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Intolerancia a la lactosa y alergia a las proteínas de la leche: dos realidades distintas

milk_glass_hand-300x205En esta época del año, la aparición de colitis así como los síntomas típicos del síndrome del intestino irritable son cada vez más evidentes.  Las razones a las que se le achaca esto suelen estar siempre relacionadas, o bien por haber ingerido unas cantidades mayores de fruta, o bien de productos lácteos.

Referirse a la reacción hacia las proteínas de leche o a la intolerancia lactosa suele ser una fuente de discusión bastante común, a pesar de que las razones, particularidades y terapias de ambas suelen mezclarse.

La intolerancia a la lactosa es un problema que no concierne al sistema inmunológico. En cambio, depende de la habilidad del sistema digestivo para asimilar completamente la lactosa mediante su transformación en azúcar. El único efecto que puede acarrear es diarrea y dolor de estómago, dependiendo de la dosis. No ocurre nada cuando tomamos pequeñas cantidades de lactosa: para tener una reacción importante es necesario ingerir importantes cantidades. Aquellas personas que afirman que con una gota de leche sufren de diarrea, no deberían investigar sobre su intolerancia a la lactosa sino una reacción potencial a inflamaciones relacionadas con los alimentos, concretamente a las proteínas de la leche.

La alergia a las proteínas de la leche (lgE dependiente) y la reacción inflamatoria a la leche dependen de una reacción del sistema inmunológico, y pueden producir o una reacción alérgica o todas las señales típicas de inflamaciones relacionadas con los alimentos: migrañas, artritis, diarrea, dermatitis o reflujo gastroesofágico. Este tipo de reacción no es dependiente de la dosis de alimentos ingeridos: una pequeña cantidad puede ser la responsable.

El verdadero problema surge de la terminología utilizada generalmente. Durante muchos años, las personas denominaron “intolerancia alimentaria” a todas aquellas inflamaciones relacionadas con los alimentos producidas de manera retardada por una reacción hipersensible. De hecho, para describir la sensibilidad al gluten, aún hoy se utiliza la expresión “intolerancia al gluten”.  Por esta razón, es común asociar el término “intolerancia” con aquellas reacciones inmunológicas generadas por inflamaciones relacionadas a los alimentos. 

En cambio, el término “intolerancia a la lactosa” se refiere exclusivamente a la digestión del azúcar, sin involucrar la inflamación y el sistema inmunológico. La confusión existente es tan grande que muchos profesionales de la salud todavía no conocen la dimensión y significado completo de ambos términos.  Una persona que es intolerante a la lactosa puede beber leche sin lactosa o quesos curados (donde toda la lactosa ha sido consumida) sin problemas, pero seguirá sufriendo dolores de cabeza y colitis si es hipersensible a las proteínas de leche, presentes de manera significativa en los productos lácteos, incluso en aquellos sin lactosa.

Para controlar la intolerancia a la lactosa (la condición bioquímica/digestiva), es suficiente controlar la cantidad de lactosa ingerida o utilizar mezclas de enzimas que contienen lactasa (por ejemplo enzimas Zerotox, enzimas digestivas como Solgar o Similase Nutri). En cambio, para curar  la hipersensibilidad a la leche es necesaria la correcta identificación de la reacción a qué alimentos sufre la persona conjuntamente con una definición de una dieta rotativa que permita gradualmente una recuperación completa de esa intolerancia, con BioMarkers es posible.

Durante la cura de inflamaciones relacionadas con los alimentos, es generalmente necesario ayudar al organismo en este proceso proporcionando un suplemento antiinflamatorio (por ejemplo Aceite de Perilla, o Zerotox Ribilla compuesto de aceite de zarzaparilla negra con aceite de Perilla, o Quercetin Complex) para mejorar la colonización del intestino con los alimentos probióticos más apropiados. Todo lo mencionado anteriormente tiene un efecto limitado en el caso de intoleracia a la lactosa bioquímica. Como la intolerancia a la lactosa se diagnostica a través de la prueba de hidrógeno en el aliento, generalmente las personas no investigan más allá y creen que todavía pueden ingerir proteínas de la leche sin lactosa cuando, las personas que sufren de esa condición bioquímica (en muchos casos conviviendo con reacciones de otros alimentos) deberían de investigar correctamente e identificar un plan de nutrición rico para re-educar a todo el organismo sobre dicha inflamación.