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Inmunidad, asma e intestino: hacia un mejor entendimiento

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En los últimos 15 años, importantes cantidades de recursos humanos y económicos han sido invertidos en el estudio de las bases genéticas de las alergias, sin dar lugar a un beneficio real.

La única buena noticia es la mejor comprensión de algunas de estas condiciones, pero es muy poco si se compara con el esfuerzo realizado. Por ejemplo, hoy en día somos capaces de distinguir subgrupos  de personas asmáticas con características genéticas especiales, pero sin dar lugar a ninguna innovación terapéutica.

La implicación del ADN en las alergias ha sido puesto de relieve por científicos e investigadores, sin dejar de repetir que la cura del asma y alergias está en la base genética. Sin embargo, los hechos han probado que es una hipótesis errónea.

Adnan Custovic es un reconocido médico inglés, inmunólogo e investigador. En la introducción de su brillante informe del Congreso de la Academia Europea de Alergia de 2015 (Barcelona), ayudó a los delegados a entender mejor la correlación entre algunos aspectos de nuestro genoma y la hipótesis de una higiene excesiva, lo que explica muy bien el aumento de las alergias en los países de occidente.

En pocas palabras, sabemos que estar rodeados de bacterias y vivir los primeros años de vida en un entorno rural reduce significativamente la prevalencia de las alergias y el asma.

En lugar de ello, el exceso de las vacunas, la relativa ausencia de enfermedades infecciosas y el estilo de vida occidental causan un aumento de las condiciones alérgicas.

Otra manera de verlo es como si nuestro cuerpo tuviera que encontrar el equilibrio entre las infecciones y las alergias, la cual está sesgada hacia la últimas en los países occidentales.

Custovic asigna el nivel adecuado de importancia al componente genético mediante el reconocimiento de la hipótesis de la higiene excesiva, también demostrando que para ciertas subpoblaciones genéticamente bien caracterizadas, dicha teoría no es cierta y las consecuencias pueden ser lo contrario.

En su charla, Custovic destacó que no es posible hacer generalizaciones absolutas. Una cierta hipótesis puede ser cierta en general, pero cuando se trata de alergias e inmunología debemos mirar en el carácter individual de la respuesta, en busca de soluciones que respeten a la persona más que a la teoría.

Es importante entender la base genética y la herencia de los padres, en términos de cromosomas, hábitos y comportamiento. Por ejemplo, en 2005 un artículo de Chestdescribió la fuerte correlación entre el desarrollo de las alergias y el hecho de que la abuela (no sólo la madre) fumara durante el embarazo (YF Li et al, Chest. 2005 April; 127 (4): 1232-41).

La dieta juega un papel importante, como los niveles de IgG (inmunoglobulinas G) generados en respuesta al contacto prolongado con un antígeno, ya que estas moléculas pueden modular la respuesta alérgica y reducir los síntomas asociados, como muestra Custovic en Journal of Allergy and Clinical Immunology de 2011(Custovic A et al, J Allergy Clin Immunol. 2011 Jun; 127 (6): 1480-5.doi: 10.1016/j.jaci.2011.03.014. Epub 2011 Apr 13).

El estudio también menciona el papel desempeñado por el microbioma intestinal, en otras palabras, los tipos de bacterias y virus que viven en nuestro intestino que son considerados hoy en día como uno de los moduladores más importantes de la respuesta alérgica, como hemos mencionado anteriormente.

El mensaje más importante que se puede obtener del artículo es la individualidad de la respuesta inmune, que es fuente de inspiración y aplicable a la clínica práctica. La prevención y la terapia de cualquier forma alérgica siempre deben estar adaptados a las características individuales de cada paciente.

También es aplicable para las reacciones inmunes más “clásicas”, como la rinitis alérgica.

