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Caída de pelo y alimentación

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La caída o pérdida del pelo es un proceso fisiológico, sin embargo si es excesiva, puede tratarse de un síntoma de malestar con diferentes causas posibles: una potencial patología autoinmune (con características muy específicas), una alopecia, o un daño específico, como en el caso de un tratamiento quimioterápico.

De todos modos, las causas más comunes por las que el pelo se cae son de origen hormonal, nutricional (el pelo responde rápidamente a la falta de algunos nutrientes) y/o inflamatoria.

Independientemente del motivo de la caída del pelo, que puede ser útil consultar con su médico, es importante saber que la nutrición y el estilo de vida tienen un rol fundamental en su prevención y tratamiento.

Una dieta hipocalórica prolongada, la falta de consumo de la cantidad correcta de proteínas o de sales minerales, así como una mala gestión del estrés, juegan un papel relevante en la llamada “telogen effluvium”. Piense en un árbol que en otoño pierde sus hojas, de la misma manera un organismo estresado y sin recursos suficientes puede “decidir de liberarse” por un tiempo de su propio pelo.

La alopecia androgénica, caracterizada por la  caída del pelo localizada en las sienes, está especialmente conectada con una componente hormonal.. En este caso también la nutrición, el control de la inflamación y el estilo de vida tienen un rol importante. Hay que añadir que este tipo de pérdida de pelo está relacionada también al consumo de cigarrillos, por lo que dejar de fumar es muy útil.

¿Qué hacer?

Conocer los niveles de inflamación personales puede ser útil para empezar un régimen de modulación. Un test como Biomarkers puede proporcionar información útil que servirá como punto de partida para guiar un tratamiento eficaz de la inflamación alimentaria, controlándola a través de una dieta de rotación.

Un buen desayuno, la combinación de carbohidratos y proteínas en cada comida, el uso de hidratos a bajo impacto glucémico (fruta y verdura en abundancia, cereales integrales y legumbres) son hábitos de bienestar que ayudan a mantenernos al reparo de las carencias más comunes, con un efecto importantísimo en términos de control hormonal e inflamatorio.

Excluir la presencia de una mala absorción a través de un examen químico físico de las heces puede ser útil. La carencia de zinc, hierro y vitamina D ha sido también asociada a la pérdida excesiva de pelo, por la que la introducción de estos elementos a través de suplementos puede ser de ayuda.

Otras sugerencias

Aprender a gestionar de forma eficaz el estrés al que estamos sujetos es especialmente importante en el tratamiento de este síntoma. Que la causa sea inflamatoria, autoinmune u hormonal, el control de los niveles personales de estrés es esencial.

Un buen desayuno, el consumo de cantidades adecuadas de proteínas y nutrientes y el control de los picos glucémicos (usando hidratos de bajo impacto glucémico asociados a una cuota proteica) son elementos útiles para ayudar el organismo a estar en la mejor condición posible para reaccionar al estrés.

Practicar actividad física y aprender a focalizarse en lo que es realmente importante (por ejemplo a través de la práctica de la respiración consciente) pueden ser una ayuda extra.

El uso de suplementos como el aceite de perilla y de grosella negra pueden ser grandes auxiliares en estos caso, el inositol está especialmente recomendado para los pacientes con alopecia androgénica.

 

 

El final del verano para ponerse en forma

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El final del verano se acerca, pero todavía tenemos un mes de esta bonita temporada para disfrutar y aprovechar en vista de la vuelta del otoño.

Con el verano la naturaleza se despierta y llega a su máximo esplendor y con la naturaleza también el metabolismo tiene tendencia a acelerar de forma espontanea.

Esto significa que perder peso durante el verano es aún más fácil gracias también a la posibilidad de hacer actividades al aire libre.

Gracias a la mayor cantidad de luz tanto por la mañana como por la tarde es el mejor momento para mandar las señales más correctas a nuestro metabolismo para que sea más activo.

