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Aceites cocinados

53838094_mCuando el aceite se utiliza para cocinar, la estructura de las moléculas de grasa cambian. Esto ocurre cuando el aceite se utiliza para freir, para engrasar la sartén, o cuando es uno de los ingredientes del producto cocinado (independientemente de su origen industrial o casero).

Con el fin de establecer una dieta de rotación correcta, deberíamos evitar alimentos procesados ya que contienen aceites cocinados, y cocinar los platos sin aceite, tan solo añadir agua durante la preparación (de esta manera, la temperatura de cocción nunca llega a los 100 ºC y los aceites naturales del alimento se conservan). El aceite se añade después, en crudo, tras el proceso de cocción.

Estas simples instrucciones darán al plato un sabor más homogéneo además de conservar sus propiedades nutricionales y el sabor del aceite (por ejemplo, los ácidos grasos Omega 3 presentes en el pescado se conservan mejor si el proceso de cocción es más suave y a baja temperatura).

Todos los tipos de aceites reaccionan de manera diferente a los agentes físicos (incluyendo el calor) en relación con el contenido de antioxidantes.

Los de aceites que mantienen mejor sus propiedades a altas temperaturas son el aceite de oliva virgen extra y el aceite de cacahuete (este último es capaz de resistir temperaturas altas en comparación con otros). Ambos deben ser “prensados en frío”, de esta manera nos aseguramos de que las modificaciones estructurales causadas por la cocción no ocurren durante la extracción del producto. El aceite virgen extra y el aceite de cacahuete deben utilizarse en los días “libres” de dieta, o cuando “engrasar” el recipiente de cocción sea totalmente inevitable.

Es aconsejable limitar el tiempo de cocción con aceites y cocinar a baja temperatura.

Alimentos que contienen aceites cocinados, a evitar de acuerdo con las instrucciones dadas:

  1. Cualquier alimento precocinado: el proceso de cocción provoca alteraciones químicas similares al proceso de hidrogenación utilizado para producir margarina. Incluso cuando en el etiquetado aparece “aceite natural” o “aceite no hidrogenado”, no podemos estar seguros de la estructura final de los ácidos grasos tras la cocción.
  2. Fritos caseros o recetas que requieran de la adición de aceite antes de cocinarlos: incluye el proceso de engrasar la bandeja del horno o la sartén, al preparar pizzas o patatas asadas, independientemente de la calidad del aceite elegido.
  3. Productos industriales que contienen aceites vegetales o margarina: con muy pocas excepeciones, todos aquellos en bolsa (galletas saladas y dulces, colines, patatas fritas, cacahuetes tostados) y muchos tipos de panes (sazonados, con aceite, integral, de molde, focaccia, picatostes) contienen aceites vegetales cocinados/ modificados. También hay que incluir las barritas de chocolate (con la excepción del chocolate negro de buena calidad), helados, golosinas, bollería industrial (snacks dulces, galletas, brioche y bollos), cubitos de caldo (incluidos los vegetales), algunos tipos de mermeladas de frutas, comida rápida y productos fritos.

ATENCIÓN: la reactividad a los aceites cocinados se detecta mediante la medición de las inmunoglobulinas G, también producidos en respuesta a ciertas semillas oleaginosas. Las personas alérgicas a almendras, cacahuetes, nueces u otros tipos de semillas deben abstenerse de comerlos (a no ser que ya formen parte de su dieta habitual) incluso si no se indica explícitamente en las sugerencias dietéticas que figuran en el informe médico.

La diabetes y un buen desayuno: cómo tu azúcar en sangre puede bajar un 20%.

Diabete-e-prima-colazione-ricca-la-glicemia-scende-del-20_articleimageDurante muchos años, hemos hablado de la importancia del desayuno. Por ejemplo, sabemos que ayuda a los estudiantes y a la gente en general a centrarse con mayor eficacia en el trabajo, además de ayudar a bajar de peso y recuperar la forma física a través de ciertas señales específicas enviadas al cuerpo.

