro cuerpo inspecciona el ambiente intestinal, crea (por ejemplo) una correlación entre un tipo particular de dolor y la presencia de pan y queso en el intestino.

Los días siguientes, cuando al sufrimiento generado en esa situación negativa específica y el pan y el queso siguen en el intestino, el cuerpo reconoce esa presencia como una posible causa activa de sufrimiento. De esta manera, los componentes del pan y el queso (levadura, leche, trigo y sal) son identificados como peligrosos y el organismo enviará señales inflamatorias e irritantes tras la ingesta de estos productos, en un intento de prevenir el dolor sufrido.

En los últimos años, nos hemos dado cuenta que este tipo de reactividad (aplicable también al polen, moho y ácaros) genera la producción de citoquinas muy específicas, generando reacciones potencialmente dañinas para el cuerpo.

Este tipo de fenómenos comienzan a partir de un evento inflamatorio (BAFF y PAF sirven como medida) que pueden conducir a enfermedades autoinmunes así como a un desequilibrio inmunológico en la defensa antitumoral. Para curarse, se debe recuperar la tolerancia inmunológica hacia los alimentos, polen y todo el entorno que lo rodea.

Las pruebas de diagnóstico tales como BioMarkers analizan tanto los niveles inflamatorios como el perfil personal alimentario, que representan dos parámetros correlacionados en estas situaciones. Entendiendo el significado de estos resultados, el paciente puede ser guiado hacia el camino de la tolerancia.

En el ejemplo anterior, la mujer puede aprender a caminar por la calle donde la agresión ocurrió entendiendo que la calle en sí es irrelevante para el dolor sufrido; del mismo modo, la relación con los alimentos que desencadenan la inflamación puede ser gradualmente entrenada mediante una dieta variada, rica, agradable y saludable.

Una vez más, la correlación entre nutrición, sistema inmune y entorno se confirma como una de las variables esenciales para la vida de cualquier organismo. Dicha relación define la supervivencia y la calidad de la vida.

Entender nuestro cuerpo abre nuevas vías para la recuperación del bienestar y la curación de muchas de las enfermedades más comunes.

Alzheimer, azúcar y AGE. Pérdida de memoria para los nombres.


Alzheimer-zucchero-e-AGEs.-Quando-si-perde-la-memoria-per-i-nomi_articleimageAntes de empezar a olvidar nombres, preparémosnos contra las sustancias glucosiladas y los azúcares, que a largo plazo, actúan como un veneno para el cerebro y la memoria.

Numerosos investigadores, entre los que nos incluímos, se refieren a la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia como la tercera forma de diabetes (diabetes tipo 3), dado que su patofisiología se puede relacionar con alteraciones del metabolismo del azúcar.

Un reciente estudio japonés sobre pacientes diabéticos, publicado en el European Journal of Neurology muestra que el deterioro de la memoria está originado por un inadecuado control de los niveles de azúcar y una creciente resistencia a la insulina (Hishikawa N et al, Eur J Neurol. 2014 Sep 15. doi: 10.1111/ene.12568. [Epub ahead of print]), este último también como resultado de la inflamación.

Investigadores de la Universidad de Okayama han demostrado que el déficit de atención y orientación están relacionados con la edad, pero la pérdida de memoria para nombres y elementos emotivos están ligados al metabolismo del azúcar.

Los autores concluyeron que un control insuficiente de la hemoglobina glicosilada está asociada con la disminución de las habilidades de cálculo, mientras que la resistencia a la insulina (que usualmente se manifiesta por un aumento de peso) se asocia con pérdidas de memoria para nombres de personas y objetos.

Una vez entendido cómo actúa el azúcar sobre quien lo ingiere y contribuye a la pérdida de memoria, se puede constatar lo importantes que son los  productos glicosilados (conocidos también como Productos finales de glucosación avanzada, o AGE, por sus siglas en inglés) para el tejido nervioso. Estas moléculas regulan el crecimiento de los nervios y dificultan la plasticidad neuronal, término usado para definir la capacidad del tejido nervioso para formar circuitos cerebrales alternativos cuando algunos han dejado de ser efectivos o han dejado de funcionar.