Además no hay que olvidar que durante las vacaciones, reduciendo el estrés, todo el cuerpo recupera su equilibrio.

En las épocas de mayor actividad laboral se produce una hormona, el cortisol, responsable de la respuesta de adaptación de todo el organismo. Adaptación significa aguantar el estrés pero al mismo tiempo dar una señal de atención.

Una vez que eliminamos el estrés y el cortisol, el organismo recoge sus frutos y así, generalmente, después de las vacaciones nos encontramos más guapos, más fuertes y en muchas ocasiones con menos masa grasa, tal vez a favor de más musculo y más energía.

Pero, ¿qué pasa con la “operación bikini”?

Tanto para los que todavía no se han ido de vacaciones y necesitan unos consejos para sentirse mejor en menos tiempo, como para los que quieren aprovechar este último tramo de verano para darle ese empujón a al cuerpo y empezar una rutina que les acompañe todo el año, os dejamos 3 trucos:

1. Entrenamientos intensivos, para resultados visibles

Existen muchas “leyendas urbanas” según las cuales para “definir” los músculos los ejercicios tiene que ser de baja intensidad y repetidos en el mayor número de veces posibles. Es una pena, pero los músculos no entienden de diferentes intenciones, y solo saben responder a la pregunta: “¿soy capaz de gestionar esta carga de trabajo?”. Si la respuesta es afirmativa, entonces el estímulo de crecimiento no llega y por lo tanto la producción y conservación de la masa magra tampoco.

Para aumentar la masa magra hay que mantener un entrenamiento intenso, adaptado a las diferentes necesidades energéticas debidas a las diferentes condiciones climáticas.

El cambio de temperatura puede conllevar entrenarse en momentos del día o lugares diferentes a los cotidianos, y hay que aprovechar estas variaciones para probar nuevos ejercicios o actividades, o para dar un repaso a los ejercicios básicos (sentadillas, dominadas, plancha y press militar).

2. Sesiones más cortas

Entrenarse en un clima cálido pide un mayor consumo de energía y esto va a influir de forma determinante sobre el rendimiento, especialmente en la parte final de la sesión.

Para evitar de encontrase sin energías, o aumentar el riego de infortunios, es buena costumbre acortar el tiempo de duración de nuestras sesiones. Una sesión más “concentrada” permite mantener las energías y la concentración mental, maximizando así el rendimiento general.

3. Nunca olvidarse la hidratación

Con el aumento de las temperaturas, también la sudoración suele ser mayor de forma considerable. Este punto es fundamental en cuanto mantener una correcta hidratación es necesario para mantener un buen rendimiento y para evitar problemas de salud debidos a la deshidratación.

No solamente es necesario tomar mucha agua, sino que en caso de entrenamiento es necesario también reintegrar una correcta cantidad de sales minerales. Tener a mano un suplemento salino puede ser la mejor opción durante la época de verano.

Estos 3 trucos junto a una buena alimentación que incluya fruta y verdura, hidratos integrales y una correcta cantidad proteica, pueden aumentar y mantener la forma física deseada durante el verano.

Del mismo modo ayudan a empezar una transformación de nuestro cuerpo, con el objetivo de alcanzar un cambio gradual y duradero también en vista de nuestro próximo verano!

 

¿Cuánta proteína en el desayuno?

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El hecho de que un buen desayuno con la cantidad adecuada de proteínas sea importante para el bienestar ya no es una sorpresa. Pero, ¿cuánta proteína debe ingerirse al desayunar para comenzar bien el día?

Para poder conocer la cantidad de proteína que debe consumirse en el desayuno, en primer lugar debemos conocer cuál es nuestra necesidad proteica total.

La respuesta es simple: en torno a 1-1,5 gramos por kg de peso ideal (1,5 gramos es la indicación para los atletas).