Sin cambiar la ingesta diaria de calorías, un buen desayuno y una cena ligera ayudan a reducir el azúcar en sangre en un 20% a lo largo del día.

Confirmaciones adicionales provienen de estudios sobre la diabetes tipo 2, el tipo de diabetes más común y desgraciadamente cada vez más en los países industrializados.

En un estudio realizado en Diabete Unit de la Universidad de Tel Aviv y publicado en Diabetologia en mayo de 2015, demostró que un buen desayuno era capaz de reducir los niveles diarios de azúcar en sangre en comparación con los que comen mucho en la cena (Jabucowicz D et al, Diabetologia. 2015 May; 58 (5): 912-9. doi: 10.1007/s00125-015-3524-9. Epub 2015 March 1).

Todos los sujetos implicados recibieron la misma cantidad de calorías al día, pero aquellos que consumían más calorías en el desayuno (que, por tanto, se convirtió para ellos en la comida principal del día) y menos en la cena experimentaron una reducción del 20% de glucosa en sangre a lo largo del día; más concretamente, una reducción del 20-23% de sus niveles habituales se registraron en el almuerzo (ambos grupos recibieron la misma cantidad de calorías en el almuerzo).

Estos resultados muestran cómo el desayuno puede representar una señal duradera. Por tanto, es importante dar a nuestro cuerpo mensajes eficaces como un buen desayuno y una cena ligera, que desencadenará unos niveles específicos de azúcar y un control de peso.

El artículo mencionado anteriormente es destacable por dos razones principales:

  • Confirma que un buen desayuno y una cena ligera son herramientas esenciales no sólo para tratar la obesidad, también para hacer frente la hiperglucemia y la diabetes.
  • Describe cómo cada organismo es propenso a recibir señales importantes provocadas por decisiones simples, decisiones como un buen desayuno agradable y más calórico que la cena, o como probar nuevos platos mientras se come menos y se reducen las calorías consumidas.

Más en detalle, el estudio trata a pacientes que prueban (estudio cruzado) dos tipos de dietas diferentes, cada uno alrededor de 1500-1600 calorías en total, definidas como:

1. Un buen desayuno y una cena ligera (un total de 1520 Cal)

  • Desayuno 710 Cal
  • Comida 610 Cal
  • Cena 200 Cal

2. Un desayuno ligero y una cena abundante (un total de 1520 Cal)

  • Desayuno 200 Cal
  • Comida 610 Cal
  • Cena 710 Cal

Una persona con sobrepeso puede encontrar beneficios en “ayunos cortos”, produciendo señales eficaces de adelgazamiento a través de un buen desayuno y un “salto en la cena”, permitiendo alrededor de 15 horas de ayuno entre la comida y el siguiente desayuno.

Dicho plan debería ser seguido sólo por personas diabéticas que están bajo supervisión médica (200 Cal son poco más que un aperitivo para ellos); sin embargo, representa una potente herramienta para provocar una fuerte estimulación metabólica necesaria para cualquier persona dispuesta a perder un exceso de grasa.

Durante años, hemos tratado a pacientes mediante terapias específicas basadas en conceptos dietéticos similares; recomendamos a todos a mejorar sus conocimientos en el modo de preparar desayunos fáciles y variados, como los propuestos en el libro Colazione e brunch per il benessere.

Ahora tenemos una base científica más racional que apoya nuestro trabajo y nuestras creencias, y que indican nuevos caminos para futuras investigaciones y aplicaciones clínicas.

 

Las señales de un corto ayuno de 15 horas reducen la inflamación y la grasa corporal

I-segnali-del-digiuno-breve-le-15-ore-che-riducono-infiammazione-e-massa-grassa_articleimageUn importante estudio, publicado en Cell Metabolism por un grupo de investigadores de la Universidad de California San Diego, La Jolla (División de Gastroenterología) y realizado en ratones (similares a los humanos en términos de respuesta metabólica e inmunológica), mostró cómo un recurrente periodo de ayuno es capaz de reducir la inflamación, aumentar la pérdida de grasa corporal y desencadenar un nuevo patrón metabólico que dure en el tiempo.

