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Salva a un amigo: haz que se mueva contigo

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Hay movimiento y movimiento, y lo importante es que, cualquiera elijáis. vuestr@ amig@ sea consciente de hacerlo con vosotros.

Que sea una escuela de baile, una carrera por el parque o un entrenamiento en el gimnasio poco importa: llevar vuestras amistades a entrenar puede salvarles la vida (y moveros juntos a ellos os puede salvar la vida a vosotros).

La inactividad física es un killer de proporciones mundiales: con la inactividad física crecen de hecho las patologías crónicas, las que no son transmisibles (por ejemplo el cáncer) e incluso la mortalidad global. La Organización Mundial de la Salud estima incluso que 3,2 millones de muertes anuales sean reconducibles a la inactividad física.

Los países occidentales son los que menos se mueven (a menudo los trabajos son de tipo sedentario y las escusas para no hacer deporte son fáciles de encontrar).

En 2016 (año de la estadística más reciente, publicada en Lancet Global Health el 4 Septiembre 2018), la media de inactividad física en Europa es de un 22% de los varones y un 24,7% de las mujeres. En España la inactividad física afecta a un 30% de las mujeres y un 22% de los varones.

Haceros un favor mutuo: que sean vuestros amigos o seáis vosotros los que no se están moviendo lo suficiente, cambiad las cosas. Para vuestro bien y para el bien de las personas que queréis.

¿Necesitáis más estímulos? Compartid vuestros resultados en las redes sociales (que se ha demostrado producir mayor nivel de actividad física general), recordando que los estándares que superar para considerarse “activos” son 150 minutos semanales de actividad moderada, 75 minutos semanales de actividad intensa, o combinaciones equivalentes de las dos actividades .

¡Podemos lograrlo!

Bibliografía esencial

 

Conocer tu perfil alimentario para acabar con la inflamación

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Conocer el perfil alimentario de cada persona da la posibilidad de retomar la justa variedad alimentaria, de controlar la mayor parte de los procesos inflamatorios del organismo y de estimular un recorrido activo hacia la curación de muchas enfermedades.

La investigación científica de los últimos años han puesto en discusión conceptos a estas alturas obsoletos como aquellos conectados con las llamadas “intolerancias alimentarias” y han permitido supera la visión de “alimentos enemigos” que a menudo ha acompañado diagnosis de este tipo.

Ha habido investigaciones que han identificado el rol del BAFF (y sucesivamente del PAF) como mediadores de las reacciones alimentarias y otras que han definido mejor el rol de señal de las inmunoglobulinas G, ósea anticuerpos de clase G en relación a los alimentos.

Estos, que por muchos años han sido equivocadamente considerados anticuerpos “contra” los alimentos, gracias a los estudios de Ligaarden y Ferrazzi y de muchos otros investigadores, se han identificado como simples señales que indican un consumo repetitivo de los alimentos por parte del organismo.

Una persona que coma muchos lácteos o que diariamente introduzca pequeñas cantidades, sin nunca dejar espacio al descanso del organismo, desarrollará después de un periodo unos anticuerpos IgG para la leche o para algún producto relacionado, señalando entonces una posible sobrecarga temporal en el consumo de ese alimento.

Incluso en enfermedades idénticas, como se ha visto en el caso de colitis y del morbo de Crohn, en las zonas centro europeas las reacciones más frecuentes están relacionadas con leche, gluten y levaduras, mientras que en China las reacciones alimentarias están más conectadas con arroz, soja y maíz.

No existe entonces un alimento malo en sí, si no que el hecho de consumirlo de forma equivocada, puede determinar su rol de activador de molestias o enfermedades. Es suficiente pensar en la relación que a menudo existe entre gluten y el Síndrome del Colon irritable, entre levaduras y enfermedades autoinmunes, entre leche y levaduras y Artritis reumatoide, entre inflamación alimentaria y obesidad.

En Septiembre 2015 un trabajo publicado en el Journal of American College of Nutrition ha descrito un enfoque innovador que se utiliza en los análisis de citoquinas inflamatorias como BAFF y PAFA, conectándolas al perfil alimentario individual que se evidencia en las evaluaciones de las IgG hacia los alimentos (Speciani AF, Piuri G. J Am Coll Nutr. 2015;34 Suppl 1:34-8. doi: 10.1080/07315724.2015.1080109).