La especificación de ideal” se aplica a aquellas personas que están bajas de peso, y que por lo tanto deben incrementar su masa muscular; así como para las personas con mucha masa grasa. En estos casos, hacer el cálculo sobre el propio peso corporal actual pondría de manifiesto, ya sea una nutrición insuficiente para responder a las exigencias en el caso de las personas con bajo peso, o a una hipernutrición innecesaria para la persona con mucha grasa corporal. Para las personas con un físico atlético o con una masa grasa normal, es posible referirse simplemente al propio peso actual.

El peso idealvaría según la edad, el sexo y la estatura. Para calcularlo existen diferentes fórmulas, disponibles también en línea, que pueden utilizarse para hacerse una idea general de la situación. Es importante especificar que se trata de una cantidad indicativa que se usa para hacer un cálculo, y no de un objetivo a perseguir (la realidad de cada uno está llena de diferentes facetas y no puede, ni debe, basarse en una simple fórmula). La fórmula de Keys, por ejemplo, prevé: estatura expresada en metros al cuadrado x 20,6 en el caso de las mujeres y 22,1 en el caso de los varones.

Es importante señalar que, en general, una falta de proteínas deriva en problemas más serios que una sutil abundancia. Por lo tanto, si tiene dudas, mejor más que menos.  

Basados en lo anterior, por ejemplo, una persona de 60 kg de peso normal (o con peso ideal alrededor de 60 kg) deberá tomar cotidianamente entre 60 y 90 (60×1,5 en el caso de una persona atlética) gramos de proteína.

Ahora considere que 100 gramos de alimentos ricos en proteínas son en promedio 20-30 gramos de proteína. En nuestro ejemplo, esta persona debe consumir de 200 a 450 gramos de alimentos ricos en proteínas al día, dependiendo de la alimentación y del nivel de actividad física del sujeto.

Y finalmente el cálculo que nos interesa: ¿Cuántas de éstas van en el desayuno?

El desayuno debe representar la ingesta más abundante del día. Si dividimos, por ejemplo, nuestros alimentos en tres comidas, tomaremos aproximadamente el 45% en el desayuno, el 35% en la comida y el 20% en la cena.

Para encontrar la cantidad de proteínas indicadas para el desayuno basta coger nuestra necesidad cotidiana (60-90 gramos de proteínas al día de nuestro ejemplo, dependiendo del nivel de actividad física) y multiplicarla por 0,45 (el 45% de la ingesta del día, de tomar en el desayuno).

Por lo tanto, una persona que deba consumir 60 gramos de proteína al día, deberá ingerir 27 gramos de proteína en el desayuno (recordando que 100 gramos de alimento proteico contienen 20-30 gramos de proteínas, dependiendo del alimento). Para una necesidad de 90 gramos totales diarios (la persona con peso o peso idealde 60 kg pero que hace deporte frecuentemente), deberán consumirse 40,5 gramos de proteína por las mañanas. 

Llegados a este punto, es importantísimo especificar que nuestra capacidad de absorber proteínas es limitada, y la cantidad ideal para una óptima absorción proteica se sitúa entre los 20 y los 40 gramos por cada comida. De esta manera, cuando el cálculo de nuestra necesidad matutina supere los 40 gramos, lo mejor es no excederlo, sino redistribuir las proteínas “sobrantes” del desayuno durante el resto de la jornada.

Seguir el propio apetito de manera sana es fundamental, recuerde que estas indicaciones son sugerencias que deben ser introducidas en un contexto general, tanto nutritivo como consciente. 


¿Está listo para calcular tus proteínas de su próximo desayuno?



Níquel: falsos mitos y nuevas estrategias de cura

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El níquel es un elemento necesario y positivo para pacientes con anemia; pero por el contrario, debe evitarse en casos de dermatitis por contacto o dishidrosis.

Comer alimentos con un alto contenido de níquel (tomates, espinacas, frutos secos, etc) desencadena reacciones sistémicas y generalizadas, ya sea en la piel o en todo el organismo. Sin embargo, muchos pacientes, después de “desintoxicarse” de esta sustancia, llegan a reintroducir tranquilamente en sus dietas avellanas, almendras y avena, todos alimentos con un alto contenido del mineral.

