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¿Qué es la inflamación alimentaria?

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La medicina moderna trata a diario fenómenos de inflamación de bajo grado. Este tipo de situaciones se pueden prolongar durante años, y además se conoce muy poco al respecto. Sin embargo siempre se ha sospechado que los alimentos pueden desempeñar un papel importante en estos casos. Los investigadores que han mantenido este tema tan controversial sobre inflamaciones alimentarias han tropezado con prejuicios, falacias y prácticas de diagnóstico dudoso.


El mundo científico sigue debatiendo el valor de este o aquel anticuerpo, mientras que la realidad clínica y las investigaciones ya han hecho posible entender que cualquier sustancia alimenticia puede causar una producción de citoquinas y sustancias inflamatorias en una persona sensible, provocándole una serie de síntomas, enfermedades y molestias relacionadas con las antiguas “intolerancias alimentarias”. El descubrimiento de que los alimentos pudieran inducir una producción de BAFF (factor de activación de las células B, por sus siglas en inglés) y provocar síntomas inflamatorios se atribuyó hace años, pero todavía tiene que aplicarse en el campo clínico.


Sin embargo, son precisamente estos valores de BAFF (los cuales Biomarkers analiza) los que hacen posible entender el nivel de inflamación alimentaria en una persona, y actuar en consecuencia con el fin de ayudar a reducir la inflamación y controlar sus efectos sobre la salud de la persona.


La reciente definición de “Sensibilidad al gluten” (inflamación al gluten que da lugar a los mismos síntomas que la celiaquía y afecta a más del 20% de la población mundial sana) ha arrojado más indicios sobre los fenómenos inflamatorios causados por los alimentos. La reacción al gluten (a menudo indistinguible de la enfermedad celíaca) se debe a la activación de acciones defensivas inflamatorias. En términos científicos, esto se conoce como la activación de receptores tipo Toll 2 (TLR2), receptores dentro del cuerpo que tienen la función de señalizar el peligro, en este caso por superar el umbral debido a la ingestión repetida de un alimento. Manifiestan una reacción inflamatoria como si se tratara de una “luz de emergencia” indicando la necesidad de un cambio en los hábitos de alimentación. Si se hace caso omiso de la advertencia, las consecuencias pueden llegar a ser graves.


Enfermedades inmunológicas serias como el lupus eritematoso sistémico (LES) o la artritis reumatoide están ligadas a este tipo de inflamación. Sin llegar a estas condiciones extremas, el simple hecho de aumentar de peso sin razón alguna (debido al efecto de la resistencia a la insulina) o sufrir colitis, está claramente relacionado con estos aspectos inflamatorios.


De acuerdo con las últimas investigaciones científicas e innovadoras técnicas, el estudio de estas condiciones se lleva a cabo a través de la definición de inflamación alimentaria, mediante los niveles mensurables de BAFF y PAF, los resultados de las analíticas sanguíneas de los complementos (C3 y C4), el recuento de los glóbulos blancos y el número de eosinófilos (que en estos casos suelen ser altos), y el conocimiento de un posible contacto alimentario previo.


El objetivo es la creación de la tolerancia inmunológica, recuperar una relación familiar con los alimentos cuando se ha perdido, aprender a comer de una forma variada, sana y sin restricciones. Gracias al descubrimiento de Finkelman, hemos entendido que la inmunoglobulina G (IgG) inducida por un alimento puede ser una simple señal de activación inmune hacia ese alimento. La IgG causada por alimentos pueden ser al mismo tiempo una expresión de tolerancia (reduciendo así las reacciones alérgicas) o todo lo contrario, un aumento de la respuesta alérgica.


La dirección que toma la reacción depende de los niveles de anticuerpos y de antígenos; por lo tanto ambos IgG deben ser juzgados por lo que son: una señal indicando que ha habido un contacto inmune previo con el alimento, además sirve como guía para la planificación del régimen dietético para restablecer el equilibrio hacia ese Grupo de alimentos o alimento, a través de una práctica similar a la fase de destete infantil, en la que se repite el proceso fisiológico de salud nutricional e inmunológica.


