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ARTRITIS, NUTRICIÓN Y ESTILO DE VIDA

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Existe una estrecha relación entre artritis y alimentación. Los dolores reumáticos, las mialgias y todas las patologías conectadas con el dolor muscular, articular y grupos musculares pueden depender del nivel de algunas citoquinas inflamatorias conectadas con la comida y el tipo de alimentación.

El estudio de la inflamación alimentaria y seguir una dieta que respecte el perfil alimentario personal pueden contribuir positivamente a la gestión de la molestia, junto a las terapias que se pueden estar siguiendo.

Artritis reumatoide, artritis psoriásica, artritis reactiva y en general todas las formas de molestias articulares están ligados a la presencia de una inflamación y al hecho que el organismo se defienda a través de la aportación de líquidos que intentan “diluir” la concentración de las sustancias inflamatorias. Esto lleva a dolor, dificultad de movimiento, rigidez. Todas las síntomas que en muchísimos casos pueden ser reducidos y tal vez solucionados a través del estudio personalizado de la alimentación.

Desde hace algunos años se ha sospechado de una relación entre lo que se come y las manifestaciones dolorosas del artritis.
En particular, desde 2007 los trabajos de la española Francisca Lago, de la Universidad de Santiago de Compostela, han permitido definir que el artritis depende del tipo de alimento comido (como evidencia el estudio del perfil alimentario personal) y de la forma en las que se combinan hidratos y proteínas en la alimentación. Las reglas indicadas por la Harvard Medical School sobre la correcta combinación que se tiene que seguir son parte integrante de los protocolos terapéuticos que en nuestra clínica utilizamos desde hace años con las personas que presentan esta sintomatología.

La reciente evolución de la investigación científica ha reconocido la estrecha relación entre las sintomas del artritis y un aumento de la inflamación y de la permeabilidad a nivel intestinal.
Un intestino inflamado y el contacto desequilibrado con la comida pueden estimular la producción de BAFF y de PAF, citoquinas que contribuyen a inducir y mantener fenómenos dolorosos. Se trata de las misma citoquinas que están relacionados también con la presencia de patologías autoinmunes.

La inflamación alimentaria hay que considerarla como una de las causas principales de la artritis y el conocimiento de la relación entre inflamación, alimentación y artritis hoy en día ha llevado a un cambio radical en la comprensión de estas patologías.

A menudo es una alimentación muy repetitiva que causa la activación de procesos inflamatorios que llevan al artritis y a sus manifestaciones.

Que hacer

Excluyendo los casos de artritis aguda y repentinas con fuertes dolores e inmovilidad por las que siempre es necesaria una evaluación clínica de un médico, el estudio de los niveles inflamatorios y del Perfil Alimentario personal a través del test Biomarkers es la primera arma terapéutica que hay que utilizar.

Siguiendo los esquemas nutricionales propuestos tomando como punto de partida el nivel de inflamación y la reactividad individual, se vuelven a establecer unas costumbres alimentarias saludables con las que a menudo se puede llegar de forma rápida y sencilla a la recuperación del bienestar, uniendo el plan nutricional a cualquier terapia clínica.

Más sugerencias

En caso de artritis y dolores musculares, una vez entendido que algunos alimentos comidos en exceso pueden tener una responsabilidad en la génesis del dolor, la tendencia es la de eliminar muchas categorías alimentarias cuando es muy importante entender que no existen alimentos buenos o malos en absoluto, sino que se puede encontrar un equilibrio individual de acuerdo con el propio perfil alimentario como evidencia el test Biomarkers, que incluye una dieta de rotación y nunca de eliminación.

Problemas específicos de asimilación pueden mejorar con el uso de enzimas digestivas tomadas por ciclos terapéuticos, tomándolas antes de las comidas.

Por muchos años se ha pensado que el intestino desarrollara funciones exclusivamente de absorción, mientras hoy en día está claro su rol esencial en la vida del sistema inmunitario humano: podríamos decir que “cuando la tripa está bien, el intero organismo está bien”.