Un estudio alemán, publicado en PLoS One, documentó cómo la producción de moléculas glicosiladas cuyos niveles son parcialmente fisiológicos aumentan proporcionalmente a la cantidad de glucosa en el cuerpo, interfieren significativamente con el crecimiento neuronal y su desarrollo, especialmente con su plasticidad, en otras palabras, la capacidad de las neuronas para adaptarse al daño (Bennmann D. y otros, PLoS One, 11.Nov.2014; 9 (11):e112115, doi 10.1371/Journal.pone 0112115, eCollection 2014).

Las sustancias glicosiladas resultan ser un veneno para las células, de modo que muchos  se refieren a ellas como “glicotoxinas”.

Se forman en el interior del cuerpo, pero están también presentes en muchos platos como consecuencia de la cocción, tras una reacción de oxidación donde se obtiene su producción. Esto significa que numerosos alimentos, como la piel del pollo asada, las patatas fritas, la panceta (bacon) y algunos quesos contienen gran cantidad de AGEs.

Es importante remarcar que los huevos contienen cantidades limitadas comparados con otros alimentos. Sin embargo, la forma de prepararlos, incluso en platos saludables, pueden producir efectos nocivos.

Esto no tiene efectos inmediatos y agudos, pero un uso continuado en largos periodos pueden ser contrarrestados por antioxidantes en el mismo plato de una forma efectiva.

Por ejemplo, las almendras contienen cantidades significativas de AGEs, pero los aceites y flavonoides contenidos en la almendra jugarán un papel antioxidante. Desafortunadamente, la carne a la parrilla o el pollo asado no contienen la misma cantidad de antioxidantes, por eso es bueno comerlos con verduras y frutas.

Por esta razón, productos como Inositol, cúrcuma, Perilla y vitamina D son importantes aliados  para prevenir los déficits cognitivos. La investigación en suplementos alimenticios dirigidos a reforzar la memoria están alrededor del papel de la vitamina D (un buen ejemplo es el producto Memo D3), que ayuda contra la inflamación, alergias y obesidad, aumentando indirectamente la memoria.

En el futuro tendremos acceso a un mejor conocimiento sobre el rol de cada tipo de azúcar.

Hoy ya sabemos que el efecto iniciado por el azúcar en ciertos casos es “o todo o nada”, en otros casos más uniformes o complejos, como en las bacterias (Afroz y otros, Mol Microbiol.Sept. 2014; 93 (6): 1093-103, Doi: 10.1111/mmi.12695, Epub 16 Jul. 2014).

El exceso de un azúcar específico lleva a cambios profundos en la respuesta metabólica.

Una vez alterado el metabolismo, otras señales inflamatorias pueden iniciar el mismo tipo de reacción, incluso en ausencia de azúcar.

Gracias a la recuperación de la sensibilidad a la insulina, factible con actividad física, el control de la inflamación, el uso de suplementos efectivos (Zerotox Memo D3 y Zerotox Inositox están entre los más recomendados) y la elección de una dieta apropiada, la memoria puede ser recuperada y los mecanismos de defensa del cuerpo, una vez recuperados, llevarán a la persona al bienestar y la salud.

El primer producto mencionado anteriormente contiene vitamina D y leo aglutinina no por casualidad, ya que éstos contribuyen a reducir el deseo de azúcar mientras equilibran, simultáneamente, la mucosa intestinal, que ayuda a reducir los niveles de inflamación. Por el contrario, el inositol es bien conocido por su eficacia en la sensibilidad a la insulina y al azúcar.

Una vez más, esto demuestra cómo cada parte de nuestro cuerpo está interconectado y ayuda un poco aquí y allá a alcanzar la recuperación.




Anticuerpos antinucleares (ANA): piensa en tu intestino antes del Lupus eritematoso


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Se piensa que los anticuerpos antinucleares están ligados a enfermedades autoinmunes. De hecho, se pueden detectar ANAs positivos en pacientes fácilmente tratables, afectados por inflamación o alteraciones de la flora intestinal.