A lo largo del camino hacia la curación nutricional, ciertos remedios naturales pueden ser de ayuda para recuperar una relación fisológica con la comida y controlar la inflamación. Se pueden usar productos fitoterapéuticos como el Aceite de perilla, el aceite de grosella negra y la cúrcuma. También antioxidantes como el ácido lipoico (como canela con ácido alfa lipoico), reequilibradores intestinales como el calostro y productos probióticos, sin pasar por alto la fuerte acción de control de las enzimas alimentarias (Enzitasi). Cuando la digestión no es adecuada, los antígenos de los alimentos no se digieren y alcanzan niveles intestinales donde pueden ser la causa de la reacción y la inflamación; el uso de enzimas específicas pueden aliviar y resolver este tipo de problemas.

Una persona una dieta: la adecuada es individual y también basada en la inflamación

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Por muchos años dietistas y nutricionistas, médicos y no médicos, se han confrontado solamente con las calorías para indicar la respuesta a la comida de una persona, en términos de aumento de peso o de adelgazamiento.

Engordar o adelgazar, entendiendo el fin metabólico de las calorías introducidas en el organismo, no depende solo de estas o de la composición del plato.

La inflamación y el microbioma dominante son los factores que orientan en una dirección o en otra.

Un trabajo publicado en Cell en Noviembre de 2015 y los sucesivos trabajos derivados de este, más recientes, han establecido que los únicos enfoques nutricionales posibles que lleven hacia una dirección específica de la subida de la glucemia después de una carga de alimentos dependen de una dieta totalmente individual, que tiene que tener en cuenta también la inflamación y la diferente composición del microbioma intestinal (Zeevi D et al, Cell. 2015 Nov 19;163(5):1079-94. doi: 10.1016/j.cell.2015.11.001).

Se trata de una importante revolución porqué, en su trabajo, los investigadores israelitas han suministrado más de 45.000 comidas a un grupo de 800 personas estudiadas de forma analítica rigurosa y han encontrado una variabilidad muy elevada en la respuesta de la subida de la glucemia consecuente a comidas totalmente idénticas.

Por esta razón han sugerido que las recomendaciones dietéticas “universales” y “buenas para todos” tengan una escasa o al menos limitada utilidad y que el tipo de comida que hay que indicar para obtener un efecto específico sobre la glucemia debe ser decidido teniendo en cuenta también otros factores.

En pocas palabras los investigadores han documentado que la dieta de cada persona debe ser individualizada de forma precisa, teniendo en cuenta su inflamación y las cepas de bacterias presentes en el intestino.

Cuando estos factores han sido tomados en consideración, la respuesta glucemica en la introducción de la comida era previsible y estadísticamente repetible.

Desde siempre, en nuestra clínica, en las terapias que indicamos para el sobrepeso, empezamos buscando los valores de BAFF y de PAF y estudiamos con atención la respuesta intestinal.

Solamente hay que pensar en que una de las citoquinas inflamatorias que analizamos en cada persona, el BAFF, provoca resistencia a la insulina y que un particular microbioma intestinal favorece el adelgazamiento.

En el momento en el cual haya que enfrentarse a un enfoque dietético, la personalización no consiste en el hecho de que se prefieran las lentejas o las judías, o en el consumo de verduras cocidas o crudas.

El Perfil Alimentario individual define cuales alimentos haya que controlar para evitar la inflamación y gracias a esto se obtiene un efecto favorable sobre la resistencia a la insulina, ayudando una mejor regulación en la absorción de los azúcares.