Cuando la reacción alérgica depende de azúcar, fructosa y productos glicosilados

11529223_mHoy en día hay un profundo replanteamiento sobre el significado de la
alergia. Cada vez más se confirma que la reacción alérgica no depende
solo de los anticuerpos específicos hacia una sustancia, un polen o un
alimento, sino da la interacción de múltiples factores que contribuyen
a aumentar la inflamación del organismo y a facilitar así las
reacciones alérgicas.

Estas son cada vez más parecidas a “la última gota” más que a una
reacción directa debida a las IgE y al contacto, por ejemplo, con el
polen. El polen o la sustancia extraña están seguramente involucrados,
pero la reacción alérgica expresa más una reacción de defensa y una
señal de “demasiado lleno” que no una molestia real hacia la
sustancia.

Un trabajo publicado en JACI, resultado de las investigaciones
conjuntas de un gran numero de alergólogos, ha establecido que solo
el 38% de las reacciones alérgicas está vinculado a una
responsabilidad directa de un polen o de un alérgeno respiratorio y
que entonces, por simple resta, el 62% de las reacciones antes
definidas alérgicas (entre estas las más importantes, las más graves y
las más persistentes) son aquellas debidas a la interacción de más
factores, que involucran más aparatos y órganos en una respuesta
inflamatoria sistémica del organismo (Anto JM et al, J Allergy Clin
Immunol. 2017 Feb;139(2):388-399. doi: 10.1016/j.jaci.2016.12.940).

Para nuestro grupo de investigación, que desde siempre se enfrenta a
las alergias respiratorias con vías terapéuticas que tienen en cuenta
también la inflamación alimentaria, los niveles de BAFF y de PAF y
la acción de la contaminación ambiental, sin duda no es una novedad.

Desde 2006 Brandt ha descrito en JACI la relación entre los aspectos
alimentare y las alergias respiratorias, y otros trabajos posteriores lo
han confirmado. La terapia de las varias formas de alergia entonces
debe (por lo menos en dos tercios de los casos, aproximadamente)
tener como punto de partida una consideración sistémica y más amplia
de la reactividad del organismo.

Aún más interesante es el resultado de una investigación exhaustiva,
publicada en JACI en el febrero de 2017, que correlaciona el aumento
de las alergias alimentarias, evidente a nivel mundial, con el aumento
del consumo alimentare de productos glicosilados (o de glicación
avanzada) y de azucares particulares que facilitan la glicosilación
(Smith PK J Allergy Clin Immunol. 2017 Feb;139(2):429-437. doi:
10.1016/j.jaci.2016.05.040. Epub 2016 Jul 15).

Con la glicosilación y con el posible daño de los tejidos, el organismo
libera unas proteínas que cumplen una función de alarma, de las
cuales la más conocida es la HMGB1 – High Mobility Group Box 1.
Estas son cruciales para la activación de reacciones alérgicas,
aumentando el nivel de inflamación, al que también pueden contribuir
los Toll Like Receptors (TLR) de la inmunidad innata, que reconocen
la presencia de algunas bacterias o algunos alimentos.

Significa que una persona, niño a adulto que sea, podría tener una baja
reactividad hacia la comida, pero el consumo al mismo tiempo de
productos glicosilados o de azucares particulares puede transformar
una simple reacción de “reconocimiento” en una reacción alérgica
alimentaria real.

La glicosilación ocurre en muchas comidas en las que se busca el
efecto “crujiente” o tostado a través de la cocción o el calor. La
presencia de algunos azucares conduce al enlace con proteínas
especificas o grasas y determina la formación de glicotoxinas.

Aquí algunos ejemplos:

  • Patatas fritas (tanto en bolsa como al estilo “french fries”) que
    contienen una elevada cantidad de estas moléculas y que
    también contienen acrilamida
  • El queso tostado
  • Las semillas oleosas tostadas, como los cacahuetes tostados y
    con sal
  • La carne o el pescado a la parrilla
  • Los productos de cereales crujientes o tostados
El problema no surge por la “cocción en parrilla con fuego”, sino por
la temperatura elevada. También con el uso del horno microondas se
pueden obtener fenómenos similares. Una taza de leche simplemente
calentada para que sea templada no contiene productos de
glicosilación.

Un plato calentado en el microondas non desarrolla particulares
reacciones, pero, como en la cocción a la parrilla, un calentamiento
excesivo en el microondas lleva a la producción de productos
glicosilados. Eso no pasa en un producto hervido porqué la
temperatura no supera los 100 – 120 grados.

