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Cuando la reacción alérgica depende de azúcar, fructosa y productos glicosilados

11529223_mHoy en día hay un profundo replanteamiento sobre el significado de la
alergia. Cada vez más se confirma que la reacción alérgica no depende
solo de los anticuerpos específicos hacia una sustancia, un polen o un
alimento, sino da la interacción de múltiples factores que contribuyen
a aumentar la inflamación del organismo y a facilitar así las
reacciones alérgicas.

Estas son cada vez más parecidas a “la última gota” más que a una
reacción directa debida a las IgE y al contacto, por ejemplo, con el
polen. El polen o la sustancia extraña están seguramente involucrados,
pero la reacción alérgica expresa más una reacción de defensa y una
señal de “demasiado lleno” que no una molestia real hacia la
sustancia.

Un trabajo publicado en JACI, resultado de las investigaciones
conjuntas de un gran numero de alergólogos, ha establecido que solo
el 38% de las reacciones alérgicas está vinculado a una
responsabilidad directa de un polen o de un alérgeno respiratorio y
que entonces, por simple resta, el 62% de las reacciones antes
definidas alérgicas (entre estas las más importantes, las más graves y
las más persistentes) son aquellas debidas a la interacción de más
factores, que involucran más aparatos y órganos en una respuesta
inflamatoria sistémica del organismo (Anto JM et al, J Allergy Clin
Immunol. 2017 Feb;139(2):388-399. doi: 10.1016/j.jaci.2016.12.940).

Para nuestro grupo de investigación, que desde siempre se enfrenta a
las alergias respiratorias con vías terapéuticas que tienen en cuenta
también la inflamación alimentaria, los niveles de BAFF y de PAF y
la acción de la contaminación ambiental, sin duda no es una novedad.

Desde 2006 Brandt ha descrito en JACI la relación entre los aspectos
alimentare y las alergias respiratorias, y otros trabajos posteriores lo
han confirmado. La terapia de las varias formas de alergia entonces
debe (por lo menos en dos tercios de los casos, aproximadamente)
tener como punto de partida una consideración sistémica y más amplia
de la reactividad del organismo.

Aún más interesante es el resultado de una investigación exhaustiva,
publicada en JACI en el febrero de 2017, que correlaciona el aumento
de las alergias alimentarias, evidente a nivel mundial, con el aumento
del consumo alimentare de productos glicosilados (o de glicación
avanzada) y de azucares particulares que facilitan la glicosilación
(Smith PK J Allergy Clin Immunol. 2017 Feb;139(2):429-437. doi:
10.1016/j.jaci.2016.05.040. Epub 2016 Jul 15).

Con la glicosilación y con el posible daño de los tejidos, el organismo
libera unas proteínas que cumplen una función de alarma, de las
cuales la más conocida es la HMGB1 – High Mobility Group Box 1.
Estas son cruciales para la activación de reacciones alérgicas,
aumentando el nivel de inflamación, al que también pueden contribuir
los Toll Like Receptors (TLR) de la inmunidad innata, que reconocen
la presencia de algunas bacterias o algunos alimentos.

Significa que una persona, niño a adulto que sea, podría tener una baja
reactividad hacia la comida, pero el consumo al mismo tiempo de
productos glicosilados o de azucares particulares puede transformar
una simple reacción de “reconocimiento” en una reacción alérgica
alimentaria real.

La glicosilación ocurre en muchas comidas en las que se busca el
efecto “crujiente” o tostado a través de la cocción o el calor. La
presencia de algunos azucares conduce al enlace con proteínas
especificas o grasas y determina la formación de glicotoxinas.

Aquí algunos ejemplos:

  • Patatas fritas (tanto en bolsa como al estilo “french fries”) que
    contienen una elevada cantidad de estas moléculas y que
    también contienen acrilamida
  • El queso tostado
  • Las semillas oleosas tostadas, como los cacahuetes tostados y
    con sal
  • La carne o el pescado a la parrilla
  • Los productos de cereales crujientes o tostados
El problema no surge por la “cocción en parrilla con fuego”, sino por
la temperatura elevada. También con el uso del horno microondas se
pueden obtener fenómenos similares. Una taza de leche simplemente
calentada para que sea templada no contiene productos de
glicosilación.

Un plato calentado en el microondas non desarrolla particulares
reacciones, pero, como en la cocción a la parrilla, un calentamiento
excesivo en el microondas lleva a la producción de productos
glicosilados. Eso no pasa en un producto hervido porqué la
temperatura no supera los 100 – 120 grados.

Los productos de glicación elevada, también llamados glicotoxinas,
son muy numerosos. El más conocido es el metilglioxal que es una
sustancia cancerígena capaz de dañar el ADN. La fructosa es una
sustancia clave en su formación.