Como ya se informó en 2012 en JACI, incluso la típica rinitis del polen de hierba es manifestada a través de una alta respuesta individual a varios componentes alérgicos, haciendo cada tipo de evento alérgico diferente (Tripodi S et al, J Allergy Clin Immunol. 2012 Mar; 129(3):834-839.e8.doi: 10.1016/j.jaci.2011.10.045. Epub 2011 Dec 28).

Todas estas evidencias apoyan el camino que hemos venido señalando desde hace años. Siempre damos valor a la individualidad del paciente en cada tratamiento diseñado para ayudar a las personas alérgicas, incluyendo el papel que juega en las alergias respiratorias la dieta, el estilo de vida, el microbioma intestinal y la herencia genética, la cual es importante pero no decisiva, como describe claramente una de nuestras citas favoritas: “los genes no son tu destino”.

Sin olvidar sus bases científicas, la medicina debe utilizar un enfoque orientado al paciente, y definir un tratamiento personalizado, que se adapte a cada persona mediante la comprensión y el respeto de su historia y características.

 

¿Pan integral o pan blanco? No hay reglas, depende de la inflamación y de la microbiota

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A principios del año 2016 un grupo de investigadores israelíes publicaron en la revista Cell un estudio sobre la necesidad de una dieta personalizada para poder predecir el impacto metabólico de cualquier comida en una persona.

Los resultados demostraron que el efecto de un alimento sobre el organismo no depende del alimento en sí, es decir, si es bueno o malo, sino del tipo de reacción inflamatoria presente en el cuerpo y de la prevalencia de bacterias intestinales de esa persona.

En estas páginas se ha discutido otras veces la necesidad de las opciones personalizadas para que una dieta sea eficaz. Es necesario identificar los niveles de inflamación de una persona y optimizar la composición del plato, además de evaluar la composición dominante de las bacterias intestinales. De esta manera la elección nutricional será personalizada y eficaz.

En poco más de un año, en junio de 2017, el mismo grupo de investigación publicó en Cell Metabolism los resultados de otro estudio. Evaluaba la respuesta al pan blanco o pan integral en un grupo de personas, confirmando exactamente lo que se ha dicho anteriormente sobre la individualidad de la respuesta a los alimentos (Korem T et al, Cell Metab. 2017 Jun 6;25(6):1243-1253.e5. doi: 10.1016/j.cmet.2017.05.002).

En el estudio, los investigadores israelíes consideraron (algunas valoraciones muy breves, una semana de uso) que las diferencias metabólicas que podrían ser reconocidas no dependían del pan de harina refinado o del pan integral utilizado en el experimento, sino de las características individuales de la persona que lo comía.

La individualidad de la respuesta es la base científica sobre la que se basa esta investigación, aunque haya sido publicada en algunos medios de comunicación  (artículo de la Reppublica, periódico italiano) que planteaban que la base fueran las diferencias entre el pan integral y el pan blanco, mostrando el posible “renacimiento” del pan blanco a base de harina refinada.

El tema científico va más allá de este interés comercial. Basta con considerar la opción de una reactividad a aceites cocinados, a la harina integral, al tipo de fermentación u otras sustancias presentes en uno de los panes y no en el otro. Son condiciones que pueden interferir con el metabolismo aumentando el nivel de inflamación relacionada con los alimento.

La superioridad de la harina de trigo integral, con sus beneficios en términos de reducción de la mortalidad por todas las causas, ha sido ampliamente documentada desde todos los puntos de vista, pero en nuestra práctica, a través de protocolos terapéuticos específicos, siempre encontramos una elección nutricional personalizada que reduce el aspecto inflamatorio inducido por la dieta.

Medir los valores de las citoquinas inflamatorias e identificar las mejores cepas bacterianas utilizadas para reequilibrar la microbiota intestinal, junto con un equilibrio de los grupos de alimentos presentes en el plato, son parte, como indica Harvard Medical School, de los procedimientos que optimizan el aspecto nutricional, reduciendo los síntomas presentes (como colon irritable, meteorismo, dolores abdominales) y activando adecuadamente el metabolismo.