Cuando hablamos de autoanticuerpos, mucha gente se asusta porque tiene una visión distorsionada de la autoinmunidad. Recientemente, hemos visto cómo se transmiten mensajes erróneos,  alejados de la realidad, describiendo la acción de los autoanticuerpos como un mecanismo autodestructivo de aniquilación.

La autodestrucción no existe en ninguna enfermedad autoinmune. Por ejemplo, la detección de autoanticuerpos en la enfermedad de Hashimoto indica la disregulación del sistema inmune como consecuencia de una estado inflamatorio prolongado. No significa que el cuerpo está “autodestruyendo el tiroides”, como muchos pacientes creen, y muchos médicos les dejan creer. Son frecuentes los casos de gente con altos niveles de anticuerpos antitiroideos y un perfecto funcionamiento de la tiroides.

Durante el curso de una enfermedad autoinmune se producen una gran cantidad de autoanticuerpos especiales como consecuencia de razones muy diferentes a las que habitualmente se sospecha. Nuestro cuerpo no presenta ninguna forma de intención “suicida”, hecho que debe ser aclarado en pacientes afectados por estas condiciones.

Todo esto sugiere la posibilidad de combatir los trastornos autoinmunes con un enfoque natural, el posible desequilibrio inmunológico puede ser controlado y vuelto a la normalidad mediante un control dietético de la inflamación, como hemos hecho durante años en nuestra clínica.

Dos ejemplos son suficientes para evitar preocupaciones innecesarias:

  • Los niveles de autoanticuerpos antitiroideos (anti-TPO y anti-TG) pueden subir drásticamente durante las fiebres del heno en personas alérgicas al polen y afectadas por tiroiditis de Hashimoto, no porque su cuerpo trate de “autodestruirse” sino porque todo el sistema está sometido a un mayor estrés inmunológico. No hay intención autodestructiva: los anticuerpos responden a diferentes estímulos y representan la expresión de una descompensación inmunológica, no la inevitable consecuencia de un proceso autofágico. Muchos casos de tiroiditis pueden ser eficazmente controlados mediante un reequilibrio de la condición inflamatoria e inmunológica del paciente.
  • En la artritis reumatoide, una de las más extendidas e importantes condiciones de autoinmunidad, se producen situaciones de unos anticuerpos contra otros anticuerpos, pero no contra órganos o sistemas. No hay autodestrucción. Simplemente, los anticuerpos se unen a otros, resultando una red de “bultos” que se depositan en las articulaciones, riñones, piel o cualquier otro sitio donde pueden desencadenar reacciones inflamatorias.

Tras la presencia de anticuerpos antinucleares (ANAs) debemos ver un importante mensaje de activación inmunológica e inflamatoria, que no necesariamente implica un riesgo vital.

La detección de niveles significativos de ANAs nos ayudará en el diagnóstico de inflamaciones y/o descompensaciones intestinales más que una condición autoinmune.

Visto desde otro punto, los ANAs representan una señal de alarma, que pueden ayudar a enfocar la energía hacia una estrategia preventiva real.

Ciertamente, los ANAs pueden indicar la presencia de una enfermedad autoinmune o, al menos, un desorden inmunológico; los ANAs positivos aparecen más y más frecuentemente en personas que no necesariamente desarrollan estas condiciones.

En el pasado, informamos de un estudio canadiense (Myckatyn SO AS y Russell, J. Rheumatol Abril de 2003; 30: 736-9) hecho con 116 pacientes con valores altos de ANAs (mayor o igual a 1:640) y sin evidencia clínica de patología en el tejido conectivo, mostrando que sólo unos pocos sujetos desarrollaron la condición autoinmune (lupus, esclerodermia, síndromes de CREST o de Sjogren). Además, a más de la mitad de los pacientes le desaparecieron los anticuerpos en 5 años.

Los mismos pacientes fueron seguidos posteriormente y los resultados de ese estudio, publicados en 2008 en Clinical Rheumatology, confirmaron que sólo una pequeña fracción de los que tenían altos niveles de ANAs terminaron desarrollando un enfermedad autoinmune (Wijeyesinghe U et al, Clin Rheumatol. 2008 November; 27(11):1399-402. doi: 10.1007/s10067-008-0932-y. Epub 2008 May 24).