La glicosilación es inducida también por algunos azucares. En
particular la sacarosa (glucosa + fructosa) y la fructosa son entre los
productos que creemos “naturales” y que en realidad fuera de su
contexto “real” (la fruta fresca y entera, por ejemplo) generan la
formación de productos glicosilados peligrosos como los que se
producen a causa del calor, como acabamos de describir. El aumento
de azúcar en la sangre lleva a la fácil glicosilación de algunas
proteínas y de su transformación en productos dañinos.

Muchos trabajos han demostrado que los niños que toman refrescos o
bebidas de fruta con alto contenido en fructosa (como los terribles
zumos de fruta concentrados descritos como “naturales”) tienen
frecuentes manifestaciones alérgicas alimentarias, con mucha
probabilidad debido a la acción inflamatoria de los productos de
glicación elevada. Es importante también recordar que estos productos
están, por muchos autores, en estrecha correlación con el desarrollo
del Alzheimer.

El trabajo de Smith et al. que acabamos de describir propone entonces
una hipótesis muy convincente sobre al aumento de la prevalencia de
alergias alimentarias. Las explicaciones actuales sobre los posibles
tipos de enfermedades en los países occidentalizados no pueden, de

hecho, explicar el dramático crecimiento de los últimos años. Los
productos glicosilados y los azucares que forman los productos
glicosilados representan entonces el posible eslabón perdido.

Los estudios epidemiológicos y de distribución geográfica apoyan esta
hipótesis porqué las manifestaciones de alergia alimentaria son
correspondientes al consumo social de los productos glicosilados o de
los azucares que facilitan la glicosilación.

La solución es la que nosotros sugerimos desde hace años:

  • Mantener temperaturas controladas para las cocciones.
  • Consumir sustancias crudas lo más frecuentemente posible.
  • Cocinar con la debida atención las carnes.
  • Evitar productos concentrados (como zumos de fruta) y comer
    la fruta siempre de la forma más natural posible.
  • Reducir lo más posible la dulcificación.
  • Utilizar antioxidantes específicos (flavonoide, quercetina,
    perilla) para contrastar la acción inflamatoria de las glicotoxinas
  • Controlar la inflamación alimentaria, de modo que se reduzca la
    carga inflamatoria, sin dejar de considerar los alimentos como
    amigos y nunca como enemigos. También recordad que alguna
    sana “locura”, si ocasional, siempre se puede hacer.
Llama mucho la atención la analogía entre las proteínas que mandan
señales de alarma descritas en el artículo y la presencia de citoquinas
inflamatorias debidas a los alimentos.

Para la medicina es importante hoy en día, y lo será cada vez más en
el futuro, identificar y entender cuales son los biomarcadores de
algunas condiciones específicas. La evidencia de estas proteínas con
función de “alarma” se verá muy pronto asociada con la lectura de los
niveles de BAFF y PAF, para ayudar a todas las personas, pero sobre
todo aquellos sujetos en riesgo, a enfrentarse y curar las alergias
alimentarias que les afectan.

Inmunidad, asma e intestino: hacia un mejor entendimiento

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En los últimos 15 años, importantes cantidades de recursos humanos y económicos han sido invertidos en el estudio de las bases genéticas de las alergias, sin dar lugar a un beneficio real.

La única buena noticia es la mejor comprensión de algunas de estas condiciones, pero es muy poco si se compara con el esfuerzo realizado. Por ejemplo, hoy en día somos capaces de distinguir subgrupos  de personas asmáticas con características genéticas especiales, pero sin dar lugar a ninguna innovación terapéutica.

La implicación del ADN en las alergias ha sido puesto de relieve por científicos e investigadores, sin dejar de repetir que la cura del asma y alergias está en la base genética. Sin embargo, los hechos han probado que es una hipótesis errónea.

Adnan Custovic es un reconocido médico inglés, inmunólogo e investigador. En la introducción de su brillante informe del Congreso de la Academia Europea de Alergia de 2015 (Barcelona), ayudó a los delegados a entender mejor la correlación entre algunos aspectos de nuestro genoma y la hipótesis de una higiene excesiva, lo que explica muy bien el aumento de las alergias en los países de occidente.

En pocas palabras, sabemos que estar rodeados de bacterias y vivir los primeros años de vida en un entorno rural reduce significativamente la prevalencia de las alergias y el asma.

En lugar de ello, el exceso de las vacunas, la relativa ausencia de enfermedades infecciosas y el estilo de vida occidental causan un aumento de las condiciones alérgicas.

Otra manera de verlo es como si nuestro cuerpo tuviera que encontrar el equilibrio entre las infecciones y las alergias, la cual está sesgada hacia la últimas en los países occidentales.

Custovic asigna el nivel adecuado de importancia al componente genético mediante el reconocimiento de la hipótesis de la higiene excesiva, también demostrando que para ciertas subpoblaciones genéticamente bien caracterizadas, dicha teoría no es cierta y las consecuencias pueden ser lo contrario.

En su charla, Custovic destacó que no es posible hacer generalizaciones absolutas. Una cierta hipótesis puede ser cierta en general, pero cuando se trata de alergias e inmunología debemos mirar en el carácter individual de la respuesta, en busca de soluciones que respeten a la persona más que a la teoría.

