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El test para determinar los niveles de BAFF y PAF, y el perfil personal alimentario

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Cuando miramos un termómetro, se puede decir inmediatamente si hay fiebre o no. Si la temperatura es alta, se toman unas medidas, y si no lo es, se toman otras.

Las herramientas más avanzadas para evaluar los niveles de inflamación del cuerpo nos permiten tomar las correctas decisiones terapéuticas. Siendo capaces de medir BAFF y PAF (y en un futuro otras citoquinas) mediante el test BioMarkers representa un paso muy importante en el desarrollo de la medicina.

De la misma manera que se lee un termómetro, los valores de las citoquinas nos sugieren qué dirección tomar y en qué momento, además de decidir el plan dietético más apropiado para cada caso.

Según las últimas teorías, la inflamación es uno de los procesos más antiguos (y más efectivos) por el cual nuestro organismo responde a diferentes factores externos desencadenando y enviando señales de alarma.

Niveles altos de inflamación siempre son provocados por infecciones víricas, contaminación, estrés, enfados, falta de sueño, dieta incorrecta o el contacto con alérgenos a los que se es sensible. Algunos de estos aspectos se pueden cambiar fácilmente en nuestra vida, mientras que otros son más difíciles de modificar: si vive en Madrid, por ejemplo, poco se puede hacer con la contaminación pero siempre se puede cambiar la alimentación, para poner al cuerpo listo para funcionar correctamente.

El aumento de la inflamación no provoca automáticamente el inicio de los síntomas, éstos aparecen cuando se superan el nivel de umbral actuando como una señal de alarma. Por esta razón, la evaluación de los niveles de inflamación de los alimentos ha resultado ser una gran ayuda en el tratamiento de numerosas enfermedades inflamatorias, con el fin de definir la terapia apropiada.

BioMarkers, no sólo identifica los niveles de las citoquinas más importantes, sino también qué grandes grupos alimenticios han sido ingeridos en exceso.

Es posible mediante la dosificación de las inmunoglobulinas tipo G específicas de cada alimento. Gracias a los últimos estudios, estos resultados son interpretados sin tener en cuenta el obsoleto concepto de “anticuerpos en contra de”, su función es reconocer los antígenos alimentarios y representar los indicadores de la cantidad ingerida.

La dieta rotacional, definida en función del perfil personal alimentario, está dirigida tanto a la reducción de la inflamación como al aumento del nivel de umbral, que representa la capacidad de nuestro organismo a adaptarse al mundo exterior.

El estudio de los grandes grupos alimenticios, en lugar de un solo alimento, está apoyado científicamente por un trabajo presentado durante la FAMM 2013 en Niza, que mostraba la existencia de 5 grandes grupos de alimentos. Nuestro sistema inmune responde de manera similar a los alimentos que pertenecen al mismo grupo.

Los grandes grupos alimenticios son específicos de cada población: por ejemplo, mientras que los españoles son más sensibles al trigo, leche y levaduras, los chinos lo son más al grupo del arroz, soja y maíz. Esto representa una de las innovaciones más importantes en el campo de las reacciones alimentarias.

Somos capaces de medir con eficacia lo que durante años ha sido definido como
inflamación de bajo grado, que no pueden ser adecuadamente definidos mediante  la ESR o PCR.

La dosificación de las citoquinas inflamatorias como BAFF y PAF nos proporcionan información muy importante, nos permite evaluar correctamente el estado de inflamación de cada individuo, además de abordar el tratamiento. Estas dos citoquinas han sido descritas por Finkelman y Lied como el nexo de unión entre las IgG de los alimentos y la sintomatología clínica cuando se habla de reacciones alimentarias no mediadas por IgE.

Curarse es posible mediante la dieta rotacional, la cual ayuda a recuperar la tolerancia inmunológica, y los suplementos dietéticos, que ofrecen beneficios hacia el redescubrimiento de una dieta variada, agradable y completa.

La integración de sustancias naturales antiinflamatorias ha demostrado ser útil y efectivo, por ejemplo, el aceite de Perilla y grosella negra (Ribilla Zerotox), cúrcuma, inositol, muchos probióticos y productos enzimáticos, son adecuados para mejorar la digestión de los antígenos alimentarios. En nuestra clínica, diseñamos programas terapéuticos individualizados con el fin de recuperar la tolerancia a los alimentos integrando todas las herramientas necesarias para curarse.