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Níquel: falsos mitos y nuevas estrategias de cura

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El níquel es un elemento necesario y positivo para pacientes con anemia; pero por el contrario, debe evitarse en casos de dermatitis por contacto o dishidrosis.

Comer alimentos con un alto contenido de níquel (tomates, espinacas, frutos secos, etc) desencadena reacciones sistémicas y generalizadas, ya sea en la piel o en todo el organismo. Sin embargo, muchos pacientes, después de “desintoxicarse” de esta sustancia, llegan a reintroducir tranquilamente en sus dietas avellanas, almendras y avena, todos alimentos con un alto contenido del mineral.

Pareciera un aspecto contrastante y conflictivo, pero en realidad, tiene una explicación lógica, pero sobre todo implicaciones prácticas para los que sufren, de un forma u otra, de malestares ante esta sustancia.

El mundo de las reacciones al níquel es muy variado, e implica diferentes aspectos que interfieren y causan los síntomas. Por lo cual es también necesario entender el fenómeno desde un punto de vista evolutivo para poder así analizar correctamente las causas del malestar, pero sobre todo, para definir una terapia adecuada.

El contenido de níquel en cada alimento depende de sus características botánicas específicas. La presencia de este metal en el polen se debe a una fuerte acción natural como pesticida, la cual protegerá también al fruto, el cual extrae el metal del suelo en el que es cultivado. Por lo tanto el níquel no es un veneno. Simplemente es una sustancia que afecta a ciertas personas sensibles cuando su consumo supera un cierto límite.

Al inicio de una dieta de rotación para el grupo del Níquel, no se recomienda el consumo de maíz y avena (por ser ricos en el mineral), pero se permite comer trigo. Cada caso es diferente, pero podría ser que este paciente, después de unos días de dieta, también tenga que evitar el trigo, o por el contrario, incluso pueda comer maíz. La respuesta es completamente diferente entre un individuo y otro, además depende de diferentes aspectos, no solo del contenido específico de níquel.

Este es el primer mito que debemos desmentir. Un alimento no hace daño “porque contiene níquel” como muchos creen, sino porque “contiene demasiado” y porque a menudo se asocia a otras sustancias que facilitan la reacción del organismo hacia él (como pasa con los aceites cocinados industriales, o la reacción de Mallard que hace que las superficies de algunos alimentos cambien color. Por ejemplo (https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27059726), las almendras secas pudieran no causar molestias (a pesar de su alto contenido de níquel), pero las almendras tostadas si pudieran provocarlas. En este caso, la reacción es hacia otras sustancias derivadas del proceso de tostadura que acentúan los síntomas; no hacía las almendras ni hacia el metal en sí.

En cualquier caso, es necesario conocer el contenido de níquel en los alimentos, dado que durante los últimos años el aspecto nutricional ha sido dejado de lado. El componente dietético es crucial para entender que el Síndrome de Alergia Sistémica al Níquel (SNAS por sus siglas en inglés) no se debe únicamente a reacciones de contacto con el metal.

Sin embargo debemos tener siempre presente que la presencia del níquel es indispensable, tanto en los alimentos como en el organismo; basta pensar que cada molécula de hemoglobina en nuestro cuerpo lo contiene. Por lo tanto necesitamos entender cuáles son los límites individuales y las características específicas de los alimentos que deben guiar la terapia para estos trastornos.

Como ya hemos mencionado anteriormente (https://www.biomarkers.es/europeos-y-chinos-estan-afectados-por-la-misma-enfermedad-intestinal-causada-por-diferentes-grupos-de-alimentos/), eliminar un alimento de nuestra dieta generalmente acentúa la respuesta hacia el alimento que hemos elejido como substituto. Por lo que la variedad en la dieta es el punto de referencia crucial para mantener la tolerancia inmunológica, el correcto equilibrio entre el microbioma intestinal y el bienestar.

Por otra parte, la reacción al níquel es comúnmente una señal de contacto con otros metales pesados, como el cadmio o el cromo, ambos indicadores de una posible contaminación de las tierras de cultivo o de un uso excesivo de fertilizantes químicos en las mismas.

Como puede ver el mundo de Níquel es muy amplio y complejo, con diversos detalles a tomar en cuenta, pero especialmente con una mente abierta hacia nuevos descubrimientos médicos y científicos, de los cuales estamos felices de ser testigos y actores.

Probablemente en un futuro contaremos con protocolos de control específicos y bien definidos para los pacientes sensibles. Mientras tanto, contar con un diagnóstico correcto, controlar la inflamación alimentaria, seguir las indicaciones nutracéuticas y usar complementos alimenticios específicos como el inositol, aceite de Perilla y de Grosella negra, o probióticos, son seguramente medidas adecuadas. En la actualidad sabemos que algunos alimentos tienen un alto contenido de níquel, pero que bajo un régimen correcto, después de cierto tiempo, podrán ser reintroducidos en la dieta de manera gradual. En todo caso, seguramente uno de los primeros pasos para reconquistar la relación natural con los alimentos con alto contenido de níquel es hacer el BioMarkers test.