Por fin gracias a la interpretación de las IgG como simples anticuerpos que indican el nivel de ingesta de un grupo de alimentos en la dieta individual, la impostación dietética que deriva de los test que efectúan este tipo de análisis (como Biomarkers), permite la reintroducción, incluso de los alimentos consumidos en exceso, desde el principio, siempre y cuando se deje un tiempo correcto entre una toma y otra, para permitir al organismo una pausa inmunológica adecuada.

Se trata de un proyecto de bienestar que evita el delirio causado de la absurda percepción de la comida como enemiga.

Sabemos que entre los alimentos de la tradición alimentaria “no existe una comida mala” (con la excepción de aquella producida de malo modo o que contenga sustancias toxicas o dañinas). Se trata de un “lema” que nace de la experiencia de trabajo de más de 35 años en este campo y de los datos científicos que las investigaciones más recientes siguen proporcionando.

Hay quien todavía intenta desacreditar cualquier investigación sobre alimentos o alimentación (Ioannidis JP. BMJ. 2013 Nov 14;347:f6698. doi: 10.1136/bmj.f6698), criticando los trabajos observacionales de todo tipo y cualquier esquema dietético que intente proporcionar respuestas validas para todos.

Nosotros desde hace años usamos métodos de nutrición que se basan en los análisis individuales para individuar las necesidades personales con el fin de alcanzar la salud.

La dieta correcta es aquella que lleva el nombre de quien la sigue, no de quien la prescribe.

La lectura de los niveles de IgG, como señales alimentares, corresponde a una visión evolutiva, como explica Finkelman en algunos de sus trabajos ya a partir del 2007.

Usar el perfil alimentario individual de este modo conduce cualquier persona hacia el bienestar y hacia el control de muchas de las reacciones inflamatorias.

Se trata de una práctica clínica que lleva a una relación correcta con la comida.

Cuando una persona se alimenta de la forma más adecuada a sus necesidades personales, teniendo como base los datos proporcionados directamente desde el interior y no en relación a ideas exteriores preconcebidas o arbitrarias, se hace posible controlar de modo sencillo el aspecto inflamatorio presente y ayudar cada individuo a reconquistar y mantener el propio bienestar.

El BAFF y todas sus actividades. Porqué cada vez es más importante.

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Cuando en el 2010 nuestro grupo de investigación empezó a estudiar el BAFF (una citoquina inflamatoria) y a poner en relación muchas de las molestias inflamatorias más comunes con su presencia en el organismo, eran muy pocos los que conocían cual fuera su función y a entender lo que realmente hacía el BAFF.

Desde hace años nos ocupamos de inmunología de la nutrición y cuando el trabajo de Lied explicó que la relación con los alimentos que podían crear molestias al organismo estaba mediado por el BAFF empezamos a dedicar gran parte de nuestros esfuerzos a la investigación sobre esta molécula y al estudio de sus posibles usos prácticos (Lied GA et al, Aliment Pharmacol Ther. 2010 Jul;32(1):66-73. Epub 2010 Mar 26).

En realidad ya en 2007 el BAFF había sido indicado por Fabris, que publicó sus resultados en el Scandinavian Journal of Gastroenterology, como posible marcador de la celiaquía. Debido pero a que sus valores se elevaban también en respuesta a alimentos diferentes al gluten, su investigación fue gradualmente dejada de un lado (Fabris M et al, Scand J Gastroenterol. 2007 Dec;42(12):1434-9).

Se volvió a retomar en 2010, cuando Lied, junto con su grupo de gastroenterólogos noruegos, publicó en el Alimentary Pharmacology & Therapeutics los resultados de la investigación que evidenciaba que el BAFF es la citoquina producida por el organismo cuando reacciona a un alimento.

Se trató de un punto de flexión importante del punto de vista científico, que ha permitido poner punto final al tema de las llamadas “intolerancias alimentarias”, referencia que ya no tiene alguna connotación científica debido a las modalidades, a menudo criticas, con las que estas han sido individuadas y gestionadas a lo largo del tiempo. Un término que desde hace 6 o 7 años evitamos cuidadosamente de usar, menos que en el caso de las únicas intolerancias reconocidas por la ciencia: la intolerancia bioquímica a la lactosa y la intolerancia al gluten de tipo celíaco.

Se trata de una sustancia que revoluciona la percepción de los fenómenos de reacción a la comida. El BAFF representa la sustancia inflamatoria que es “señal” de la reacción, y que explica la cantidad de síntomas relacionados con la reacción alimentaria.