Un estudio publicado en Virus Research en enero de 2015 por un grupo italiano confirmó que el mecanismo inicialmente relacionado con el origen de la alergia del polen de la hierba también se activa en algunos tipos de infección, como en el caso de la mononucleosis.

La presencia del virus Epstein Barr (que es el causante de la mononucleosis) lleva a un importante incremento de muchos autoanticuerpos, incluídos los ANAs, sin que esto signifique una autodestrucción del cuerpo.

Lo que sucede es que la persona desarrolla un proceso de estrés inflamatorio e inmunológico del que los autoanticuerpos representan una clara señal (L Cuomo et al, Virus Res. 2015 Jan 2; 195: 95-9. doi: 10.1016 /j.virusres.2014.09.014. Epub 2014 Oct 7).

En 2011 un grupo de científicos americanos describió la compleja relación entre el microbioma del intestino y los autoanticuerpos, publicando sus resultados en Frontiers in Microbiology. Estos resultados confirman la constante interferencia de la dieta y la inflamación alimentaria en la composición del microbioma intestinal y están avalados por posteriores evidencias relatadas en FEBS Letter y por un interesantísimo artículo, publicado en enero de 2015, en The EMBO Journal por un equipo internacional de investigadores. Estos resultados experimentales revelan que la presencia de bacterias filamentosas (similares al hyphae fungoso) es capaz de desarrollar la producción de ANAs independientemente de la situación patológica del sistema inmune (Van Praet JT et al, EMBO J. 2015 Jan 19. pii: e201489966. [Epub ahead of print]).

El último fenómeno revela la frecuente relación de reactividad de las levaduras (alimentos fermentados) en la génesis de las condiciones autoinmunes, dado que las bacterias filamentosas son similares a la levadura, los hongos y los mohos.

Es una buena noticia, porque significa transformar la aparición de una señal de alarma (ANAs) en la posibilidad de prevenir y tratar condiciones erróneamente consideradas como inevitables. La artritis reumatoide, la tiroiditis de Hashimoto, la psoriasis y el lupus forman parte de un grupo de enfermedades que pueden ser tratadas de modo efectivo mezclando terapias clásicas con un mejor control de la inflamación a través de la dieta y la elección de suplementos apropiados.

No obstante, los ANAs siguen siendo una señal de alarma que no debe ser ignorada, pero un reequilibrio de sus niveles y una mayor atención de nuestro cuerpo son alcanzables mediante intervenciones no invasivas, como hábitos dietéticos y cambios en los estilos de vida.



Europeos y chinos están afectados por la misma enfermedad intestinal, causada por diferentes grupos de alimentos

Europei-e-Cinesi-stessa-malattia-intestinale-causata-da-gruppi-alimentari-diversi_articleimageLos alimentos por sí solos no son la causa de ciertas enfermedades; sin embargo, el culpable sí es el exceso de ingesta en una persona o población. Por ejemplo, la enfermedad de Crohn (EC) y la colitis ulcerosa (CU) son causadas en Europa por el gluten y la leche, y en China por el arroz y la soja.

Condenar a un determinado alimento como el principal desencadenante de la patología se ha convertido en una forma obsoleta de pensar.

Si una enfermedad (por ejemplo, EC) se ha relacionado con un grupo de alimentos (como trigo, levadura y leche) para pacientes europeos, la misma enfermedad en China puede depender de la soja, arroz y maíz.

Una parte de la opinión pública reconocería esto como algo lógico, basado en los hábitos alimenticios de la población de cada región. Pero la creencia médica actual no piensa igual, por lo general culpabiliza las causas sin referencias, en lugar de entender el significado desde un punto de vista evolutivo.

Muchos médicos suelen excluir de la dieta un alimento o grupo de alimentos como respuesta a una determinada condición, sin darse cuenta de que mediante la eliminación del gluten, por ejemplo, y su sustitución por el arroz hace que se desarrolle una nueva forma de reacción hacia el arroz desencadenando una sintomatología similar a la anterior.

En cambio, la experiencia práctica junto con la evidencia científica, nos ha ayudado a comprender que los problemas no dependen de un solo alimento, sino en la forma en que los alimentos reaccionan en nuestro cuerpo.