Hay que moverse en este sentido. El camino hacia la individualidad es ya un dato científico adquirido que explica porqué las dietas no funcionan solamente controlando las calorías y que indica un camino que recorrer que ayude a definir los niveles de inflamación personal (a través de la medición de BAFF, PAF, PCR, IL 1, TNF-alfa entre otros) y que nos ayude a mirar al contenido del intestino con mayor confianza.

Para adelgazar, ocho horas diarias en las que comer. Cuando el tiempo vale más que las calorías.


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Un grupo de investigadores estadounidenses de la Universidad de Chicago ha decidido estudiar si los efectos del corto ayuno fueran aplicables también a sujetos obesos que no tuvieran intención de seguir limitaciones de algún tipo, publicando los resultados en la revista Nutrition and Healthy Aging.

Después de 3 meses en los que estas personas podían comer solamente durante las 8 horas (en su caso de 10 de la mañana a las 18h), incluso sin recibir ninguna indicación de control sobre la alimentación, ni en calidad ni en cantidad, se ha obtenido una reducción del peso de un 3% respecto a los sujetos que no seguían ninguna restricción, con el interesante efecto colateral de la reducción de la presión arterial en los que la tenían elevada (Gabel K et al, Nutr Healthy Aging. 2018 Jun 15;4(4):345-353. doi: 10.3233/NHA-170036).

Se trata de un estudio muy interesante porqué evidencia que incluso en condiciones nutricionales “pésimas” (permitir comer cualquier cosa en cantidad libre no es un buen criterio educativo), el metabolismo cambia igualmente en positivo.

Un estudio parecido se había hecho un año antes aproximadamente por un grupo de investigadores italianos, estadounidenses y brasileños, que publicaron en el Journal of Translational Medicine los resultados de la aplicación del mismo criterio temporal (8 horas en las que comer, de 12h a 20h) a un grupo de atletas de resistencia ya entrenados (Moro T et al, J Transl Med. 2016 Oct 13;14(1):290).

En su caso las indicaciones alimentarias eran muy precisas y “sanas” y las cantidades calóricas del grupo tratado y del de control correspondían. En solo 8 semanas los resultados obtenidos por el grupo que había restringido las horas de alimentación solamente a 8 a lo largo del día han tenido una bajada de la masa grasa evidente, manteniendo la masa muscular. Esto corresponde a un adelgazamiento real.

Los elementos innovadores de estos dos estudios son los del “timing” alimentario. Significa que las señales que recibe el organismo desde el momento que eliges comer actúan de forma diferente del contar calorías. Los mayores beneficios se obtienen integrando diferentes métodos de trabajo que van a mejorar la señal de adelgazamiento a través de decisiones estratégicas que cualquiera puede meter en acto.

En nuestro centro aplicamos desde hace años la técnica del “ayuno breve” que consiste, como su propio nombre indica, en la concentración de los espacios alimentarios entre el desayuno de la mañana y una comida/merienda que hacer entre las 13h y las 16h, dejando después 15-18 horas de tiempo en los que el organismo pase a través del descanso nocturno teniendo a disposición solamente agua y pudiendo volver a comer con abundancia la mañana sucesiva a la hora del desayuno.

De los datos científicos que explican estos efectos surge que esta práctica tiene una importante acción anti-inflamatoria que puede ser usada también para el tratamiento de formas inflamatorias crónicas (asma, tiroiditis, migrañas y mucho más).

Los resultados más relevantes se obtienen integrando

  • Evaluación del perfil alimentario personal
  • Control con dieta de rotación de los alimentos indicados por el Food Inflammation Test
  • Activación del ayuno breve en 2 o 3 noches a la semana
  • Control absoluto de la dulcificación
  • Mantenimiento de la actividad física adecuada
  • Control de la inflamación a través de dieta o suplementos alimenticios adecuados

El elemento más relevante que hay que considerar es que la investigación estadounidense es la primera que ha evaluado en personas con obesidad mórbida los efectos de este método. Las modalidades con las que se propuso pero es sin embargo equivocada.