No es poco para una sustancia que nadie ha investigado hasta estos últimos años. El BAFF es activo en situaciones y ámbitos en los que la reacción debida a los alimentos, a menudo, se ha puesto en relación con varias patologías, como el artritis reumatoide, la obesidad, las migrañas, la tiroiditis de Hashimoto o las patologías respiratorias crónicas y además con todas las enfermedades autoinmunes.

En 2017, exactamente el 27 de Abril, se publicó en el New England Journal of Medicine (tal vez la más prestigiosa revista médica mundial) una investigación efectuada sobre el hombre que confirmó la importancia del BAFF en las enfermedades autoinmunes, abriendo las puertas a nuevas perspectivas de diagnosis y de terapia (Steri M. et al, N Engl J Med. 2017 Apr 27;376(17):1615-1626. doi: 10.1056/NEJMoa1610528). 

Se trata de un trabajo científico internacional, coordenado por la Universidad de Sassari (Cerdeña, Italia), que por fin ha hecho convergir la evidencia genética y la funcional de un modo preciso, definiendo también las modalidades con las que algunos tipos de ADN pueden expresarse en el ámbito clínico. De hecho evidenciando que el BAFF no solamente es involucrado en la génesis del Lupus si no de todas las enfermedades autoinmunes.

De todas formas desde 2013, una investigación publicada en Cytokine and Growth Factors Review ha amplificado esta percepción. El importante artículo ha definido que el BAFF, a parte de su acción sobre el autoinmunidad, está involucrado de un modo muy relevante en la gestión de los problemas como cáncer, enfermedades infecciosas y las alergias (Vincent FB et al, Cytokine Growth Factor Rev. 2013 Jun;24(3):203-15. doi: 10.1016/j.cytogfr.2013.04.003. Epub 2013 May 15). Una molécula que merita toda nuestra atención.

La reflexión que hacemos hoy, ya reforzada por datos científicos seguramente inesperados en los años pasados, es que el estudio de la relación con la comida tiene una importancia básica en la clínica humana. BAFF (a la par que PAF, que también medimos en nuestro test) representa una molécula de “señal”. Una señal para el organismo que reacciona de consecuencia de forma patológica.

Haber comprendido que BAFF y PAF pueden ser modulados y controlados a través de elecciones alimentarias sencillas ha reabierto la esperanza de poder reaccionar de forma preventiva además que terapéutica sobre gran parte de las patologías crónicas y degenerativas más difusas.

La medición de BAFF y PAF consiente a menudo a cada uno de nosotros de retomar las riendas de su destino y a nosotros de seguir investigando sabiendo de ir hacia el “camino correcto”.

Inositol: limpia tu cuerpo para apoyar el estado de ánimo y la actividad hormonal

Inositolo-darsi-una-ripulita-per-sostenere-umore-e-attivita-ormonale_articleimageNuevas investigaciones confirman la acción del inositol en la depresión, diabetes y ovarios poliquísticos. Nada mal para una sustancia natural considerada por algunos como un mero desintoxicante.

El inositol encuentra su principal fortaleza en su acción múltiple, siendo uno de las sustancias naturales más importantes capaces de, al mismo tiempo, ajustar el metabolismo, el estado mental y guiar la detoxificación hepática.

También conocida como mesoinositol o vitamina B7, pensar en un fármaco con una sola acción es erróneo.

Durante años su uso se ha ligado con la detoxificación, basado en los efectos importantes a nivel de la eficiencia mitocondrial. En otras palabras, el inositol mejora el consumo de oxígeno y corrige el funcionamiento de aquellos órganos que contienen muchas mitocondrias, como los músculos, el hígado y la piel.

Sin embargo, estudios científicos recientes han descrito su acción como “segundo mensajero”, que resulta ser crucial en la regulación de muchos aspectos del metabolismo.

Como ya hemos indicado, un “segundo mensajero” ayuda a la transmisión de información útil, que puede llegar a la célula internamente. El inositol desempeña este papel (CH Tran et al, Front Physiol. 2014 Jun 30;5:243. doi: 10.3389/fphys.2014.00243. eCollection 2014) al actuar como un rápido transportador de información que activa al menos 30 de las funciones enzimáticas y metabólicas más importantes de nuestro organismo.

Esto explica por qué en los últimos meses se han visto una serie de artículos científicos informando de los posibles efectos beneficiosos de la integración del inositol.