Desde hace años se sabe que reducir sustancias como BAFF y PAF pueden mejorar la sensibilidad insulínica. Controlar la resistencia a la insulina, estudiar la composición de cada comida, mejorar la microbiota intestinal y reducir la inflamación, son las herramientas más importantes ya que el metabolismo se encuentra en el estado de activación para mejorar la salud en general.

Merece la pena recordar que la mayor parte de patologías relacionadas con el “progreso”, es decir, las enfermedades inflamatorias crónicas degenerativas más extendidas, están estrechamente correlacionadas con un aumento de la resistencia a la insulina.

Alzheimer, cáncer, diabetes, obesidad, hipertensión y todas las enfermedades autoinmunes también están relacionadas con este tipo de problema. Encontrar y establecer un esquema dietético que le permita superar este impacto, se convierte en una herramienta para la salud y el bienestar.

Esta investigación sigue documentando la necesidad de una dieta personalizada, elemento cardinal del estudio. Volver a evaluar el plan blanco es una manera de recordar de que el problema no es el alimento en sí, si no depende de las condiciones individuales, como la inflamación y la microbiota.

Tenemos frente a nosotros un futuro hecho de individualizaciones en la dieta para poder llegar a una medicina de precisión, además de una prevención y terapia totalmente personalizada. Seguimos avanzando hacia un camino en el que la identificación de biomarcadores ayuden y faciliten la posibilidad de elecciones personalizadas, y sea cada vez más evolutiva y científica.

 

Aceites cocinados

53838094_mCuando el aceite se utiliza para cocinar, la estructura de las moléculas de grasa cambian. Esto ocurre cuando el aceite se utiliza para freir, para engrasar la sartén, o cuando es uno de los ingredientes del producto cocinado (independientemente de su origen industrial o casero).

Con el fin de establecer una dieta de rotación correcta, deberíamos evitar alimentos procesados ya que contienen aceites cocinados, y cocinar los platos sin aceite, tan solo añadir agua durante la preparación (de esta manera, la temperatura de cocción nunca llega a los 100 ºC y los aceites naturales del alimento se conservan). El aceite se añade después, en crudo, tras el proceso de cocción.

Estas simples instrucciones darán al plato un sabor más homogéneo además de conservar sus propiedades nutricionales y el sabor del aceite (por ejemplo, los ácidos grasos Omega 3 presentes en el pescado se conservan mejor si el proceso de cocción es más suave y a baja temperatura).

Todos los tipos de aceites reaccionan de manera diferente a los agentes físicos (incluyendo el calor) en relación con el contenido de antioxidantes.

Los de aceites que mantienen mejor sus propiedades a altas temperaturas son el aceite de oliva virgen extra y el aceite de cacahuete (este último es capaz de resistir temperaturas altas en comparación con otros). Ambos deben ser “prensados en frío”, de esta manera nos aseguramos de que las modificaciones estructurales causadas por la cocción no ocurren durante la extracción del producto. El aceite virgen extra y el aceite de cacahuete deben utilizarse en los días “libres” de dieta, o cuando “engrasar” el recipiente de cocción sea totalmente inevitable.

Es aconsejable limitar el tiempo de cocción con aceites y cocinar a baja temperatura.

Alimentos que contienen aceites cocinados, a evitar de acuerdo con las instrucciones dadas:

