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¿Pan integral o pan blanco? No hay reglas, depende de la inflamación y de la microbiota

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A principios del año 2016 un grupo de investigadores israelíes publicaron en la revista Cell un estudio sobre la necesidad de una dieta personalizada para poder predecir el impacto metabólico de cualquier comida en una persona.

Los resultados demostraron que el efecto de un alimento sobre el organismo no depende del alimento en sí, es decir, si es bueno o malo, sino del tipo de reacción inflamatoria presente en el cuerpo y de la prevalencia de bacterias intestinales de esa persona.

En estas páginas se ha discutido otras veces la necesidad de las opciones personalizadas para que una dieta sea eficaz. Es necesario identificar los niveles de inflamación de una persona y optimizar la composición del plato, además de evaluar la composición dominante de las bacterias intestinales. De esta manera la elección nutricional será personalizada y eficaz.

En poco más de un año, en junio de 2017, el mismo grupo de investigación publicó en Cell Metabolism los resultados de otro estudio. Evaluaba la respuesta al pan blanco o pan integral en un grupo de personas, confirmando exactamente lo que se ha dicho anteriormente sobre la individualidad de la respuesta a los alimentos (Korem T et al, Cell Metab. 2017 Jun 6;25(6):1243-1253.e5. doi: 10.1016/j.cmet.2017.05.002).

En el estudio, los investigadores israelíes consideraron (algunas valoraciones muy breves, una semana de uso) que las diferencias metabólicas que podrían ser reconocidas no dependían del pan de harina refinado o del pan integral utilizado en el experimento, sino de las características individuales de la persona que lo comía.

La individualidad de la respuesta es la base científica sobre la que se basa esta investigación, aunque haya sido publicada en algunos medios de comunicación  (artículo de la Reppublica, periódico italiano) que planteaban que la base fueran las diferencias entre el pan integral y el pan blanco, mostrando el posible “renacimiento” del pan blanco a base de harina refinada.

El tema científico va más allá de este interés comercial. Basta con considerar la opción de una reactividad a aceites cocinados, a la harina integral, al tipo de fermentación u otras sustancias presentes en uno de los panes y no en el otro. Son condiciones que pueden interferir con el metabolismo aumentando el nivel de inflamación relacionada con los alimento.

La superioridad de la harina de trigo integral, con sus beneficios en términos de reducción de la mortalidad por todas las causas, ha sido ampliamente documentada desde todos los puntos de vista, pero en nuestra práctica, a través de protocolos terapéuticos específicos, siempre encontramos una elección nutricional personalizada que reduce el aspecto inflamatorio inducido por la dieta.

Medir los valores de las citoquinas inflamatorias e identificar las mejores cepas bacterianas utilizadas para reequilibrar la microbiota intestinal, junto con un equilibrio de los grupos de alimentos presentes en el plato, son parte, como indica Harvard Medical School, de los procedimientos que optimizan el aspecto nutricional, reduciendo los síntomas presentes (como colon irritable, meteorismo, dolores abdominales) y activando adecuadamente el metabolismo.

Desde hace años se sabe que reducir sustancias como BAFF y PAF pueden mejorar la sensibilidad insulínica. Controlar la resistencia a la insulina, estudiar la composición de cada comida, mejorar la microbiota intestinal y reducir la inflamación, son las herramientas más importantes ya que el metabolismo se encuentra en el estado de activación para mejorar la salud en general.

Merece la pena recordar que la mayor parte de patologías relacionadas con el “progreso”, es decir, las enfermedades inflamatorias crónicas degenerativas más extendidas, están estrechamente correlacionadas con un aumento de la resistencia a la insulina.

Alzheimer, cáncer, diabetes, obesidad, hipertensión y todas las enfermedades autoinmunes también están relacionadas con este tipo de problema. Encontrar y establecer un esquema dietético que le permita superar este impacto, se convierte en una herramienta para la salud y el bienestar.

Esta investigación sigue documentando la necesidad de una dieta personalizada, elemento cardinal del estudio. Volver a evaluar el plan blanco es una manera de recordar de que el problema no es el alimento en sí, si no depende de las condiciones individuales, como la inflamación y la microbiota.

Tenemos frente a nosotros un futuro hecho de individualizaciones en la dieta para poder llegar a una medicina de precisión, además de una prevención y terapia totalmente personalizada. Seguimos avanzando hacia un camino en el que la identificación de biomarcadores ayuden y faciliten la posibilidad de elecciones personalizadas, y sea cada vez más evolutiva y científica.