Entender qué señales deberían ser enviadas al organismo a través de los alimentos puede llegar a ser una de las herramientas más eficaces para hacer frente a los niveles de epidemia de la obesidad que afecta actualmente a los países industrializados.

La mayoría de estas señales son conocidas (la importancia del desayuno, un correcto equilibrio entre carbohidratos y proteínas, masticar correctamente…). Su papel puede ser incluso más potente si tenemos en cuenta cuándo y dónde estos mensajeros entran en juego.

El estudio citado anteriormente describe los efectos de la dieta y el ayuno a todos los niveles posibles (desde cambios en la expresión génica, la producción de citoquinas y adipoquinas inflamatorias hasta la modificación del microbioma); a pesar de que está basado en mamíferos diferentes a nosotros no debemos olvidar que en los últimos años la mayoría de los estudios realizados en ratones han sido un éxito en humanos (Chaix a et al, Cell Metab. 2014 Dec 2; 20(6): 991-1005. doi: 10.1016/j.cmet.2014.11.001).

En cualquier caso, el estudio de las señales producidas por cortos periodos de ayuno (15 horas) en comparación con largos periodos (que genera aumento de peso) ha generado significantes cantidades de artículos científicos de calidad, lo que “obliga” ahora a cualquier persona interesada en este tema hablar con datos reales y sin especulaciones.

Cómo el tema ha sido investigado

Al diseñar un plan experimental, los investigadores han recreado diferentes condiciones de alimentación y ayuno, incluyendo tanto sujetos con obesidad como delgados. Dietas clásicas, altas en grasa, azúcar y fructosa han sido analizadas, controlando los tiempos de restricción alimentaria, es decir, periodos del día en que se permite comer (durante la noche en ratones, durante el día en humanos).

Se han evaluado dietas ad libitum (sin límites, salvo aquellas por hambre) y normocalóricas (suficiente como para mantener un estado de salud óptimo de los pacientes).

Los investigadores se centraron en intervalos de ingesta de alimentos de 9 horas (las siguientes 15 horas ayuno), 12 horas (ayuno de 12 horas) y 15 horas (ayuno de 9 horas). El ayuno de 15 horas resultó ser el más efectivo, mientras que el de 12 horas produjo resultados intermedios; y el de 9 horas de ayuno no mostró efectos significativos.

Estrictos puntos de control experimentales permitieron estudiar estas combinaciones dietéticas durante largos periodos de tiempo. Las diferentes combinaciones identificaron diferencias sustanciales entre sujetos libres de comer durante 9 horas cuando estaban activos y despiertos (seguidos de 15 horas de ayuno), y aquellos sujetos control, que podían comer en cualquier momento durante las 24 horas.

Cortos periodos de ayuno producen los siguientes resultados:

  • Reducción de la acumulación de grasa corporal tanto en pacientes con obesidad/ sobrepeso como normopeso.
  • Protección contra el desarrollo de esteatosis hepática relacionada con la dieta, y reducción de los niveles de transaminasas
  • Disminución de la inflamación relacionada con la masa grasa (en particular, citoquinas como alpha-TNF y beta-IL-1), de tal manera que se limitan las señales de alarma (como las desencadenadas por BAFF) capaces de causar acumulación de grasa.
  • Mejora de la tolerancia a la glucosa y reducción de la resistencia a la insulina; concretamente, fue posible mejorar la intolerancia a la glucosa producida por dietas grasas (convirtiéndose en una nueva herramienta para la diabetes).
  • Definición de una fuerte memoria metabólica (a través de mecanismos de activación génica) que no se ve alterada por la presencia de dos días libres (por ejemplo, el fin de semana). Mientras que tener una dieta libre durante períodos prolongados lleva a una acumulación de grasa; el control de ingesta de alimentos desencadena una activación duradera del metabolismo, que se mantiene incluso al introducir dos días de completa libertad.