Si la reacción no es específica a un solo alimento, la respuesta inflamatoria desencadenada por un consumo excesivo de alimentos se debería tener en cuenta.

Por esta razón, los pacientes que ingieren levaduras en grandes cantidades pueden encontrar una correlación entre su trastorno y las sustancias fermentadas, mientras que las personas que comen siempre lo mismo identificarán la causa de su inflamación alimentaria en esos grupos de alimentos que ingieren en exceso. Este hallazgo ha sido recientemente confirmado por Ligaarden y Ferrazzi en BMC Gastroenterology (Speciani AF, Piuri G, Ferrazzi E (2014). Comment to Ligaarden SC et al, BMC Gastroenterology 2012, 12:166. BMC Gastroenterol. doi: 10.1186/1471-230X-12-166).

Tal evidencia también puede traducirse epidemiológicamente: trastornos como enfermedades inflamatorias intestinales (EII), incluyendo EC y CU, surgen en Europa a partir de productos que contienen gluten, leche y levaduras, mientras que en China surgen a partir de la soja, arroz y maíz, como se publicó en PLos One en noviembre de 2014 (C Cai et al, PLoS One. 2014 Nov. 13;9(11):e112154. doi: 10.1371/journal.pone.0112154. eCollection 2014).

Durante años, hemos propuesto un punto de vista diferente basado en una nueva interpretación científica de las IgG alimentarias, ya no son consideradas como anticuerpos “en contra de” alimentos sino anticuerpos de reconocimiento que pueden aumentar cuando la ingesta de un grupo alimenticio específico sobrepasa el nivel umbral de cada individuo.

De esta manera es posible definir el perfil personal alimentario (a través del test BioMarkers) y ayudar a la definición de una dieta correcta para pacientes afectados de EC, CU o cualquier otra enfermedad inflamatoria intestinal.

Curiosamente, un artículo publicado en PLoS One muestra valores elevados de “IgG de huevo” tanto en sujetos sanos como en pacientes con EII. Esto se debe a que las proteínas del huevo son filogenéticamente distantes de los mamíferos; por tanto, lo estándar (es decir, no patológico) es tener el umbral de las “IgG de huevo” altas para todo el mundo, tanto sanos como enfermos, sin necesidad de restringir en la dieta.

La comparación de los niveles de IgG entre sujetos sanos y enfermos es el aspecto más importante del estudio (figura 3 en la publicación sugerida), mostrando una gran diferencia para arroz, soja, maíz y en algunos casos, tomate.

Otros dos aspectos importantes surgen del estudio: el hecho de que los anticuerpos IgM tienden a aumentar en personas con niveles elevados de IgG alimentarios, y el hecho de que la producción de IgG aumenta paralelamente con el número de sustancias involucradas, indicando un aumento progresivo de la reacción inflamatoria alimentaria.

Confirma lo que llevamos clínicamente observando en pacientes capaces de recuperar la tolerancia a ciertos productos y lograr la recuperación total.

El estudio también destacó la correlación entre la reactividad a la leche y la reactividad al vacuno. Curiosamente, durante años hemos sugerido considerar el vacuno en la dieta cuando hay reacción a leche.

Ciertos autores han informado de que las IgG pueden reaccionar también con el ácido siálico, encontrado fácilmente en leche, queso y especialmente en vacuno. Es un concepto a considerar ya que el ácido siálico es una señal externa para humanos, es un marcador común para todos los productos de origen bovino (como leche y ternera), según informaron en 2003 Tangvoranuntakul y sus compañeros de la Universidad de California, San Diego (Tangvoranuntakul P et al, Proc Natl Acad Sci USA. 2003 Sep 14; 100 (21):12045-50. Epub 2003 Oct 1).

Por tanto, la comparación entre los datos de europeos y chinos nos da una idea de que los alimentos son “buenos”, es la cantidad ingerida lo que los hace temporalmente inflamatorios.

El enfoque adecuado al problema está basado en la dieta rotacional (nunca eliminación), diseñada en función de los valores inflamatorios medidos (BAFF y PAF) con el fin de lograr la recuperación de la tolerancia.