Pareciera un aspecto contrastante y conflictivo, pero en realidad, tiene una explicación lógica, pero sobre todo implicaciones prácticas para los que sufren, de un forma u otra, de malestares ante esta sustancia.

El mundo de las reacciones al níquel es muy variado, e implica diferentes aspectos que interfieren y causan los síntomas. Por lo cual es también necesario entender el fenómeno desde un punto de vista evolutivo para poder así analizar correctamente las causas del malestar, pero sobre todo, para definir una terapia adecuada.

El contenido de níquel en cada alimento depende de sus características botánicas específicas. La presencia de este metal en el polen se debe a una fuerte acción natural como pesticida, la cual protegerá también al fruto, el cual extrae el metal del suelo en el que es cultivado. Por lo tanto el níquel no es un veneno. Simplemente es una sustancia que afecta a ciertas personas sensibles cuando su consumo supera un cierto límite.

Al inicio de una dieta de rotación para el grupo del Níquel, no se recomienda el consumo de maíz y avena (por ser ricos en el mineral), pero se permite comer trigo. Cada caso es diferente, pero podría ser que este paciente, después de unos días de dieta, también tenga que evitar el trigo, o por el contrario, incluso pueda comer maíz. La respuesta es completamente diferente entre un individuo y otro, además depende de diferentes aspectos, no solo del contenido específico de níquel.

Este es el primer mito que debemos desmentir. Un alimento no hace daño “porque contiene níquel” como muchos creen, sino porque “contiene demasiado” y porque a menudo se asocia a otras sustancias que facilitan la reacción del organismo hacia él (como pasa con los aceites cocinados industriales, o la reacción de Mallard que hace que las superficies de algunos alimentos cambien color. Por ejemplo (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27059726), las almendras secas pudieran no causar molestias (a pesar de su alto contenido de níquel), pero las almendras tostadas si pudieran provocarlas. En este caso, la reacción es hacia otras sustancias derivadas del proceso de tostadura que acentúan los síntomas; no hacía las almendras ni hacia el metal en sí.

En cualquier caso, es necesario conocer el contenido de níquel en los alimentos, dado que durante los últimos años el aspecto nutricional ha sido dejado de lado. El componente dietético es crucial para entender que el Síndrome de Alergia Sistémica al Níquel (SNAS por sus siglas en inglés) no se debe únicamente a reacciones de contacto con el metal.

Sin embargo debemos tener siempre presente que la presencia del níquel es indispensable, tanto en los alimentos como en el organismo; basta pensar que cada molécula de hemoglobina en nuestro cuerpo lo contiene. Por lo tanto necesitamos entender cuáles son los límites individuales y las características específicas de los alimentos que deben guiar la terapia para estos trastornos.

Como ya hemos mencionado anteriormente (https://www.biomarkers.es/europeos-y-chinos-estan-afectados-por-la-misma-enfermedad-intestinal-causada-por-diferentes-grupos-de-alimentos/), eliminar un alimento de nuestra dieta generalmente acentúa la respuesta hacia el alimento que hemos elejido como substituto. Por lo que la variedad en la dieta es el punto de referencia crucial para mantener la tolerancia inmunológica, el correcto equilibrio entre el microbioma intestinal y el bienestar.

Por otra parte, la reacción al níquel es comúnmente una señal de contacto con otros metales pesados, como el cadmio o el cromo, ambos indicadores de una posible contaminación de las tierras de cultivo o de un uso excesivo de fertilizantes químicos en las mismas.

Como puede ver el mundo de Níquel es muy amplio y complejo, con diversos detalles a tomar en cuenta, pero especialmente con una mente abierta hacia nuevos descubrimientos médicos y científicos, de los cuales estamos felices de ser testigos y actores.