Sugerir a una persona con obesidad mórbida que coma sin ninguna limitación cualquier tipo de comida representa un riesgo real. Además, la bajada de peso de estas personas ha sido tanto de masa grasa como de masa muscular contemporáneamente mientras el real adelgazamiento surgió en el segundo estudio, donde atetas que seguían practicando deporte y comían de forma controlada han visto bajar la masa grasa en beneficio de la masa muscular.

Las reglas del nutrirse bien van siempre mantenidas para permitir a la acción del ayuno breve de evidenciarse de forma eficaz y sencilla.

 

 

Conocer tu perfil alimentario para acabar con la inflamación

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Conocer el perfil alimentario de cada persona da la posibilidad de retomar la justa variedad alimentaria, de controlar la mayor parte de los procesos inflamatorios del organismo y de estimular un recorrido activo hacia la curación de muchas enfermedades.

La investigación científica de los últimos años han puesto en discusión conceptos a estas alturas obsoletos como aquellos conectados con las llamadas “intolerancias alimentarias” y han permitido supera la visión de “alimentos enemigos” que a menudo ha acompañado diagnosis de este tipo.

Ha habido investigaciones que han identificado el rol del BAFF (y sucesivamente del PAF) como mediadores de las reacciones alimentarias y otras que han definido mejor el rol de señal de las inmunoglobulinas G, ósea anticuerpos de clase G en relación a los alimentos.

Estos, que por muchos años han sido equivocadamente considerados anticuerpos “contra” los alimentos, gracias a los estudios de Ligaarden y Ferrazzi y de muchos otros investigadores, se han identificado como simples señales que indican un consumo repetitivo de los alimentos por parte del organismo.

Una persona que coma muchos lácteos o que diariamente introduzca pequeñas cantidades, sin nunca dejar espacio al descanso del organismo, desarrollará después de un periodo unos anticuerpos IgG para la leche o para algún producto relacionado, señalando entonces una posible sobrecarga temporal en el consumo de ese alimento.

Incluso en enfermedades idénticas, como se ha visto en el caso de colitis y del morbo de Crohn, en las zonas centro europeas las reacciones más frecuentes están relacionadas con leche, gluten y levaduras, mientras que en China las reacciones alimentarias están más conectadas con arroz, soja y maíz.

No existe entonces un alimento malo en sí, si no que el hecho de consumirlo de forma equivocada, puede determinar su rol de activador de molestias o enfermedades. Es suficiente pensar en la relación que a menudo existe entre gluten y el Síndrome del Colon irritable, entre levaduras y enfermedades autoinmunes, entre leche y levaduras y Artritis reumatoide, entre inflamación alimentaria y obesidad.

En Septiembre 2015 un trabajo publicado en el Journal of American College of Nutrition ha descrito un enfoque innovador que se utiliza en los análisis de citoquinas inflamatorias como BAFF y PAFA, conectándolas al perfil alimentario individual que se evidencia en las evaluaciones de las IgG hacia los alimentos (Speciani AF, Piuri G. J Am Coll Nutr. 2015;34 Suppl 1:34-8. doi: 10.1080/07315724.2015.1080109).

Por fin gracias a la interpretación de las IgG como simples anticuerpos que indican el nivel de ingesta de un grupo de alimentos en la dieta individual, la impostación dietética que deriva de los test que efectúan este tipo de análisis (como Biomarkers), permite la reintroducción, incluso de los alimentos consumidos en exceso, desde el principio, siempre y cuando se deje un tiempo correcto entre una toma y otra, para permitir al organismo una pausa inmunológica adecuada.

Se trata de un proyecto de bienestar que evita el delirio causado de la absurda percepción de la comida como enemiga.

Sabemos que entre los alimentos de la tradición alimentaria “no existe una comida mala” (con la excepción de aquella producida de malo modo o que contenga sustancias toxicas o dañinas). Se trata de un “lema” que nace de la experiencia de trabajo de más de 35 años en este campo y de los datos científicos que las investigaciones más recientes siguen proporcionando.