  1. Cualquier alimento precocinado: el proceso de cocción provoca alteraciones químicas similares al proceso de hidrogenación utilizado para producir margarina. Incluso cuando en el etiquetado aparece “aceite natural” o “aceite no hidrogenado”, no podemos estar seguros de la estructura final de los ácidos grasos tras la cocción.
  2. Fritos caseros o recetas que requieran de la adición de aceite antes de cocinarlos: incluye el proceso de engrasar la bandeja del horno o la sartén, al preparar pizzas o patatas asadas, independientemente de la calidad del aceite elegido.
  3. Productos industriales que contienen aceites vegetales o margarina: con muy pocas excepeciones, todos aquellos en bolsa (galletas saladas y dulces, colines, patatas fritas, cacahuetes tostados) y muchos tipos de panes (sazonados, con aceite, integral, de molde, focaccia, picatostes) contienen aceites vegetales cocinados/ modificados. También hay que incluir las barritas de chocolate (con la excepción del chocolate negro de buena calidad), helados, golosinas, bollería industrial (snacks dulces, galletas, brioche y bollos), cubitos de caldo (incluidos los vegetales), algunos tipos de mermeladas de frutas, comida rápida y productos fritos.

ATENCIÓN: la reactividad a los aceites cocinados se detecta mediante la medición de las inmunoglobulinas G, también producidos en respuesta a ciertas semillas oleaginosas. Las personas alérgicas a almendras, cacahuetes, nueces u otros tipos de semillas deben abstenerse de comerlos (a no ser que ya formen parte de su dieta habitual) incluso si no se indica explícitamente en las sugerencias dietéticas que figuran en el informe médico.

Europeos y chinos están afectados por la misma enfermedad intestinal, causada por diferentes grupos de alimentos

Europei-e-Cinesi-stessa-malattia-intestinale-causata-da-gruppi-alimentari-diversi_articleimageLos alimentos por sí solos no son la causa de ciertas enfermedades; sin embargo, el culpable sí es el exceso de ingesta en una persona o población. Por ejemplo, la enfermedad de Crohn (EC) y la colitis ulcerosa (CU) son causadas en Europa por el gluten y la leche, y en China por el arroz y la soja.

Condenar a un determinado alimento como el principal desencadenante de la patología se ha convertido en una forma obsoleta de pensar.

Si una enfermedad (por ejemplo, EC) se ha relacionado con un grupo de alimentos (como trigo, levadura y leche) para pacientes europeos, la misma enfermedad en China puede depender de la soja, arroz y maíz.

Una parte de la opinión pública reconocería esto como algo lógico, basado en los hábitos alimenticios de la población de cada región. Pero la creencia médica actual no piensa igual, por lo general culpabiliza las causas sin referencias, en lugar de entender el significado desde un punto de vista evolutivo.

Muchos médicos suelen excluir de la dieta un alimento o grupo de alimentos como respuesta a una determinada condición, sin darse cuenta de que mediante la eliminación del gluten, por ejemplo, y su sustitución por el arroz hace que se desarrolle una nueva forma de reacción hacia el arroz desencadenando una sintomatología similar a la anterior.

En cambio, la experiencia práctica junto con la evidencia científica, nos ha ayudado a comprender que los problemas no dependen de un solo alimento, sino en la forma en que los alimentos reaccionan en nuestro cuerpo.

Si la reacción no es específica a un solo alimento, la respuesta inflamatoria desencadenada por un consumo excesivo de alimentos se debería tener en cuenta.

Por esta razón, los pacientes que ingieren levaduras en grandes cantidades pueden encontrar una correlación entre su trastorno y las sustancias fermentadas, mientras que las personas que comen siempre lo mismo identificarán la causa de su inflamación alimentaria en esos grupos de alimentos que ingieren en exceso. Este hallazgo ha sido recientemente confirmado por Ligaarden y Ferrazzi en BMC Gastroenterology (Speciani AF, Piuri G, Ferrazzi E (2014). Comment to Ligaarden SC et al, BMC Gastroenterology 2012, 12:166. BMC Gastroenterol. doi: 10.1186/1471-230X-12-166).

Tal evidencia también puede traducirse epidemiológicamente: trastornos como enfermedades inflamatorias intestinales (EII), incluyendo EC y CU, surgen en Europa a partir de productos que contienen gluten, leche y levaduras, mientras que en China surgen a partir de la soja, arroz y maíz, como se publicó en PLos One en noviembre de 2014 (C Cai et al, PLoS One. 2014 Nov. 13;9(11):e112154. doi: 10.1371/journal.pone.0112154. eCollection 2014).

