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Anticuerpos antinucleares (ANA): piensa en tu intestino antes del Lupus eritematoso


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Se piensa que los anticuerpos antinucleares están ligados a enfermedades autoinmunes. De hecho, se pueden detectar ANAs positivos en pacientes fácilmente tratables, afectados por inflamación o alteraciones de la flora intestinal.

Cuando hablamos de autoanticuerpos, mucha gente se asusta porque tiene una visión distorsionada de la autoinmunidad. Recientemente, hemos visto cómo se transmiten mensajes erróneos,  alejados de la realidad, describiendo la acción de los autoanticuerpos como un mecanismo autodestructivo de aniquilación.

La autodestrucción no existe en ninguna enfermedad autoinmune. Por ejemplo, la detección de autoanticuerpos en la enfermedad de Hashimoto indica la disregulación del sistema inmune como consecuencia de una estado inflamatorio prolongado. No significa que el cuerpo está “autodestruyendo el tiroides”, como muchos pacientes creen, y muchos médicos les dejan creer. Son frecuentes los casos de gente con altos niveles de anticuerpos antitiroideos y un perfecto funcionamiento de la tiroides.

Durante el curso de una enfermedad autoinmune se producen una gran cantidad de autoanticuerpos especiales como consecuencia de razones muy diferentes a las que habitualmente se sospecha. Nuestro cuerpo no presenta ninguna forma de intención “suicida”, hecho que debe ser aclarado en pacientes afectados por estas condiciones.

Todo esto sugiere la posibilidad de combatir los trastornos autoinmunes con un enfoque natural, el posible desequilibrio inmunológico puede ser controlado y vuelto a la normalidad mediante un control dietético de la inflamación, como hemos hecho durante años en nuestra clínica.

Dos ejemplos son suficientes para evitar preocupaciones innecesarias:

  • Los niveles de autoanticuerpos antitiroideos (anti-TPO y anti-TG) pueden subir drásticamente durante las fiebres del heno en personas alérgicas al polen y afectadas por tiroiditis de Hashimoto, no porque su cuerpo trate de “autodestruirse” sino porque todo el sistema está sometido a un mayor estrés inmunológico. No hay intención autodestructiva: los anticuerpos responden a diferentes estímulos y representan la expresión de una descompensación inmunológica, no la inevitable consecuencia de un proceso autofágico. Muchos casos de tiroiditis pueden ser eficazmente controlados mediante un reequilibrio de la condición inflamatoria e inmunológica del paciente.
  • En la artritis reumatoide, una de las más extendidas e importantes condiciones de autoinmunidad, se producen situaciones de unos anticuerpos contra otros anticuerpos, pero no contra órganos o sistemas. No hay autodestrucción. Simplemente, los anticuerpos se unen a otros, resultando una red de “bultos” que se depositan en las articulaciones, riñones, piel o cualquier otro sitio donde pueden desencadenar reacciones inflamatorias.

Tras la presencia de anticuerpos antinucleares (ANAs) debemos ver un importante mensaje de activación inmunológica e inflamatoria, que no necesariamente implica un riesgo vital.

La detección de niveles significativos de ANAs nos ayudará en el diagnóstico de inflamaciones y/o descompensaciones intestinales más que una condición autoinmune.

Visto desde otro punto, los ANAs representan una señal de alarma, que pueden ayudar a enfocar la energía hacia una estrategia preventiva real.

Ciertamente, los ANAs pueden indicar la presencia de una enfermedad autoinmune o, al menos, un desorden inmunológico; los ANAs positivos aparecen más y más frecuentemente en personas que no necesariamente desarrollan estas condiciones.

En el pasado, informamos de un estudio canadiense (Myckatyn SO AS y Russell, J. Rheumatol Abril de 2003; 30: 736-9) hecho con 116 pacientes con valores altos de ANAs (mayor o igual a 1:640) y sin evidencia clínica de patología en el tejido conectivo, mostrando que sólo unos pocos sujetos desarrollaron la condición autoinmune (lupus, esclerodermia, síndromes de CREST o de Sjogren). Además, a más de la mitad de los pacientes le desaparecieron los anticuerpos en 5 años.

Los mismos pacientes fueron seguidos posteriormente y los resultados de ese estudio, publicados en 2008 en Clinical Rheumatology, confirmaron que sólo una pequeña fracción de los que tenían altos niveles de ANAs terminaron desarrollando un enfermedad autoinmune (Wijeyesinghe U et al, Clin Rheumatol. 2008 November; 27(11):1399-402. doi: 10.1007/s10067-008-0932-y. Epub 2008 May 24).

Un estudio publicado en Virus Research en enero de 2015 por un grupo italiano confirmó que el mecanismo inicialmente relacionado con el origen de la alergia del polen de la hierba también se activa en algunos tipos de infección, como en el caso de la mononucleosis.

La presencia del virus Epstein Barr (que es el causante de la mononucleosis) lleva a un importante incremento de muchos autoanticuerpos, incluídos los ANAs, sin que esto signifique una autodestrucción del cuerpo.

Lo que sucede es que la persona desarrolla un proceso de estrés inflamatorio e inmunológico del que los autoanticuerpos representan una clara señal (L Cuomo et al, Virus Res. 2015 Jan 2; 195: 95-9. doi: 10.1016 /j.virusres.2014.09.014. Epub 2014 Oct 7).

En 2011 un grupo de científicos americanos describió la compleja relación entre el microbioma del intestino y los autoanticuerpos, publicando sus resultados en Frontiers in Microbiology. Estos resultados confirman la constante interferencia de la dieta y la inflamación alimentaria en la composición del microbioma intestinal y están avalados por posteriores evidencias relatadas en FEBS Letter y por un interesantísimo artículo, publicado en enero de 2015, en The EMBO Journal por un equipo internacional de investigadores. Estos resultados experimentales revelan que la presencia de bacterias filamentosas (similares al hyphae fungoso) es capaz de desarrollar la producción de ANAs independientemente de la situación patológica del sistema inmune (Van Praet JT et al, EMBO J. 2015 Jan 19. pii: e201489966. [Epub ahead of print]).

El último fenómeno revela la frecuente relación de reactividad de las levaduras (alimentos fermentados) en la génesis de las condiciones autoinmunes, dado que las bacterias filamentosas son similares a la levadura, los hongos y los mohos.

Es una buena noticia, porque significa transformar la aparición de una señal de alarma (ANAs) en la posibilidad de prevenir y tratar condiciones erróneamente consideradas como inevitables. La artritis reumatoide, la tiroiditis de Hashimoto, la psoriasis y el lupus forman parte de un grupo de enfermedades que pueden ser tratadas de modo efectivo mezclando terapias clásicas con un mejor control de la inflamación a través de la dieta y la elección de suplementos apropiados.

No obstante, los ANAs siguen siendo una señal de alarma que no debe ser ignorada, pero un reequilibrio de sus niveles y una mayor atención de nuestro cuerpo son alcanzables mediante intervenciones no invasivas, como hábitos dietéticos y cambios en los estilos de vida.