Hay quien todavía intenta desacreditar cualquier investigación sobre alimentos o alimentación (Ioannidis JP. BMJ. 2013 Nov 14;347:f6698. doi: 10.1136/bmj.f6698), criticando los trabajos observacionales de todo tipo y cualquier esquema dietético que intente proporcionar respuestas validas para todos.

Nosotros desde hace años usamos métodos de nutrición que se basan en los análisis individuales para individuar las necesidades personales con el fin de alcanzar la salud.

La dieta correcta es aquella que lleva el nombre de quien la sigue, no de quien la prescribe.

La lectura de los niveles de IgG, como señales alimentares, corresponde a una visión evolutiva, como explica Finkelman en algunos de sus trabajos ya a partir del 2007.

Usar el perfil alimentario individual de este modo conduce cualquier persona hacia el bienestar y hacia el control de muchas de las reacciones inflamatorias.

Se trata de una práctica clínica que lleva a una relación correcta con la comida.

Cuando una persona se alimenta de la forma más adecuada a sus necesidades personales, teniendo como base los datos proporcionados directamente desde el interior y no en relación a ideas exteriores preconcebidas o arbitrarias, se hace posible controlar de modo sencillo el aspecto inflamatorio presente y ayudar cada individuo a reconquistar y mantener el propio bienestar.

Una investigación italiana confirma que BAFF es la base de muchas enfermedades autoinmunes

Il-BAFF-alla-base-di-molte-malattie-autoimmuni-importanti-conferme-da-una-ricerca-italiana_articleimageUna relación directa entre los niveles de BAFF (citoquina inflamatoria que se desarrolla por varias razone, incluida una alimentación incorrecta) y la inducción y mantenimiento de algunas enfermedades autoinmunes ya ha sido planteado en un pasado reciente.

La tiroiditis de Hashimoto, por ejemplo, es una de las enfermedades en las que BAFF puede ser la causa directa, ya que induce y mantiene la tiroiditis además de modular su intensidad.

Muchas investigaciones experimentales ya han sugerido esta relación sobre modelos animales, pero el 27 de abril de 2017 se publicó en New England Journal of Medicine (quizás la revista médica más prestigiosa del mundo) una investigación realizada sobre seres humanos confirmando de manera precisa este hecho, abriendo camino a nuevas perspectivas de diagnóstico y terapia (Steri M. et al, N Engl J Med. 2017 Apr 27;376(17):1615-1626. doi: 10.1056/NEJMoa1610528).

Se trata de una trabajo científico internacional, coordinado por la Universidad de Sassari, que por fin ha logrado converger la evidencia científica y la funcional de un modo preciso, definiendo también la forma en la que ciertos tipos de mutaciones de ADN pueden expresarse a nivel clínico.

Se realizaron análisis genéticos en la población de Cerdeña (donde estas enfermedades son muy frecuentes) para entender qué alteraciones cromosómicas podrían facilitar el desarrollo de enfermedades autoinmunes y una comparación con poblaciones británica, sueca y española.

Además, se analizaron las citoquinas inflamatorias, que son el efecto de estas variaciones genéticas y que luego se convierten en el instrumento para inducir enfermedades en el organismo; BAFF (del inglés “B Cell Activating Factor“) se ha convertido en el elemento más implicado en este proceso.

Los efectos clínicos de una variante genética han sido comprobados a nivel poblacional, celular y molecular en un estudio de gran significado científico, confirmando la importancia del análisis de esta proteína en la patología humana.

Dado que BAFF (factor que estimula las células B a producir anticuerpos) es la sustancia que es contrarrestada por Belimumab, un anticuerpo monoclonal usado para el tratamiento del Lupus (LES), se intentó comprender la importancia de estas sustancias en otras enfermedades autoinmunes como la Esclerosis Múltiple (EM), tratando de averiguar si existe una genética específica para el desarrollo de estas enfermedades.