Primeras consideraciones

Las conclusiones arriba mencionadas son algunas de las que aparecen en el estudio de Chaix, pero suficientes para mostrar cómo una dieta basada en la restricción de alimentos durante más de 9 horas es la única opción contra la cantidad de problemas metabólicos que afectan al mundo industrializado hoy en día.

La aplicación clínica debe ser cuidadosamente estudiada, ofreciendo un comienzo innovador diferente a lo conocido hasta ahora.

El interesante estudio hecho por Hatori, publicado en Methods in Enzymology, va en la misma dirección, explicando científicamente que el ritmo circadiano y su impacto en el metabolismo, genoma, microbioma y actividad enzimática están alcanzando niveles aceptables, además de abrir nuevas vías de entendimiento e innovación.

En presencia de una disfunción metabólica y hormonal a causa de dietas hipergrasas incontroladas, Hatori demostró que un plan dietético restrictivo (comer solo durante horas activas seguido por un periodo corto de ayuno) ayuda a recuperar la estructura metabólica primitiva, además de prevenir la obesidad y otras condiciones metabólicas, incluso en los casos en que la ingesta es completamente errónea (Hatori M et al, Methods Enzymol. 2015; 552: 145-61. doi: 10.1016 / bs.mie.2014.10.027. Epub 2014 Dec 27).

Pasado e innovación.

Durante años hemos aplicado con éxito algunas de estas ideas mediante programas terapéuticos específicos e individuales, además de una educación nutricional básica.

Todo el mundo que estudia estas señales está poniendo en práctica planes similares a los nuestros. Sugerimos un buen desayuno, un almuerzo decente y una cena ligera. Si en lugar de ingerir la cena la saltamos hasta el desayuno, se alcanzaría el corto periodo de ayuno (15-16 horas). Ahora se trata de perfeccionar (científicamente) algo que ya ha sido utilizado por muchos nutricionistas, que explotan las señales alimentarias para modificar el metabolismo.

Ser consciente de cómo el tiempo impacta, entender dónde ciertas moléculas están activas y crear una visión detallada de lo que sucede biológicamente nos ayuda a dominar el tema. En otros artículos, hemos hablado de la molécula FSP27 y descrito sus acciones que son bien conocidas, tanto por su acción lipogénica a nivel hepático (órgano diseñado para recibir y manejar la grasa) como a nivel lipolítico del tejido adiposo (de donde tanto el nutricionista como el paciente están interesados en movilizar la grasa) durante las primeras 15 horas de ayuno.

Transparencia científica

FSP27 está implicada en la formación de gotitas de grasa dentro de las células, donde actúa como un vector de lípidos sin determinar la acumulación o movilización de grasa por sí misma. Como proteína señal, simplemente sigue el estado metabólico de la célula en relación con el tiempo específico y el tipo de célula implicada.

Expertos no muy conocedores del tópico tienden a considerar FSP27 como un mero regulador en el metabolismo lipídico.

El hecho de que el consumo inmediato de grasa se reduzca durante el corto ayuno está ligado a la fase de reajuste metabólica de la gestión del suministro de energía celular, que se detiene con el consumo incontrolado de grasa. Por ejemplo, en las primeras etapas del ayuno el tejido adiposo acciona FSP27 para movilizar la reserva de grasa, que llegará a todos los tejidos del cuerpo (principalmente músculos) como apoyo energético.

Por lo tanto, aquellas células que expresan FSP27 no son dónde la grasa se quema, sino más bien donde el proceso de pérdida de peso comienza como se describe en los estudios de Chaix.

Es importante leer detenidamente dónde y cuándo una proteína entra en acción y cómo estos detalles se correlacionan con el efecto producido por la molécula.

El estudio de Vil- Brau sobre FSP27 describe muy bien el efecto paradójico similar a lo que se hace en el artículo de Chaix, en el que el tiempo se define como el principal determinante entre la acción lipogénica y la movilización de grasa.