Los productos de glicación elevada, también llamados glicotoxinas,
son muy numerosos. El más conocido es el metilglioxal que es una
sustancia cancerígena capaz de dañar el ADN. La fructosa es una
sustancia clave en su formación.

La glicosilación es inducida también por algunos azucares. En
particular la sacarosa (glucosa + fructosa) y la fructosa son entre los
productos que creemos “naturales” y que en realidad fuera de su
contexto “real” (la fruta fresca y entera, por ejemplo) generan la
formación de productos glicosilados peligrosos como los que se
producen a causa del calor, como acabamos de describir. El aumento
de azúcar en la sangre lleva a la fácil glicosilación de algunas
proteínas y de su transformación en productos dañinos.

Muchos trabajos han demostrado que los niños que toman refrescos o
bebidas de fruta con alto contenido en fructosa (como los terribles
zumos de fruta concentrados descritos como “naturales”) tienen
frecuentes manifestaciones alérgicas alimentarias, con mucha
probabilidad debido a la acción inflamatoria de los productos de
glicación elevada. Es importante también recordar que estos productos
están, por muchos autores, en estrecha correlación con el desarrollo
del Alzheimer.

El trabajo de Smith et al. que acabamos de describir propone entonces
una hipótesis muy convincente sobre al aumento de la prevalencia de
alergias alimentarias. Las explicaciones actuales sobre los posibles
tipos de enfermedades en los países occidentalizados no pueden, de

hecho, explicar el dramático crecimiento de los últimos años. Los
productos glicosilados y los azucares que forman los productos
glicosilados representan entonces el posible eslabón perdido.

Los estudios epidemiológicos y de distribución geográfica apoyan esta
hipótesis porqué las manifestaciones de alergia alimentaria son
correspondientes al consumo social de los productos glicosilados o de
los azucares que facilitan la glicosilación.

La solución es la que nosotros sugerimos desde hace años:

  • Mantener temperaturas controladas para las cocciones.
  • Consumir sustancias crudas lo más frecuentemente posible.
  • Cocinar con la debida atención las carnes.
  • Evitar productos concentrados (como zumos de fruta) y comer
    la fruta siempre de la forma más natural posible.
  • Reducir lo más posible la dulcificación.
  • Utilizar antioxidantes específicos (flavonoide, quercetina,
    perilla) para contrastar la acción inflamatoria de las glicotoxinas
  • Controlar la inflamación alimentaria, de modo que se reduzca la
    carga inflamatoria, sin dejar de considerar los alimentos como
    amigos y nunca como enemigos. También recordad que alguna
    sana “locura”, si ocasional, siempre se puede hacer.
Llama mucho la atención la analogía entre las proteínas que mandan
señales de alarma descritas en el artículo y la presencia de citoquinas
inflamatorias debidas a los alimentos.

Para la medicina es importante hoy en día, y lo será cada vez más en
el futuro, identificar y entender cuales son los biomarcadores de
algunas condiciones específicas. La evidencia de estas proteínas con
función de “alarma” se verá muy pronto asociada con la lectura de los
niveles de BAFF y PAF, para ayudar a todas las personas, pero sobre
todo aquellos sujetos en riesgo, a enfrentarse y curar las alergias
alimentarias que les afectan.

Los vínculos cada vez más estrechos entre la dermatitis alérgica y la autoinmunidad

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Las reacciones que ocurren en la superficie del cuerpo e involucran a la piel y a la epidermis son la expresión de una reacción inflamatoria interna, que “arroja” hacia el exterior señales de una alteración.

Muchas enfermedades de la piel son el resultado de un sobrecalentamiento del cuerpo, ligado al aumento de las citoquinas inflamatorias como BAFF y PAF, y una gran influencia de la comida y del estilo de vida.

En los últimos años, la investigación sobre BAFF y PAF y su acción, como la evidencia que surge del conocimiento de la respuesta individual a la dieta, han permitido entender cómo y por qué el aumento de BAFF se relaciona con enfermedades autoinmunes, desde la Tiroiditis de Hashimoto a la artritis reumatoide, del Lupus a la esclerosis múltiple y todas sus variantes conocidas.