Un grupo de investigadores japoneses publicó en Journal of Paediatrics Endocrinology & Metabolismun estudio que puso de relieve cómo el consumo de inositol y su dispersión en orina pueden representar un indicador de tendencia a la diabetes o al menos una mayor resistencia a la insulina. (Satake E et al, J Pediatr Endocrinol Metab. 2015 Sep 11. pious: /j/jpem.ahead-of-print/jpem-2015-0107/jpem-2015-0107.xml. doi: 10.1515 / jpem-2015-0107. [Epub ahead of print]).

Unos días antes de este estudio, un grupo de ginecólogos de California publicó un artículo similar en Journal Reproductive Sciences, señalando cómo la disregulación de inositol durante el primer trimestre del embarazo puede estar correlacionado con una mayor incidencia de diabetes gestacional (A Murphy et al, Reprod Sci. 2015 Sep 8. pii: 1933719115602767. [Epub ahead of print]).

Por lo tanto, hay una fuerte relación entre el inositol y el metabolismo del azúcar, lo que indica un apoyo muy útil para todos los casos de insulinorresistencia.

El uso de al menos 2 gramos de inositol (por ejemplo, 2 comprimidos de Inositox) por la mañana antes del desayuno, incluso durante periodos prolongados, contribuye a mejorar el síndrome poliquístico (junto con una regulación hormonal específica) y el acné (2 gramos al día), ya sea como tratamiento exclusivo o junto a otras terapias (antibióticos, píldora anticonceptiva, retinoides).

En junio de 2015, un estudio francés informó sobre la mejora en la sensibilidad a la insulina en animales de laboratorio tras la administración de inositol, además de limitarse el vaciado celular, previniendo eventos relacionados con la diabetes (Croze ML et al, Br J Nutr. 2015 Jun 28; 113 (12): 1862-75. doi: 10.1017/S000711451500121X. Epub 2015 May 20).

Y esto no es todo, un grupo de psiquiatras americanos (Universidad de Medicina de Maryland, Baltimore) estudió el mismo tipo de problema (agotamiento de inositol en células cerebrales) en relación con la depresión; menor cantidad de inositol en células cerebrales, más probabilidades de desarrollar depresión (Chiappelli J et al, Neuropsychopharmacology. 2015 Aug; 40(9): 2157-64. doi: 10.1038/npp.2015.57. Epub 2015 Feb. 27).

Sabemos con certeza que el inositol, mediante su acción de regulación de energía, es capaz de mejorar de forma natural el estado de ánimo y tener efectos antidepresivos altamente significativos.

La suplementación de inositol (de 2 a 3 gramos al día) puede prevenir el vaciado de inositol en el cerebro y permitir mantener el estado de ánimo en niveles positivos.

La lista de acciones beneficiosas es larga:

  • Detoxificación del hígado (para este caso, Dima Hepa muy útil)
  • Control del acné
  • Modulación del síndrome de ovario poliquístico
  • Acciones antidepresivas
  • Mejora de la sensibilidad a la insulina
  • Prevención de la diabetes
  • Apoyo a la quimioterapia
  • Regulación hormonal

De manera similar que la actividad física, el inositol mejora la sensibilidad a la insulina activando los canales de transporte de glucosa (GLUT4) necesarios para contrarrestar la resistencia a la insulina provocada por los malos hábitos de alimentación.

El uso de inositol, de acuerdo con las instrucciones prescritas, actúa como un “carburador de un motor“, regulando su funcionamiento interno de una manera muy fina. De esta manera, podemos regular nuestro cuerpo mediante señales naturales y finas en una forma que no muchos fármacos son capaces de ofrecer.

 

¿Por qué el dolor puede ser el comienzo de una enfermedad?

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Muchas enfermedades aparecen tras un dolor físico o emocional, tras una intensificación de la acción inflamatoria. Hoy en día, nuevas teorías nos ayudan a entender el por qué.

En la clínica, se hace evidente que el origen de las enfermedades o la aparición de molestias son tras un evento emocional, físico o psicológico. Tal relación ha sido ampliamente descrita por el premio Nobel de 1986 Rita Levi Montalcini (y anteriormente por mi padre, Luigi Oreste) a través de la acción desempeñada por NGF (Factor de Crecimiento Nervioso, por sus siglas en inglés). Sin embargo, no explica de manera efectiva cuáles son los mecanismos implicados en la secuencia del dolor/ enfermedad.