Es importante entender la diversidad en el tiempo de la acción de una molécula si queremos adoptar un cambio en la interpretación de los eventos metabólicos. Con el fin de cambiar la forma en que interpretamos el metabolismo, debemos centrarnos principalmente en el tiempo de acción de una molécula. Una caloría no es sólo una caloría; una adipoquina ya no es sólo una adipoquina. Todo depende de cuándo y dónde se expresa una molécula específica.

De la teoría a la práctica

Con el fin de bajar de peso, uno debería comer durante las horas activas y ayunar durante 15 horas tras haber satisfecho el hambre, ambos comportamientos producen el mismo efecto en la misma cantidad de tiempo. Probablemente, deberíamos dar un paso más en la interpretación evolutiva de nuestra relación con los alimentos, con el fin de entender mejor qué señales son las más efectivas y beneficiosas para la salud, traducir el conocimiento experimental en la clínica.

No significa que todo el mundo debe seguir un protocolo, pero ser conscientes de esto significa que podemos dominar una herramienta efectiva e innovadora aplicable a todos los pacientes dispuestos a acentuar la lipólisis.

De esta manera se abre un nuevo y excitante período de estudios innovadores y crecimiento del conocimiento, apoyado por las mismas razones que hacen que nuestras investigaciones diarias sean continuamente atractivas.

 

Inositol: limpia tu cuerpo para apoyar el estado de ánimo y la actividad hormonal

Inositolo-darsi-una-ripulita-per-sostenere-umore-e-attivita-ormonale_articleimageNuevas investigaciones confirman la acción del inositol en la depresión, diabetes y ovarios poliquísticos. Nada mal para una sustancia natural considerada por algunos como un mero desintoxicante.

El inositol encuentra su principal fortaleza en su acción múltiple, siendo uno de las sustancias naturales más importantes capaces de, al mismo tiempo, ajustar el metabolismo, el estado mental y guiar la detoxificación hepática.

También conocida como mesoinositol o vitamina B7, pensar en un fármaco con una sola acción es erróneo.

Durante años su uso se ha ligado con la detoxificación, basado en los efectos importantes a nivel de la eficiencia mitocondrial. En otras palabras, el inositol mejora el consumo de oxígeno y corrige el funcionamiento de aquellos órganos que contienen muchas mitocondrias, como los músculos, el hígado y la piel.

Sin embargo, estudios científicos recientes han descrito su acción como “segundo mensajero”, que resulta ser crucial en la regulación de muchos aspectos del metabolismo.

Como ya hemos indicado, un “segundo mensajero” ayuda a la transmisión de información útil, que puede llegar a la célula internamente. El inositol desempeña este papel (CH Tran et al, Front Physiol. 2014 Jun 30;5:243. doi: 10.3389/fphys.2014.00243. eCollection 2014) al actuar como un rápido transportador de información que activa al menos 30 de las funciones enzimáticas y metabólicas más importantes de nuestro organismo.

Esto explica por qué en los últimos meses se han visto una serie de artículos científicos informando de los posibles efectos beneficiosos de la integración del inositol.

Un grupo de investigadores japoneses publicó en Journal of Paediatrics Endocrinology & Metabolismun estudio que puso de relieve cómo el consumo de inositol y su dispersión en orina pueden representar un indicador de tendencia a la diabetes o al menos una mayor resistencia a la insulina. (Satake E et al, J Pediatr Endocrinol Metab. 2015 Sep 11. pious: /j/jpem.ahead-of-print/jpem-2015-0107/jpem-2015-0107.xml. doi: 10.1515 / jpem-2015-0107. [Epub ahead of print]).

Unos días antes de este estudio, un grupo de ginecólogos de California publicó un artículo similar en Journal Reproductive Sciences, señalando cómo la disregulación de inositol durante el primer trimestre del embarazo puede estar correlacionado con una mayor incidencia de diabetes gestacional (A Murphy et al, Reprod Sci. 2015 Sep 8. pii: 1933719115602767. [Epub ahead of print]).

Por lo tanto, hay una fuerte relación entre el inositol y el metabolismo del azúcar, lo que indica un apoyo muy útil para todos los casos de insulinorresistencia.