Medir BAFF y PAF es una herramienta muy potente, que permite actuar de forma terapéutica y preventiva contra muchas enfermedades.

La piel siempre ha estado reconocida como el “espejo” de las condiciones interiores; una investigación danesa publicada en febrero de 2017 en Journal of the American Academy of Dermatology destacó en un estudio realizado llevado a cabo en una gran muestra la relación existente entre personas con dermatitis atópica y enfermedades autoinmunes (Andersen YM et al, J Am Acad Dermatol. 2017 Feb;76(2):274-280.e1. doi: 10.1016/j.jaad.2016.08.047. Epub 2016 Oct 11).

Quiere decir que más de 8000 pacientes adultos, afectados con dermatitis atópica (se consideran relacionados con la alergia o al menos una diátesis alérgica del paciente que la padece), se compararon con aproximadamente 40000 personas sanas para evaluar la presencia de diferentes enfermedades autoinmunes en la población, a partir de registros de al menos 15 años de historia clínica.

11 enfermedades autoinmunes diferentes tenían una correlación significativa entre la presencia de una trastorno de la piel y un trastorno inmunológico, agravadas en gran medida por la presencia simultánea del humo del tabaco.

Se han reconocido una relevancia estadística y una significatividad para:

  • alopecia areata
  • vitiligo
  • urticaria crónica
  • celiaquía
  • glomerulonefritis crónica
  • síndrome de Sjögren
  • lupus eritematoso sistémico (LES)
  • espondilitis anquilosante
  • enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa
  • enfermedades inflamatorias intestinales (EII)
  • artritis reumatoide

Las limitaciones del estudio están relacionadas con el hecho de que una determinada relación de causa no puede definirse, sino solo la probabilidad de existencia. Traducir del “médico” al lenguaje común, significa que cuando un médico se encuentra con una persona con dermatitis atópica, sería conveniente considerar la posibilidad de que exista simultáneamente una enfermedad autoinmune o más de una al mismo tiempo (según lo documentado por el estudio mencionado).

Nuestra experiencia en nuestro centro sobre la relación entre dermatitis atópica y alimentación nos indica seguir una secuencia lógica precisa:

De hecho, hoy se sabe que:

  • La dermatitis atópica suele tener una raíz nutricional
  • BAFF está relacionado en gran medida con la génesis de muchas enfermedades autoinmunes
  • BAFF está fuertemente correlacionada con los hábitos de alimentación.

Por esta razón, la medición de BAFF, PAF y del Perfil Personal de Alimentos permite tratar la dermatitis de manera positiva a través de un cambio de alimentación, o al menos para ayudar a su curación o control.

El significado de este trabajo danés no es solo estimular a los médicos para profundizar el análisis en presencia de una dermatitis atópica, sino permitir que cualquier persona razone sobre la presencia de una dermatitis.

Se suele pensar que una piel enferma “no hace daño a nadie”, pero en realidad, si reconocemos un movimiento reactivo de la piel, debemos pensar en el hecho de que esta es una señal importante a tener en cuenta.

Usar la piel como “indicador” de un trastorno sistémico puede ayudar a mejorar el estado de bienestar, a recuperarse de una dermatitis y sobre todo a evitar una posible progresión hacia una enfermedad autoinmune que, sin duda, es más difícil de manejar.


Attilio Speciani

 

 

Inmunidad, asma e intestino: hacia un mejor entendimiento

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En los últimos 15 años, importantes cantidades de recursos humanos y económicos han sido invertidos en el estudio de las bases genéticas de las alergias, sin dar lugar a un beneficio real.

La única buena noticia es la mejor comprensión de algunas de estas condiciones, pero es muy poco si se compara con el esfuerzo realizado. Por ejemplo, hoy en día somos capaces de distinguir subgrupos  de personas asmáticas con características genéticas especiales, pero sin dar lugar a ninguna innovación terapéutica.

La implicación del ADN en las alergias ha sido puesto de relieve por científicos e investigadores, sin dejar de repetir que la cura del asma y alergias está en la base genética. Sin embargo, los hechos han probado que es una hipótesis errónea.