Cuando en nuestro centro en Milán tratamos reacciones relacionadas con la alimentación, explicamos a nuestros pacientes cómo la cirugía, así como una ruptura o un duelo son capaces de activar respuestas reactivas hacia la comida o al polen, además de desencadenar una cascada de reacciones que conducen a condiciones con un gran impacto clínico como enfermedades autoinmunes, artritis y cáncer.

La explicación de este fenómeno está basado en teorías evolutivas.

Por ejemplo, los caballos y otras especies se comportan de una manera incomprensible cuando se ven atrapados o  hay un obstáculo en su camino.

El caso de los caballos esquivando una valla, seguido de una galopada, puede estar relacionado con algún tipo de memoria defensiva desarrollada, años atrás, por el animal cuando en una ocasión apareció un conejo en la misma valla, ocasionando una caída y dolor al animal.

Simples razones evolutivas pueden explicar esto, cada vez que el caballo pasa galopando cerca de ese obstáculo en particular, cambia de dirección. El caballo vincula mentalmente el cercado con un evento traumático; por tanto, instintivamente se ve obligado a evitarlo cuando se acerca a él.

Un ejemplo más dramático puede ser el caso de una joven mujer asaltada y golpeada en su camino a casa. Tras los primeros momentos de pánico y dolor, una vez recuperada de sus heridas, se sentirá tensa y aparecerán sentimientos cada vez que pase por esa esquina o calle.

Es obvio que la calle no le ha hecho ningún daño a ella, ya que siempre ha estado ahí, inmóvil desde que fue construida.

Es fácil entender las razones evolutivas que nos llevan a identificar el entorno como el posible “culpable”: si experimentamos dolor, sufrimiento o violencia, nuestro cuerpo analiza cuidadosamente el entorno donde ocurrió. “Entorno” es considerado no solo la calle, también el aire respirado y la comida ingerida unas horas antes.

Una vez que un peligro ha sido identificado e interiorizado, el cuerpo humano intentará por todos los medios evitar ese entorno reconocido como causa de sufrimiento, y enviará señales (hinchazón abdominal, estornudos, dolor en las articulaciones, asma, urticaria, picores) para marcar el contacto con el entorno previamente identificado como peligroso. El mismo mecanismo se desencadena en una operación quirúrgica, un trauma emocional o un cambio radical (bullying, embarazo, despido, matrimonio, divorcio, nuevas tareas…).

Hoy día, el dolor y la angustia emocional son evaluados en términos de citoquinas inflamatorias y señales internas de peligro.

Cuando nuestro cuerpo inspecciona el ambiente intestinal, crea (por ejemplo) una correlación entre un tipo particular de dolor y la presencia de pan y queso en el intestino.

Los días siguientes, cuando al sufrimiento generado en esa situación negativa específica y el pan y el queso siguen en el intestino, el cuerpo reconoce esa presencia como una posible causa activa de sufrimiento. De esta manera, los componentes del pan y el queso (levadura, leche, trigo y sal) son identificados como peligrosos y el organismo enviará señales inflamatorias e irritantes tras la ingesta de estos productos, en un intento de prevenir el dolor sufrido.

En los últimos años, nos hemos dado cuenta que este tipo de reactividad (aplicable también al polen, moho y ácaros) genera la producción de citoquinas muy específicas, generando reacciones potencialmente dañinas para el cuerpo.

Este tipo de fenómenos comienzan a partir de un evento inflamatorio (BAFF y PAF sirven como medida) que pueden conducir a enfermedades autoinmunes así como a un desequilibrio inmunológico en la defensa antitumoral. Para curarse, se debe recuperar la tolerancia inmunológica hacia los alimentos, polen y todo el entorno que lo rodea.

Las pruebas de diagnóstico tales como BioMarkers analizan tanto los niveles inflamatorios como el perfil personal alimentario, que representan dos parámetros correlacionados en estas situaciones. Entendiendo el significado de estos resultados, el paciente puede ser guiado hacia el camino de la tolerancia.

En el ejemplo anterior, la mujer puede aprender a caminar por la calle donde la agresión ocurrió entendiendo que la calle en sí es irrelevante para el dolor sufrido; del mismo modo, la relación con los alimentos que desencadenan la inflamación puede ser gradualmente entrenada mediante una dieta variada, rica, agradable y saludable.

Una vez más, la correlación entre nutrición, sistema inmune y entorno se confirma como una de las variables esenciales para la vida de cualquier organismo. Dicha relación define la supervivencia y la calidad de la vida.

Entender nuestro cuerpo abre nuevas vías para la recuperación del bienestar y la curación de muchas de las enfermedades más comunes.