El uso de al menos 2 gramos de inositol (por ejemplo, 2 comprimidos de Inositox) por la mañana antes del desayuno, incluso durante periodos prolongados, contribuye a mejorar el síndrome poliquístico (junto con una regulación hormonal específica) y el acné (2 gramos al día), ya sea como tratamiento exclusivo o junto a otras terapias (antibióticos, píldora anticonceptiva, retinoides).

En junio de 2015, un estudio francés informó sobre la mejora en la sensibilidad a la insulina en animales de laboratorio tras la administración de inositol, además de limitarse el vaciado celular, previniendo eventos relacionados con la diabetes (Croze ML et al, Br J Nutr. 2015 Jun 28; 113 (12): 1862-75. doi: 10.1017/S000711451500121X. Epub 2015 May 20).

Y esto no es todo, un grupo de psiquiatras americanos (Universidad de Medicina de Maryland, Baltimore) estudió el mismo tipo de problema (agotamiento de inositol en células cerebrales) en relación con la depresión; menor cantidad de inositol en células cerebrales, más probabilidades de desarrollar depresión (Chiappelli J et al, Neuropsychopharmacology. 2015 Aug; 40(9): 2157-64. doi: 10.1038/npp.2015.57. Epub 2015 Feb. 27).

Sabemos con certeza que el inositol, mediante su acción de regulación de energía, es capaz de mejorar de forma natural el estado de ánimo y tener efectos antidepresivos altamente significativos.

La suplementación de inositol (de 2 a 3 gramos al día) puede prevenir el vaciado de inositol en el cerebro y permitir mantener el estado de ánimo en niveles positivos.

La lista de acciones beneficiosas es larga:

  • Detoxificación del hígado (para este caso, Dima Hepa muy útil)
  • Control del acné
  • Modulación del síndrome de ovario poliquístico
  • Acciones antidepresivas
  • Mejora de la sensibilidad a la insulina
  • Prevención de la diabetes
  • Apoyo a la quimioterapia
  • Regulación hormonal

De manera similar que la actividad física, el inositol mejora la sensibilidad a la insulina activando los canales de transporte de glucosa (GLUT4) necesarios para contrarrestar la resistencia a la insulina provocada por los malos hábitos de alimentación.

El uso de inositol, de acuerdo con las instrucciones prescritas, actúa como un “carburador de un motor“, regulando su funcionamiento interno de una manera muy fina. De esta manera, podemos regular nuestro cuerpo mediante señales naturales y finas en una forma que no muchos fármacos son capaces de ofrecer.

 

¿Por qué el dolor puede ser el comienzo de una enfermedad?

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Muchas enfermedades aparecen tras un dolor físico o emocional, tras una intensificación de la acción inflamatoria. Hoy en día, nuevas teorías nos ayudan a entender el por qué.

En la clínica, se hace evidente que el origen de las enfermedades o la aparición de molestias son tras un evento emocional, físico o psicológico. Tal relación ha sido ampliamente descrita por el premio Nobel de 1986 Rita Levi Montalcini (y anteriormente por mi padre, Luigi Oreste) a través de la acción desempeñada por NGF (Factor de Crecimiento Nervioso, por sus siglas en inglés). Sin embargo, no explica de manera efectiva cuáles son los mecanismos implicados en la secuencia del dolor/ enfermedad.

Cuando en nuestro centro en Milán tratamos reacciones relacionadas con la alimentación, explicamos a nuestros pacientes cómo la cirugía, así como una ruptura o un duelo son capaces de activar respuestas reactivas hacia la comida o al polen, además de desencadenar una cascada de reacciones que conducen a condiciones con un gran impacto clínico como enfermedades autoinmunes, artritis y cáncer.

La explicación de este fenómeno está basado en teorías evolutivas.

Por ejemplo, los caballos y otras especies se comportan de una manera incomprensible cuando se ven atrapados o  hay un obstáculo en su camino.