Adnan Custovic es un reconocido médico inglés, inmunólogo e investigador. En la introducción de su brillante informe del Congreso de la Academia Europea de Alergia de 2015 (Barcelona), ayudó a los delegados a entender mejor la correlación entre algunos aspectos de nuestro genoma y la hipótesis de una higiene excesiva, lo que explica muy bien el aumento de las alergias en los países de occidente.

En pocas palabras, sabemos que estar rodeados de bacterias y vivir los primeros años de vida en un entorno rural reduce significativamente la prevalencia de las alergias y el asma.

En lugar de ello, el exceso de las vacunas, la relativa ausencia de enfermedades infecciosas y el estilo de vida occidental causan un aumento de las condiciones alérgicas.

Otra manera de verlo es como si nuestro cuerpo tuviera que encontrar el equilibrio entre las infecciones y las alergias, la cual está sesgada hacia la últimas en los países occidentales.

Custovic asigna el nivel adecuado de importancia al componente genético mediante el reconocimiento de la hipótesis de la higiene excesiva, también demostrando que para ciertas subpoblaciones genéticamente bien caracterizadas, dicha teoría no es cierta y las consecuencias pueden ser lo contrario.

En su charla, Custovic destacó que no es posible hacer generalizaciones absolutas. Una cierta hipótesis puede ser cierta en general, pero cuando se trata de alergias e inmunología debemos mirar en el carácter individual de la respuesta, en busca de soluciones que respeten a la persona más que a la teoría.

Es importante entender la base genética y la herencia de los padres, en términos de cromosomas, hábitos y comportamiento. Por ejemplo, en 2005 un artículo de Chestdescribió la fuerte correlación entre el desarrollo de las alergias y el hecho de que la abuela (no sólo la madre) fumara durante el embarazo (YF Li et al, Chest. 2005 April; 127 (4): 1232-41).

La dieta juega un papel importante, como los niveles de IgG (inmunoglobulinas G) generados en respuesta al contacto prolongado con un antígeno, ya que estas moléculas pueden modular la respuesta alérgica y reducir los síntomas asociados, como muestra Custovic en Journal of Allergy and Clinical Immunology de 2011(Custovic A et al, J Allergy Clin Immunol. 2011 Jun; 127 (6): 1480-5.doi: 10.1016/j.jaci.2011.03.014. Epub 2011 Apr 13).

El estudio también menciona el papel desempeñado por el microbioma intestinal, en otras palabras, los tipos de bacterias y virus que viven en nuestro intestino que son considerados hoy en día como uno de los moduladores más importantes de la respuesta alérgica, como hemos mencionado anteriormente.

El mensaje más importante que se puede obtener del artículo es la individualidad de la respuesta inmune, que es fuente de inspiración y aplicable a la clínica práctica. La prevención y la terapia de cualquier forma alérgica siempre deben estar adaptados a las características individuales de cada paciente.

También es aplicable para las reacciones inmunes más “clásicas”, como la rinitis alérgica.

Como ya se informó en 2012 en JACI, incluso la típica rinitis del polen de hierba es manifestada a través de una alta respuesta individual a varios componentes alérgicos, haciendo cada tipo de evento alérgico diferente (Tripodi S et al, J Allergy Clin Immunol. 2012 Mar; 129(3):834-839.e8.doi: 10.1016/j.jaci.2011.10.045. Epub 2011 Dec 28).

Todas estas evidencias apoyan el camino que hemos venido señalando desde hace años. Siempre damos valor a la individualidad del paciente en cada tratamiento diseñado para ayudar a las personas alérgicas, incluyendo el papel que juega en las alergias respiratorias la dieta, el estilo de vida, el microbioma intestinal y la herencia genética, la cual es importante pero no decisiva, como describe claramente una de nuestras citas favoritas: “los genes no son tu destino”.

Sin olvidar sus bases científicas, la medicina debe utilizar un enfoque orientado al paciente, y definir un tratamiento personalizado, que se adapte a cada persona mediante la comprensión y el respeto de su historia y características.

 

¿Pan integral o pan blanco? No hay reglas, depende de la inflamación y de la microbiota

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A principios del año 2016 un grupo de investigadores israelíes publicaron en la revista Cell un estudio sobre la necesidad de una dieta personalizada para poder predecir el impacto metabólico de cualquier comida en una persona.