Es importante entender la base genética y la herencia de los padres, en términos de cromosomas, hábitos y comportamiento. Por ejemplo, en 2005 un artículo de Chestdescribió la fuerte correlación entre el desarrollo de las alergias y el hecho de que la abuela (no sólo la madre) fumara durante el embarazo (YF Li et al, Chest. 2005 April; 127 (4): 1232-41).

La dieta juega un papel importante, como los niveles de IgG (inmunoglobulinas G) generados en respuesta al contacto prolongado con un antígeno, ya que estas moléculas pueden modular la respuesta alérgica y reducir los síntomas asociados, como muestra Custovic en Journal of Allergy and Clinical Immunology de 2011(Custovic A et al, J Allergy Clin Immunol. 2011 Jun; 127 (6): 1480-5.doi: 10.1016/j.jaci.2011.03.014. Epub 2011 Apr 13).

El estudio también menciona el papel desempeñado por el microbioma intestinal, en otras palabras, los tipos de bacterias y virus que viven en nuestro intestino que son considerados hoy en día como uno de los moduladores más importantes de la respuesta alérgica, como hemos mencionado anteriormente.

El mensaje más importante que se puede obtener del artículo es la individualidad de la respuesta inmune, que es fuente de inspiración y aplicable a la clínica práctica. La prevención y la terapia de cualquier forma alérgica siempre deben estar adaptados a las características individuales de cada paciente.

También es aplicable para las reacciones inmunes más “clásicas”, como la rinitis alérgica.

Como ya se informó en 2012 en JACI, incluso la típica rinitis del polen de hierba es manifestada a través de una alta respuesta individual a varios componentes alérgicos, haciendo cada tipo de evento alérgico diferente (Tripodi S et al, J Allergy Clin Immunol. 2012 Mar; 129(3):834-839.e8.doi: 10.1016/j.jaci.2011.10.045. Epub 2011 Dec 28).

Todas estas evidencias apoyan el camino que hemos venido señalando desde hace años. Siempre damos valor a la individualidad del paciente en cada tratamiento diseñado para ayudar a las personas alérgicas, incluyendo el papel que juega en las alergias respiratorias la dieta, el estilo de vida, el microbioma intestinal y la herencia genética, la cual es importante pero no decisiva, como describe claramente una de nuestras citas favoritas: “los genes no son tu destino”.

Sin olvidar sus bases científicas, la medicina debe utilizar un enfoque orientado al paciente, y definir un tratamiento personalizado, que se adapte a cada persona mediante la comprensión y el respeto de su historia y características.

 

Intolerancia a la lactosa y alergia a las proteínas de la leche: dos realidades distintas

milk_glass_hand-300x205En esta época del año, la aparición de colitis así como los síntomas típicos del síndrome del intestino irritable son cada vez más evidentes.  Las razones a las que se le achaca esto suelen estar siempre relacionadas, o bien por haber ingerido unas cantidades mayores de fruta, o bien de productos lácteos.

Referirse a la reacción hacia las proteínas de leche o a la intolerancia lactosa suele ser una fuente de discusión bastante común, a pesar de que las razones, particularidades y terapias de ambas suelen mezclarse.

La intolerancia a la lactosa es un problema que no concierne al sistema inmunológico. En cambio, depende de la habilidad del sistema digestivo para asimilar completamente la lactosa mediante su transformación en azúcar. El único efecto que puede acarrear es diarrea y dolor de estómago, dependiendo de la dosis. No ocurre nada cuando tomamos pequeñas cantidades de lactosa: para tener una reacción importante es necesario ingerir importantes cantidades. Aquellas personas que afirman que con una gota de leche sufren de diarrea, no deberían investigar sobre su intolerancia a la lactosa sino una reacción potencial a inflamaciones relacionadas con los alimentos, concretamente a las proteínas de la leche. Leer más…

La relación entre alergia, aceite y grasa

nuts-mixed-300x200Durante muchos años se ha pensado que la reacciones alérgicas están mediadas sólo por proteínas, por lo que muchos alergólogos han propuesto diferentes pruebas para aumentar la precisión (como el ISAC).

En lugar de buscar los anticuerpos para una fruta, por ejemplo, se buscan los anticuerpos específicos de las micropartes de la posible proteína responsable de la reacción.

Sin duda es una técnica más “limpia” y tecnológica. Este estudio se conoce como “Diagnóstico resuelto por componentes”, es decir, un diagnóstico que busca el único micro componente de la proteína responsable. Sin embargo, otros estudios están demostrando lo contrario.

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La reacción al níquel está aumentando

croissants-300x199En la práctica clínica, la inflamación alimentaria y el níquel están cada vez más vinculados.

Las molestias que relacionan a ambas no se limitan sólo a la alergia por contacto, la cual puede ser curada con una dieta apropiada; también implica síntomas que dependen de la presencia de sustancias inflamatorias como BAFF, producidas por el cuerpo en respuesta a la ingestión de ciertos alimentos.

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