Durante años, hemos propuesto un punto de vista diferente basado en una nueva interpretación científica de las IgG alimentarias, ya no son consideradas como anticuerpos “en contra de” alimentos sino anticuerpos de reconocimiento que pueden aumentar cuando la ingesta de un grupo alimenticio específico sobrepasa el nivel umbral de cada individuo.

De esta manera es posible definir el perfil personal alimentario (a través del test BioMarkers) y ayudar a la definición de una dieta correcta para pacientes afectados de EC, CU o cualquier otra enfermedad inflamatoria intestinal.

Curiosamente, un artículo publicado en PLoS One muestra valores elevados de “IgG de huevo” tanto en sujetos sanos como en pacientes con EII. Esto se debe a que las proteínas del huevo son filogenéticamente distantes de los mamíferos; por tanto, lo estándar (es decir, no patológico) es tener el umbral de las “IgG de huevo” altas para todo el mundo, tanto sanos como enfermos, sin necesidad de restringir en la dieta.

La comparación de los niveles de IgG entre sujetos sanos y enfermos es el aspecto más importante del estudio (figura 3 en la publicación sugerida), mostrando una gran diferencia para arroz, soja, maíz y en algunos casos, tomate.

Otros dos aspectos importantes surgen del estudio: el hecho de que los anticuerpos IgM tienden a aumentar en personas con niveles elevados de IgG alimentarios, y el hecho de que la producción de IgG aumenta paralelamente con el número de sustancias involucradas, indicando un aumento progresivo de la reacción inflamatoria alimentaria.

Confirma lo que llevamos clínicamente observando en pacientes capaces de recuperar la tolerancia a ciertos productos y lograr la recuperación total.

El estudio también destacó la correlación entre la reactividad a la leche y la reactividad al vacuno. Curiosamente, durante años hemos sugerido considerar el vacuno en la dieta cuando hay reacción a leche.

Ciertos autores han informado de que las IgG pueden reaccionar también con el ácido siálico, encontrado fácilmente en leche, queso y especialmente en vacuno. Es un concepto a considerar ya que el ácido siálico es una señal externa para humanos, es un marcador común para todos los productos de origen bovino (como leche y ternera), según informaron en 2003 Tangvoranuntakul y sus compañeros de la Universidad de California, San Diego (Tangvoranuntakul P et al, Proc Natl Acad Sci USA. 2003 Sep 14; 100 (21):12045-50. Epub 2003 Oct 1).

Por tanto, la comparación entre los datos de europeos y chinos nos da una idea de que los alimentos son “buenos”, es la cantidad ingerida lo que los hace temporalmente inflamatorios.

El enfoque adecuado al problema está basado en la dieta rotacional (nunca eliminación), diseñada en función de los valores inflamatorios medidos (BAFF y PAF) con el fin de lograr la recuperación de la tolerancia.

Su perfil alimentario para controlar la inflamación

45601312_mConocer el perfil personal alimentario es esencial para lograr una variedad en la alimentación, mantener la mayoría de los procesos inflamatorios bajo control y para activar el proceso curativo de numerosos trastornos.

Estudios recientes han puesto en duda ciertos conceptos como las llamadas “intolerancias alimentarias” y que, además, han permitido dejar de ver a los “alimentos como enemigos.

Se han realizado estudios para la identificación del papel de BAFF (y más tarde de PAF) como mediadores de reacciones relacionadas con alimentos, y otros estudios han definido la función de señalización de las inmunoglobulinas G, un tipo de anticuerpos producidos en respuesta a la alimentación. Durante años, se han considerado erróneamente como anticuerpos “contra” los alimentos. Ahora, gracias a estudios realizados por Ligaarden, Ferrazzi y muchos otros científicos, las IgG son consideradas como simples señales de reconocimiento de una ingesta repetida.

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