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Conocer tu perfil alimentario para acabar con la inflamación

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Conocer el perfil alimentario de cada persona da la posibilidad de retomar la justa variedad alimentaria, de controlar la mayor parte de los procesos inflamatorios del organismo y de estimular un recorrido activo hacia la curación de muchas enfermedades.

La investigación científica de los últimos años han puesto en discusión conceptos a estas alturas obsoletos como aquellos conectados con las llamadas “intolerancias alimentarias” y han permitido supera la visión de “alimentos enemigos” que a menudo ha acompañado diagnosis de este tipo.

Ha habido investigaciones que han identificado el rol del BAFF (y sucesivamente del PAF) como mediadores de las reacciones alimentarias y otras que han definido mejor el rol de señal de las inmunoglobulinas G, ósea anticuerpos de clase G en relación a los alimentos.

Estos, que por muchos años han sido equivocadamente considerados anticuerpos “contra” los alimentos, gracias a los estudios de Ligaarden y Ferrazzi y de muchos otros investigadores, se han identificado como simples señales que indican un consumo repetitivo de los alimentos por parte del organismo.

Una persona que coma muchos lácteos o que diariamente introduzca pequeñas cantidades, sin nunca dejar espacio al descanso del organismo, desarrollará después de un periodo unos anticuerpos IgG para la leche o para algún producto relacionado, señalando entonces una posible sobrecarga temporal en el consumo de ese alimento.

Incluso en enfermedades idénticas, como se ha visto en el caso de colitis y del morbo de Crohn, en las zonas centro europeas las reacciones más frecuentes están relacionadas con leche, gluten y levaduras, mientras que en China las reacciones alimentarias están más conectadas con arroz, soja y maíz.

No existe entonces un alimento malo en sí, si no que el hecho de consumirlo de forma equivocada, puede determinar su rol de activador de molestias o enfermedades. Es suficiente pensar en la relación que a menudo existe entre gluten y el Síndrome del Colon irritable, entre levaduras y enfermedades autoinmunes, entre leche y levaduras y Artritis reumatoide, entre inflamación alimentaria y obesidad.

En Septiembre 2015 un trabajo publicado en el Journal of American College of Nutrition ha descrito un enfoque innovador que se utiliza en los análisis de citoquinas inflamatorias como BAFF y PAFA, conectándolas al perfil alimentario individual que se evidencia en las evaluaciones de las IgG hacia los alimentos (Speciani AF, Piuri G. J Am Coll Nutr. 2015;34 Suppl 1:34-8. doi: 10.1080/07315724.2015.1080109).

Por fin gracias a la interpretación de las IgG como simples anticuerpos que indican el nivel de ingesta de un grupo de alimentos en la dieta individual, la impostación dietética que deriva de los test que efectúan este tipo de análisis (como Biomarkers), permite la reintroducción, incluso de los alimentos consumidos en exceso, desde el principio, siempre y cuando se deje un tiempo correcto entre una toma y otra, para permitir al organismo una pausa inmunológica adecuada.

Se trata de un proyecto de bienestar que evita el delirio causado de la absurda percepción de la comida como enemiga.

Sabemos que entre los alimentos de la tradición alimentaria “no existe una comida mala” (con la excepción de aquella producida de malo modo o que contenga sustancias toxicas o dañinas). Se trata de un “lema” que nace de la experiencia de trabajo de más de 35 años en este campo y de los datos científicos que las investigaciones más recientes siguen proporcionando.

Hay quien todavía intenta desacreditar cualquier investigación sobre alimentos o alimentación (Ioannidis JP. BMJ. 2013 Nov 14;347:f6698. doi: 10.1136/bmj.f6698), criticando los trabajos observacionales de todo tipo y cualquier esquema dietético que intente proporcionar respuestas validas para todos.

Nosotros desde hace años usamos métodos de nutrición que se basan en los análisis individuales para individuar las necesidades personales con el fin de alcanzar la salud.

La dieta correcta es aquella que lleva el nombre de quien la sigue, no de quien la prescribe.

La lectura de los niveles de IgG, como señales alimentares, corresponde a una visión evolutiva, como explica Finkelman en algunos de sus trabajos ya a partir del 2007.

Usar el perfil alimentario individual de este modo conduce cualquier persona hacia el bienestar y hacia el control de muchas de las reacciones inflamatorias.

Se trata de una práctica clínica que lleva a una relación correcta con la comida.

Cuando una persona se alimenta de la forma más adecuada a sus necesidades personales, teniendo como base los datos proporcionados directamente desde el interior y no en relación a ideas exteriores preconcebidas o arbitrarias, se hace posible controlar de modo sencillo el aspecto inflamatorio presente y ayudar cada individuo a reconquistar y mantener el propio bienestar.