El caso de los caballos esquivando una valla, seguido de una galopada, puede estar relacionado con algún tipo de memoria defensiva desarrollada, años atrás, por el animal cuando en una ocasión apareció un conejo en la misma valla, ocasionando una caída y dolor al animal.

Simples razones evolutivas pueden explicar esto, cada vez que el caballo pasa galopando cerca de ese obstáculo en particular, cambia de dirección. El caballo vincula mentalmente el cercado con un evento traumático; por tanto, instintivamente se ve obligado a evitarlo cuando se acerca a él.

Un ejemplo más dramático puede ser el caso de una joven mujer asaltada y golpeada en su camino a casa. Tras los primeros momentos de pánico y dolor, una vez recuperada de sus heridas, se sentirá tensa y aparecerán sentimientos cada vez que pase por esa esquina o calle.

Es obvio que la calle no le ha hecho ningún daño a ella, ya que siempre ha estado ahí, inmóvil desde que fue construida.

Es fácil entender las razones evolutivas que nos llevan a identificar el entorno como el posible “culpable”: si experimentamos dolor, sufrimiento o violencia, nuestro cuerpo analiza cuidadosamente el entorno donde ocurrió. “Entorno” es considerado no solo la calle, también el aire respirado y la comida ingerida unas horas antes.

Una vez que un peligro ha sido identificado e interiorizado, el cuerpo humano intentará por todos los medios evitar ese entorno reconocido como causa de sufrimiento, y enviará señales (hinchazón abdominal, estornudos, dolor en las articulaciones, asma, urticaria, picores) para marcar el contacto con el entorno previamente identificado como peligroso. El mismo mecanismo se desencadena en una operación quirúrgica, un trauma emocional o un cambio radical (bullying, embarazo, despido, matrimonio, divorcio, nuevas tareas…).

Hoy día, el dolor y la angustia emocional son evaluados en términos de citoquinas inflamatorias y señales internas de peligro.

Cuando nuestro cuerpo inspecciona el ambiente intestinal, crea (por ejemplo) una correlación entre un tipo particular de dolor y la presencia de pan y queso en el intestino.

Los días siguientes, cuando al sufrimiento generado en esa situación negativa específica y el pan y el queso siguen en el intestino, el cuerpo reconoce esa presencia como una posible causa activa de sufrimiento. De esta manera, los componentes del pan y el queso (levadura, leche, trigo y sal) son identificados como peligrosos y el organismo enviará señales inflamatorias e irritantes tras la ingesta de estos productos, en un intento de prevenir el dolor sufrido.

En los últimos años, nos hemos dado cuenta que este tipo de reactividad (aplicable también al polen, moho y ácaros) genera la producción de citoquinas muy específicas, generando reacciones potencialmente dañinas para el cuerpo.

Este tipo de fenómenos comienzan a partir de un evento inflamatorio (BAFF y PAF sirven como medida) que pueden conducir a enfermedades autoinmunes así como a un desequilibrio inmunológico en la defensa antitumoral. Para curarse, se debe recuperar la tolerancia inmunológica hacia los alimentos, polen y todo el entorno que lo rodea.

Las pruebas de diagnóstico tales como BioMarkers analizan tanto los niveles inflamatorios como el perfil personal alimentario, que representan dos parámetros correlacionados en estas situaciones. Entendiendo el significado de estos resultados, el paciente puede ser guiado hacia el camino de la tolerancia.

En el ejemplo anterior, la mujer puede aprender a caminar por la calle donde la agresión ocurrió entendiendo que la calle en sí es irrelevante para el dolor sufrido; del mismo modo, la relación con los alimentos que desencadenan la inflamación puede ser gradualmente entrenada mediante una dieta variada, rica, agradable y saludable.

Una vez más, la correlación entre nutrición, sistema inmune y entorno se confirma como una de las variables esenciales para la vida de cualquier organismo. Dicha relación define la supervivencia y la calidad de la vida.

Entender nuestro cuerpo abre nuevas vías para la recuperación del bienestar y la curación de muchas de las enfermedades más comunes.