Los resultados demostraron que el efecto de un alimento sobre el organismo no depende del alimento en sí, es decir, si es bueno o malo, sino del tipo de reacción inflamatoria presente en el cuerpo y de la prevalencia de bacterias intestinales de esa persona.

En estas páginas se ha discutido otras veces la necesidad de las opciones personalizadas para que una dieta sea eficaz. Es necesario identificar los niveles de inflamación de una persona y optimizar la composición del plato, además de evaluar la composición dominante de las bacterias intestinales. De esta manera la elección nutricional será personalizada y eficaz.

En poco más de un año, en junio de 2017, el mismo grupo de investigación publicó en Cell Metabolism los resultados de otro estudio. Evaluaba la respuesta al pan blanco o pan integral en un grupo de personas, confirmando exactamente lo que se ha dicho anteriormente sobre la individualidad de la respuesta a los alimentos (Korem T et al, Cell Metab. 2017 Jun 6;25(6):1243-1253.e5. doi: 10.1016/j.cmet.2017.05.002).

En el estudio, los investigadores israelíes consideraron (algunas valoraciones muy breves, una semana de uso) que las diferencias metabólicas que podrían ser reconocidas no dependían del pan de harina refinado o del pan integral utilizado en el experimento, sino de las características individuales de la persona que lo comía.

La individualidad de la respuesta es la base científica sobre la que se basa esta investigación, aunque haya sido publicada en algunos medios de comunicación  (artículo de la Reppublica, periódico italiano) que planteaban que la base fueran las diferencias entre el pan integral y el pan blanco, mostrando el posible “renacimiento” del pan blanco a base de harina refinada.

El tema científico va más allá de este interés comercial. Basta con considerar la opción de una reactividad a aceites cocinados, a la harina integral, al tipo de fermentación u otras sustancias presentes en uno de los panes y no en el otro. Son condiciones que pueden interferir con el metabolismo aumentando el nivel de inflamación relacionada con los alimento.

La superioridad de la harina de trigo integral, con sus beneficios en términos de reducción de la mortalidad por todas las causas, ha sido ampliamente documentada desde todos los puntos de vista, pero en nuestra práctica, a través de protocolos terapéuticos específicos, siempre encontramos una elección nutricional personalizada que reduce el aspecto inflamatorio inducido por la dieta.

Medir los valores de las citoquinas inflamatorias e identificar las mejores cepas bacterianas utilizadas para reequilibrar la microbiota intestinal, junto con un equilibrio de los grupos de alimentos presentes en el plato, son parte, como indica Harvard Medical School, de los procedimientos que optimizan el aspecto nutricional, reduciendo los síntomas presentes (como colon irritable, meteorismo, dolores abdominales) y activando adecuadamente el metabolismo.

Desde hace años se sabe que reducir sustancias como BAFF y PAF pueden mejorar la sensibilidad insulínica. Controlar la resistencia a la insulina, estudiar la composición de cada comida, mejorar la microbiota intestinal y reducir la inflamación, son las herramientas más importantes ya que el metabolismo se encuentra en el estado de activación para mejorar la salud en general.

Merece la pena recordar que la mayor parte de patologías relacionadas con el “progreso”, es decir, las enfermedades inflamatorias crónicas degenerativas más extendidas, están estrechamente correlacionadas con un aumento de la resistencia a la insulina.

Alzheimer, cáncer, diabetes, obesidad, hipertensión y todas las enfermedades autoinmunes también están relacionadas con este tipo de problema. Encontrar y establecer un esquema dietético que le permita superar este impacto, se convierte en una herramienta para la salud y el bienestar.

Esta investigación sigue documentando la necesidad de una dieta personalizada, elemento cardinal del estudio. Volver a evaluar el plan blanco es una manera de recordar de que el problema no es el alimento en sí, si no depende de las condiciones individuales, como la inflamación y la microbiota.

Tenemos frente a nosotros un futuro hecho de individualizaciones en la dieta para poder llegar a una medicina de precisión, además de una prevención y terapia totalmente personalizada. Seguimos avanzando hacia un camino en el que la identificación de biomarcadores ayuden y faciliten la posibilidad de elecciones personalizadas, y sea cada vez más evolutiva y científica.