Probablemente en un futuro contaremos con protocolos de control específicos y bien definidos para los pacientes sensibles. Mientras tanto, contar con un diagnóstico correcto, controlar la inflamación alimentaria, seguir las indicaciones nutracéuticas y usar complementos alimenticios específicos como el inositol, aceite de Perilla y de Grosella negra, o probióticos, son seguramente medidas adecuadas. En la actualidad sabemos que algunos alimentos tienen un alto contenido de níquel, pero que bajo un régimen correcto, después de cierto tiempo, podrán ser reintroducidos en la dieta de manera gradual. En todo caso, seguramente uno de los primeros pasos para reconquistar la relación natural con los alimentos con alto contenido de níquel es hacer el BioMarkers test.

El calcio es inútil para prevenir fracturas en mayores de 50 años

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Que se consuma a través de la comida o en suplementos, probablemente el calcio no tiene  ningún efecto protector sobre las fracturas de huesos.

Esto es lo que ha evidenciado una  revisión científica publicada en el British Medical Journal en Septiembre de 2015, que ha  revalorizado estudios clínicos u observacionales  efectuados en más de 700.000 personas (Bolland MJ et al, BMJ. 2015 Sep 29;351:h4580. doi: 10.1136/bmj.h4580).

El grupo de investigadores neozelandeses  revisó y analizó alrededor de 50 estudios científicos anteriores evidenciando que la mayor parte de los trabajos que atribuían a los suplementos de calcio un efecto positivo de protección, presentaban ciertos  errores en los análisis de los datos que sobrevaloraban su efecto.

Corrigiendo éstos errores  ( que la comunidad médica aceptó durante muchos años ) la conclusión es que los suplementos de  calcio no aportan ningún beneficio específico en términos de protección al riego de fracturas (aquí el texto integral del estudio)

Se trata de algo que afecta directamente un gran número de personas, ya que:

  • Durante la menopausia, a casi todas las mujeres en general se les pide  aumentar el consumo de leche y lácteos.
  • El exceso de calcio  puede causar una serie de trastornos de mayor relevancia tanto de tipo cardiológico como de tipo general, aumentando la mortalidad debida a ambos.
  • Es calcio es el suplemento más publicitado y prescrito en todo el mundo.

Es evidente la necesidad de una reflexión crítica sobre el consumo de este mineral y sobretodo sobre la forma en que se promueve y se sostiene su uso. Porque pareciera

que una persona con más de 50 años tendría que consumir constantemente yogurt y quesos para estar bien.

 

Ahora  sabemos que ésto no es cierto, y además si se exagera en el consumo de calcio se pueden correr algunos riesgos que sería mejor evitar, como los de tipo cardiovascular.

Merece la pena señalar que el incremento de masa ósea inducido por el consumo de este mineral se ha demostrado de muy modesta entidad (Tai V et al, BMJ. 2015 Sep 29;351:h4183. doi: 10.1136/bmj.h4183) y sobretodo no útil para prevenir las fracturas.

De los análisis de todos estos trabajos se evidencia un único dato cierto a favor de la integración de calcio:  puede ser útil solo cuando realmente no hay en el cuerpo, cosa que puede pasar solamente en particulares condiciones de malnutrición.

En el mundo occidental el calcio está más que presente en el agua y en la alimentación cotidiana. Desde hace tiempo muchos autores indican que, en general, hay sobreabundancia de calcio y que se consume demasiado .

Lo que sí podría estar sucediendo es  que problemas inflamatorios o la carencia de vitamina D impidan  su fijación en los huesos , pero de calcio, como tal, hay realmente más de lo que se necesita.

Llenarnos de calcio  no resolverá el problema de la fuerza de nuestros huesos ni evitará las fracturas. Como siempre hemos dicho para mejorar la salud de nuestros huesos, hace falta una acción de control de la inflamación, actividad física, una correcta aportación de todos los minerales, un aporte adecuado de Vitamina D, paseos al sol y sobre todo un estilo de vida sano.