El resultado fue positivo, fue definida una variante genética que puede explicar el desarrollo de estas dos enfermedades autoinmunes (LES y EM), así como muchas otras.

Muchos medios de comunicación han informado sobre esta importante noticia destacando el aspecto genético, como si se hubiera encontrado un “culpable” de estas enfermedades cromosómicas, pero el aspecto más interesante es la dependencia no completa del aumento de BAFF de la variante genética. De hecho, los autores explican que la presencia del gen “alterado” solo puede explicar un porcentaje de incremento del BAFF que va del 24 al 27% de su nivel.

Cuando en el organismo hay niveles de regulación tan precisos, quiere decir que esa regulación es vital para el cuerpo.

Si un estudio de esta magnitud muestra una definición tan precisa de la regulación genética de BAFF, significa que es un mecanismo regulador básico y que sus variaciones son de extrema importancia para la salud del ser humano. Similar a lo que sucede con el pH (acidez o alcalinidad) del organismo, que tiene que permanecer en ciertos valores y que con pequeñas variaciones puede causar graves problemas.

La investigación comparó datos suecos, británicos y españoles con datos de la Región de Cerdeña, que “está a la cabeza” en la prevalencia de ciertas enfermedades autoinmunes. Gracias a la Universita di Sassari que contribuyó en gran medida a la realización de este trabajo.

Confirmación de puntos importantes:

  • BAFF está vinculado a enfermedades autoinmunes
  • La presencia de una variante genética particular puede afectar a la evolución de la enfermedad
  • La misma variante genética puede alterar la respuesta a la terapia
  • El aumento de BAFF también es debido a otros factores ambientales
  • Muchas personas con un nivel elevado de BAFF 10-12 años antes de la realización del estudio han terminado desarrollando enfermedades autoinmunes

Son indicaciones de gran interés en la práctica médica actual y futura que encajan perfectamente en las aplicaciones clínicas y protocolos terapéuticos que realizamos, que van desde la artritis reumatoide hasta los conectores indiferenciados pasando por la tiroiditis autoinmune.

Gracias a nuestra investigación sabemos que BAFF aumenta en el organismo en respuesta al estímulo de alimentos repetidos y que los Toll Like Receptors (TLR) que reconocen sustancias extrañas (bacterias, virus, alimentos) son capaces de facilitar la producción de BAFF en respuesta al contacto con los alimentos.

La investigación de Kang publicada en el Journal of Immunology en 2016 lo confirmaba.

En la práctica:

  • Tenemos la confirmación de que BAFF, al igual que otras citoquinas inflamatorias (PAF, TNF-alfa, IL6) pueden ser los indicadores (biomarcadores) de enfermedades específicas
  • El conocimiento del Perfil Alimentario individual y los niveles de inflamación relacionados con los alimentos pueden interferir eficazmente en la modificación de las citoquinas inflamatorias.
  • El aumento de BAFF se debe en parte al componente genético (del 24 al 27%) y en otros casos está relacionado con la interferencia del mundo exterior (como la alimentación).
  • El control alimentario de BAFF puede ayudar incluso a las personas con una variante genética predispuesta a reducir sus efectos (como para la celiaquía).
  • Cambios personalizados en la alimentación y la integración de sustancias específicas (Perilla, Acetilcisteina, Quercetina, Inositol…) pueden ayudar a encontrar el equilibrio correcto y a modular no solo las enfermedades autoinmunes ya existentes, sino a prevenirlas de forma eficaz.

La posibilidad de modificar los niveles de BAFF con una alimentación personalizada, a través de los niveles inflamatorios y la valoración de las IgG alimentarias, es una de las opciones más fuertes para abordar el problema de la autoinmunidad de una manera constructiva y efectiva.